libros

Domingo, 4 de junio de 2006

GUILLERMO SACCOMANNO: EL PIBE

En este barrio

Sin anclajes sentimentales pero suavizado por la pátina de la nostalgia, Guillermo Saccomanno retoma los relatos breves publicados mensualmente en Página/30 y vuelve al barrio para reafirmar una estética.

 Por Gabriel D. Lerman

El pibe
Guillermo Saccomanno

Planeta
155 páginas

Cuando el Saccomanno guionista de historietas tomaba las decisiones del caso y ponía proa hacia la literatura pura y dura, la referencia inmediata, aquello a lo cual asir una prefiguración o una huella del horizonte futuro es un libro editado en 1986 por Ada Korn, cuyo título salía directamente de un párrafo de Oscar Maso- tta: “Para defenderme de la gratuidad del acto de escribir había que escribir sobre temas que lo pusieran a uno en situación de peligro, que lo descolocaran ante los demás”. Situación de peligro era aquel texto y, aunque desconocemos si para Saccomanno fue un programa literario íntimo, personal, sí sabemos que esa novela era un modelo, un tono inspirador para todo porteño aspirante a escritor, donde se narraba de un modo en que resonaban la infancia y la adolescencia en un barrio. La figura de ese padre socialista, su terquedad viscosa y frustrante refractaban un espacio raro donde uno se sentía acompañado, reconocible.

Era un estilo revulsivo para la literatura: algo que, causando alarma o padecimiento, es saludable por la reacción que produce. Tal vez sea un gesto tomado del rock, pero lo cierto es que mientras uno lee lo fascinan demasiadas cosas que, al escribir, se desvanecen y se desatan todas las preguntas juntas y a la vez. Qué tengo que ver con la literatura española del Siglo de Oro, qué tengo que ver incluso con el realismo mágico si he nacido en avenida Directorio y Riglos, y estuve allí toda la vida. El riesgo, el borde inverso de ese planteo legítimo, sanamente contestatario y resentido contra “la” cultura, es el encapsulamiento. Presionar desde el regionalismo, el color local, la patria chica (el barrio para un porteño) puede ser una expresión barata fundada en esa horrible y endiablada canción de Memphis la Blusera cuyo estribillo sostiene: “Volvé al barrio, en el cinco, volvé al barrio, que es más lindo”.

Guillermo Saccomanno, entonces, se encaminaba hacia la literatura dejando la historieta y Situación de peligro quedaba por allí, sin que supiéramos hacia dónde iba el narrador. Veinte años después se publica su nueva novela, su título es El pibe, y transcurre también en Mataderos, en los años ’50. Si aquella era áspera, cruda, y lograba un efecto antiliterario, de feliz rechazo, ésta es su novelización, su reescritura orgánica, su edición de tapa dura. En verdad, es la situación de peligro convertida en situación de nostalgia, lo cual redunda en un desplazamiento: del frío que corta el hueso pasamos a la tibieza melancólica. Lo que ha sucedido en el medio, además de veinte años, son dos libros en particular: El buen dolor y La lengua del malón. En el primero, Saccomanno “volvía” a Mataderos y al núcleo familiar: el padre, la abuela, la madre, la hermana, pero matizaba con un condimento cool: Villa Gesell, un Pontiac, road movie criolla. Con La lengua del malón, Saccomanno se probó en la novela de largo aliento, inventó al profesor Gómez y salió airoso queriendo situar una narrativa contemporánea entre el bombardeo, la fusiladora y la tienda Harrod’s, que escapara tanto de la acritud gorila como del intelectualismo consolatorio. El pibe viene a ser Situación de peligro después de La Lengua del malón y Saccomanno cambia aquí rusticidad por literatura.

Sin embargo, hay algo intocado y consecuente en su mundo: una geografía y unos habitantes. Saccomanno reitera un gesto infrecuente que lo convierte en custodio confiable de una estética. Restablece en su literatura arquetipos y términos sociales que hace tiempo parecían evaporados de las letras locales. Habla de clase social, recorta una zona de un modo donde el territorio no es fácilmente atravesable por navegaciones globales ni derivas ligeras. Rebusca en la novela social, la emprende nuevamente en regiones extraviadas donde resuenan Viñas, Verbitsky, Kordon. Como se ha visto a partir de La lengua del malón, la recreación de lo social que pretende Saccomanno no se lleva puesta formalizaciones posteriores, y es el minimalismo su dique frente al borbotón panfletario. ¿Cómo leer si no, desde el presente, esta frase?: “Cruzando Directorio hacia el norte, empieza el empedrado, a diferencia de nuestras calles, que son de tierra y tienen zanjas. De aquel lado, se es más de clase media que acá, apenas una cuadra más al sur, donde el hedor del ganado, la pestilencia de las curtiembres y el agua estancada de las zanjas enrarecen el aire, que todavía es campo. Acá, la clase media decae en un proletariado peronista con ínfulas de pequeña burguesía”.

En Saccomanno hay un saber acumulado y defendido, un lugar de enunciación que revela homenajes gratos y deudas saldadas: la búsqueda de un espacio antes que el nuevo siglo se lo devore todo y creamos que da lo mismo haber nacido aquí que en otra parte.

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