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Domingo, 4 de junio de 2006

NEGRI/COCCO: GLOBAL

Unidos o globalizados

Poca novedad trae la mirada de Toni Negri sobre la marcha de los acontecimientos en América latina.

 Por Norberto Cambiasso

GlobAL
Biopoder y luchas en una América latina globalizada
Antonio Negri-Giuseppe Cocco
Paidós
248 páginas

Nada hay de nuevo en el nuevo libro de Negri. El italiano, ayudado esta vez por un colega radicado en Río de Janeiro, repite aquí hasta el cansancio su profesión de fe obrerista.

Será por eso que escribe sobre el presente latinoamericano como si se tratase de los autonomistas italianos del ’77. Sólo así se explica que il professore lamente el reclamo piquetero de trabajo, como si el rechazo del trabajo asalariado fuese una opción en la Argentina del desempleo y de la flexibilización laboral a ultranza. O su apología de las migraciones –de los mexicanos a Estados Unidos, la huida de los esclavos en el Brasil de antaño– como resistencia al capitalismo, sin comprender que en nuestra región el éxodo nunca es libremente elegido sino forzado por las circunstancias políticas o económicas.

A cualquiera que haya hojeado las últimas obras del autor de Imperio le resultará previsible que el desarrollismo sea la gran bestia negra de GlobAL. Para Negri, la reafirmación de la soberanía nacional como condición necesaria del desarrollo, la reducción de este último al crecimiento económico y la atribución de las dificultades de los países periféricos al imperialismo –que persistiría incluso en el mundo globalizado– son ilusiones sin fundamento. En su declarada voluntad polémica, el texto construye un formidable linaje de enemigos que abarca desde los teóricos de la Cepal, la izquierda tercermundista, la teoría de la dependencia, hasta el nacional-desarrollismo que, según los autores, caracterizó a las experiencias autoritarias de la década del 70 en Brasil, Argentina y México.

No es éste lugar para discutir las inexactitudes de su análisis del desarrollismo. Sí parecen pertinentes un par de observaciones finales. La primera se relaciona con el pretendido radicalismo de Negri. En un gesto digno del maoísmo más dogmático, presupone un vasto campo de transformaciones posibles para América latina: puesto que aquí carecemos de la contención que en Europa brindaba el Estado de bienestar, se profundizaría la crisis de la relación salarial. No obstante, no encontraremos respuesta ante el interrogante lógico de por qué dicha crisis nos conduciría al paraíso en lugar de sumirnos en la desesperación. Ese voluntarismo del “estamos mal pero vamos bien” se vuelve anacronismo liso y llano cuando los autores entonan sus alabanzas a la rebelión de diciembre del 2001 en nuestro país, como si los que participaron en ella formaran un movimiento social único y no un conglomerado contradictorio de intereses y necesidades diversas, tal cual demostró la evolución posterior de los acontecimientos.

Esta fascinación pueril por el sucederse cotidiano de las protestas recuerda a esos extranjeros entusiastas que creen estar participando de la revolución cuando los llevan a una marcha de piqueteros.

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