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Domingo, 1 de octubre de 2006

SUSAN HILL > LAS DISTINTAS GUARIDAS DE LOS HOMBRES

La ley, el orden y el caos

Un policial de tradición inglesa donde se trata de restablecer la normalidad por horror al caos

 Por Verónica Bondorevsky

Las distintas guaridas de los hombres
Susan Hill
Edhasa
576 páginas

En la contratapa de Las distintas guaridas de los hombres, de Susan Hill, se adelanta que éste es el “primer título de una fascinante trilogía de novelas dedicadas al inspector Simon Serrailler”.

Sin embargo, la protagonista casi absoluta de esta novela policial es la joven Freya Graffham, quien ha comenzado una nueva etapa en su vida privada –ya que recientemente se ha divorciado– al mismo tiempo que, en el plano laboral, tiene a su cargo la desafiante tarea de ir tras los pasos de un asesino serial. Freya es una joven detective de la policía que acaba de arribar a Lafferton proveniente de Londres. Debido a su traslado, conocerá a su nuevo jefe, Simon Serrailler, y se enfrentará a su primer caso en esta pequeña localidad: descubrir y atrapar a un asesino serial que viene acechando la tradicional tranquilidad de este sitio apartado.

La novela va componiendo un contrapunto entre las nuevas actividades y vivencias de la protagonista –conocer gente, involucrarse en actividades inéditas y enamorarse de Simon, su joven, gentil y apuesto jefe– y su trabajo como detective: sumergirse en la vida del homicida y de las víctimas a partir de los pocos indicios y los distintos testimonios de las personas más próximas a las personas asesinadas.

Y para acentuar aún más la inmoralidad del accionar del asesino –aquel que está claramente fuera de la ley–, y a lo cual se enfrenta la detective, las víctimas conducen a Freya, una y otra vez, al mundo de las terapias alternativas; es decir, al del ejercicio clínico que permite una cura fuera de la ley hipocrática, la ley científica.

De esta manera, el bien y el mal, aquello que está dentro y fuera de la norma, se presentan en forma simultánea y se construyen fundamentalmente a partir de la racionalidad de la policía frente a la irracionalidad del asesino serial. Esas fuerzas opuestas que colisionan creando atmósferas opresivas y tenebrosas son una marca del estilo de esta escritora: en muchas de sus novelas, Hill ha construido climas inquietantes en donde el orden y el caos conviven en una misma situación o personaje (antagonismo característico en la literatura inglesa y en especial en sus historias detectivescas).

En Las distintas guaridas de los hombres, la historia del crimen y la de la investigación se desarrollan en forma paralela. Pero la reconstrucción de los móviles del asesino y los motivos de los asesinatos no terminan de ser comprensibles. El acento está puesto en el efecto (las muertes) y no en la causa (cómo y por qué fueron cometidas).

El género policial busca siempre el asombro del lector. En este libro, sin embargo, el sospechoso es muy previsible –lo que no necesariamente es un defecto, ya que la explicación de sus razones podría haber sido la que singularice y haga sagaz la historia–.

De todas formas, más allá de esta falta de misterio en relación con el culpable, hay que reconocer que la novela tiene en el final una vuelta de tuerca en lo que respecta a la detective Freya. Y aquí sí el giro logra desconcertar y sorprender al lector. Está en cada uno leer y descubrir de qué se trata, ya que no será éste el lugar en el que se devele ese golpe de efecto.

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