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Domingo, 1 de octubre de 2006

SIMONE WEIL > SOBRE LA CIENCIA

La condición científica

En uno de sus libros menos difundidos, Simone Weil se planteó si la ciencia traería libertad o más sometimiento a la condición humana.

 Por Sergio Di Nucci

Sobre la ciencia
Simone Weil
El cuenco de plata
250 páginas.

Era francesa, de familia judía. Fue primero agnóstica, filo-marxista aunque antisoviética, y después religiosa y mística. Escribió uno de los libros más desgarradores, y mejor escritos, sobre la vida de los obreros en una fábrica. Que había sido la suya, porque, como se diría después, se proletarizó, y trabajó en las usinas Renault. La condición obrera es un libro sin romanticismo ni idealizaciones, de una astringencia sólo comparable a la que usó George Orwell en sus investigaciones sobre la vida de los mineros y de los sin techo. Simone Weil continúa hoy sorprendiendo por su obra, pero a muchos les inquieta más, mucho más su vida. Militante sin desfallecimientos por los trabajadores industriales y campesinos, lo fue también por los derechos humanos cuando éstos no se habían convertido aún en un imperativo moral. Es famosa la anécdota –que la desnaturaliza– según la cual rechaza comer queso crema porque los niños en Indochina se mueren de hambre. La prensa internacional la hacía republicana en la Guerra Civil Española, clandestina en la Resistencia francesa, apóstata de la tradición hebraica y conversa a la helénica, como lo será después al gnosticismo. Dice hablar con Dios, sufre terribles migrañas, juega al rugby con las mujeres. Sus libros, vastos, estrictos o indisciplinados, proliferantes, no resultan incongruentes con sus actividades. Volúmenes como La gravedad y la gracia, Raíces del existir, Esperando a Dios persisten en su capacidad de estimular o siguen siendo instrumentalmente muy eficaces y, por eso, necesarios, a pesar del uso de términos que hoy no están de moda, o por eso mismo. En uno de sus peores ensayos, Susan Sontag lamenta, para luego celebrar en Weil, que el prestigio de ciertos intelectuales descanse en su propio sufrimiento.

Sobre la ciencia es otro de los libros que demuestran la singularidad de Weil en unir solidez filosófica y atención aguda por las consecuencias políticas de la filosofía y las ideas en general. Fue escrito entre los años 1929 y 1930, y allí la autora emprende un recorrido histórico y ensayístico que va desde Tales de Mileto hasta las modernas teorías atómicas. Encuentra que el descubrimiento de la geometría promovió un salto cualitativo en las civilizaciones. Se hace visible su veta teológica cuando festeja que el propósito de las ciencias y las matemáticas haya sido desde un comienzo, como quiso la civilización griega, el de conocer y amar lo que trasciende al plano de la realidad inmediata. Precisamente este principio universalista aproxima a Weil a las ideas y convicciones de los mayores pensadores de Occidente. Algunos libros recientes sobre Weil dan cuenta de su vida de mártir antes que de su obra. La primera en quejarse de esta situación sería desde luego Weil, siempre indiferente al

biografismo.

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