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Domingo, 14 de agosto de 2011

Cazadores americanos

Homenajes > Del taller de poesía Mario Jorge de Lellis a una revista que encontró en Haroldo Conti la cifra de su poética y de su compromiso, se forjó la historia de Los poetas de Mascaró, la obra interpretada por un elenco encabezado por Patricio Contreras y Leonor Manso.

 Por Sergio Kisielewsky

Recuerdo cuando lo vi parado en 1974 al poeta Luis Eduardo Alonso frente a la puerta de la Galería Meridiana sobre la calle Rodríguez Peña casi avenida Córdoba, y después lo escuché recitando con su voz cavernosa los Epigramas a Claudia de Ernesto Cardenal y los textos sobre los últimos días de Somoza en Nicaragua. O a Leonor García Hernando diciéndome: “escribí más” y a Juano Villafañe encontrando en César Vallejo cosas que a mis 16 años no entendía pero sonaban como un misterio de palabras exóticas. Después vinieron las reuniones en el Teatro IFT, donde más de cien jóvenes hablábamos sobre los poemas de Paul Eluard, Gelman o Raúl González Tuñón. Podíamos estar horas en una tarde de sábado desentrañando el sentido de “Esa mujer se parecía a la palabra nunca” o de “Venga Blanca Luz y me ame”. O las primeras nociones de crítica literaria a cargo de Pedro Donángelo, que pasó por la carrera de Letras de la UBA. Eso y algo más era el Taller Literario Mario Jorge De Lellis. Nos entrelazábamos con las palabras y los debates. Después vinieron las parejas, los casorios, las guitarreadas donde Juano cantaba a Zitarrosa y a Paco Ibáñez. Después nos íbamos a una galería de arte en Córdoba y Maipú donde escuchábamos a Edith Piaf, sentíamos que el gorrión de París era una compañera más del taller. Nos encontrábamos para corregir poemas y para que cada uno en lo posible encuentre su propia voz. Después todo eran lecturas de grandes autores, caminar Corrientes para hallar algún tesoro.

El taller fue una forma de ver la vida, de vivir en estado de poesía, de buscar las metáforas como un espejo de lo que experimentábamos o imaginábamos. Era un lugar con muchos participantes que lograba una intimidad acogedora. Nunca volví a sentir algo semejante, una prueba de comunión, de cercanía de juego con vasos comunicados uno con el otro que empezaron a quebrarse cuando en 1977 la dictadura se llevó a tres integrantes del taller, Claudio Ostrej, María Elena San Martín y Claudio Valetti, y ya no pudimos sostener el trabajo grupal.

Años después, ya recuperada la democracia política, nos reunimos en torno de la revista literaria Mascaró en homenaje al gran Haroldo Conti y su estética de caminante. Recuerdo el artículo brillante de Laura Klein sobre la producción poética durante la dictadura y la polémica constructiva que se armó entre los escritores. También publicamos “El rastro de tu sangre en la nieve”, un cuento inédito en ese entonces de Gabriel García Márquez. Después editamos los poemas de Juan Gelman, Jorge Boccanera, Jorge Tellier, Antonio Cisneros y relatos de Alan Sillitoe y Lilian Neuman, entre otros. Junto a los narradores Susana Silvestre y Ricardo Mariño y el artista plástico Alvaro Jiménez pusimos en tapas marrones y letras de molde la avidez de esos años por la cultura.

Allí estaban también Leonor, Luis y Juano y quien esto escribe. Pero la semilla del proyecto Mascaró fue aquella tarde de 1974 cuando escuché que “la belleza ocupaba todo nuestro corazón” (García Hernando, 1955-2001) o que “ella era esbelta más próxima al amor que a los objetos” (Juano Villafañe) y, refiriéndose al encuentro en Guayaquil entre Bolívar y San Martín, Luis Eduardo Alonso (1951-2002) escribió: “El otro creía que el grande era el otro”.

En realidad ellos eran los grandes. Alonso también me enseñó física en mi quinto año bachiller, y Juano desde Mérida me enviaba cartas rociadas con vino que vamos a compartir mañana con nuestros actores maravillosos que llevan adelante Los poetas de Mascaró. Dicen nuestros textos, traen de nuevo como una melodía lejana e inolvidable esa atmósfera que podemos escuchar con los ojos entrecerrados viendo aquellas melenas pasar, escuchando durante la obra alguna canción de Charly García. El día del estreno por suerte estaba mi hija Laura, que a los 22 años abrazó a Leonor Manso una y otra vez. Laura escribe. Y Leonor es el poema.

Los poetas de Mascaró es interpretada por Leonor Manso, Ingrid Pelicori, Patricio Contreras. Elena Tasisto, Alejandro Awada y Claudia Tomás, con la musicalización de Benito Grande y canto de Claudia Tomás. Todos los sábados a las 18 en el Centro Cultural de la Cooperación, avenida Corrientes 1543.

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