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Domingo, 6 de noviembre de 2011

La gracia del mar

Carsten Jensen, uno de los nuevos autores más rutilantes de la literatura nórdica, reconstruye de manera épica el origen de un pueblo y de sus hombres, los marineros, en una novela que funda un imaginario para un territorio literariamente poco conocido: la Dinamarca moderna.

 Por Juan Pablo Bertazza

Existe un antiguo refrán inglés que, con el objetivo de relativizar desgracias y malas noticias, reza contundente pero algo absurdo: “peores cosas suceden en el mar”. En la literatura el mar es también un escenario perfecto no sólo de cosas peores sino también de grandes aventuras. En ese sentido, Nosotros, los ahogados es de esos libros cuya existencia pende de un hilo. Libros que no tienen pares, no tienen competidores, casi no tienen comparación. Y no sólo por sus setecientas páginas, y un proceso de escritura que duró cinco años a lo largo de los cuales su autor se sumergió en archivos hemerográficos, libros amarillentos y sobre todo en los archivos del Museo Naval de Marstal. Claro, la primera semejanza que salta a la vista tiene que ver con Moby Dick de Melville, pero a su vez sería injusto endilgarle a esta obra un mero ejercicio de anacronismo o imitación con respecto a las épicas literarias de otras épocas.

Por su condición natural de hijo del capitán de un buque de carga, Carsten Jensen es quizás el único autor que podía escribir esta obra, un autor que logró su primer éxito internacional con libros de viajes –Yo he visto empezar el mundo y He oído una estrella fugaz, el cual obtuvo además el premio Golden Laurels–. Nosotros, los ahogados (2006) obtuvo el premio más importante de las letras danesas, el Dankse Banks Litteraturpris, galardón equivalente al Booker Man Prize y al Goncourt francés que lo volvió uno de los autores más destacados de su país. Además de que la novela fue elegida por los lectores como la mejor novela danesa de los últimos veinticinco años, algo que encima se vio acompañado por el éxito comercial ya que la novela vendió alrededor de 150.000 ejemplares sólo en Dinamarca.

Nosotros, los ahogados. Carsten Jensen Salamandra 698 páginas

Encontrar un autor de esos lares reviste una satisfacción similar a la de aquellos numismáticos o filatelistas que empiezan a dar forma a su colección con una moneda de Camboya o una estampilla de Filipinas. De la literatura danesa conocemos poco más que la obra de Hans Christian Andersen y la baronesa Karen Blixen (mejor conocida como Isak Dinesen), autora de Memorias de Africa y La fiesta de Babette, cuyos cuentos completos, dicho sea de paso, acaban de salir publicados por Alfaguara.

Nosotros, los ahogados es un obra épica y marítima acerca del nacimiento de la Dinamarca moderna y específicamente de Marstal, la ciudad natal del autor, a partir de innumerables historias y guerras y aventuras de varias generaciones de marineros daneses, sucedidas entre los años 1848 y 1945, con distintos combates que tienen lugar desde Terranova hasta Samoa, desde Tasmania a Rusia. Así como el poeta galés Dylan Thomas pintó su aldea (y el mundo) a partir de las descripciones de Swansea en Retrato del artista cachorro, y Joyce hizo lo propio con la ciudad de Dublín, Jensen da vuelta literalmente a esta ciudad que al día de hoy sigue teniendo entre sus habitantes una considerable cantidad de marineros, además de tener una importante industria del turismo y, sobre todo, de la fabricación de barcos. Esos mismos marineros ahogados (que dan sentido al título) que la ciudad de Marstal pagó al mar a manera de tributo, y que reaparecen en un final antológico.

Novela tsunami, tan extensa, profunda e inabarcable como el mar, y con la misma variedad de tonos, ya que conviven en sus páginas descripciones poéticas que orillan lo cursi pero también narraciones descarnadas, como la de un marinero que retorna a la casa de su madre con la mandíbula destrozada y una mejilla hueca, a tal punto que su propia progenitora no lo reconoce debido a su cara desfigurada. Entre esas historias, también hay lugar para diversos códigos marítimos –las normas y costumbres que rigieron el paso de la navegación a vela a la navegación a vapor–, los derechos y obligaciones de los marineros cuando chicos que no son sus hijos transgreden las reglas del mar, pasando también por una mitología marítima que encuentra uno de sus pilares, tal como nos cuenta la novela en una de sus acostumbradas digresiones, en una formidable anécdota, contada originalmente por Herodoto, según la cual Jerjes, rey de Persia, tuvo la idea de castigar al mar, infligiéndole 300 azotes y una maldición por haber levantado una tormenta que decidió la derrota de persas ante griegos en una batalla decisiva.

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