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Domingo, 6 de abril de 2003

Kant con Sade

Sistema de la agresión. Textos filosóficos y políticos
Donatien Alphonse François, marqués de Sade

Selec. de Flavio Crescenzi, trad. de C. Salinas.
Ediciones El Tranvía
Buenos, 2002
222 págs.

Por Rubén H. Ríos

Desde que Guillaume Apollinaire, a principios del siglo XX, para una de las colecciones de literatura erótica que dirigía, rescató los escritos de Sade del “infierno” de la Biblioteca Nacional de París, mucho se ha escrito sobre su obra. Hasta ese momento, como se aprecia en “El divino marqués” de Apollinaire (incluido en Les diables amoureux, que recién publicara Gallimard en 1964), Sade no era un perfecto desconocido. Tampoco, por otro lado, se lo conocía realmente (se dudaba, por ejemplo, acerca de la autoría de La filosofía en el tocador) y se lo trataba más bien como un caso médico o una extravagante celebridad literaria del siglo XVIII.
El estudio de Apollinaire, escrito hacia 1910, es quizá el primer intento serio de leer a Sade fuera de las coordenadas de la leyenda negra que envolvía su figura –y que todavía lo hace– y de la moral que precisamente el marqués atacó. Apollinaire no duda en defender a Sade de los crímenes sexuales de los que se le acusa y en mostrarlo como un escritor perseguido y un filósofo iconoclasta. Pero, sobre todo, como un hombre político que participó de la Revolución desde la asamblea popular de su sección, la de Picas, y que habría causado la toma de la Bastilla — el 14 de julio de 1789– en donde se encontró encarcelado hasta el 4 de julio. El motivo del traslado de esta prisión casi desierta al asilo de locos de Charenton se debió a que desde el 2 de julio, por medio de un megáfono de hojalata (hecho con un vaciadero de heces) y panfletos manuscritos, Sade comenzó a denunciar torturas y degüellos, llamando al pueblo a liberar a los prisioneros de la Bastilla –lugar en el cual el marqués escribió buena parte de su obra.
Uno de los atractivos que presenta la antología Sistema de la agresión, entre otros, es la inclusión de “Idea sobre el modo de sanción de las leyes” redactado por Sade el 2 de noviembre de 1792 –año I de la República Francesa–, aprobado por unanimidad por la Asamblea General de Picas y enviado a las cuarenta y siete secciones restantes de la Asamblea Nacional. En este texto notable, que debe inscribirse en la tradición del pensamiento crítico de la dominación –de La Boétie a Deleuze–, Sade brilla por hilo de la argumentación que hace resonar la cultura clásica, su propia filosofía y la organización práctica de la libertad democrática. Allí el poder del pueblo delegado en los legisladores –los cuales no deben dictar leyes sino proponer nuevas a las asambleas– es caracterizado como el comienzo de una nueva tiranía y la destrucción de la soberanía de los ciudadanos. Quizá esta posición y sus manifestaciones contra la pena de muerte, provocaron que el Terror lo detuviera el 6 de diciembre de 1793 y lo condenara a la guillotina.
En este sentido, el panfleto “Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos”, que insume casi todo el diálogo quinto de La filosofía en el tocador (en esta antología, fraccionado en una parte vinculada con la religión y otra con la moral), o algunos fragmentos de Justine o Aline y Valcour, hay que interpretarlos quizá como expresiones radicalizadas de la preocupación de Sade –al parecer, admirador del Marat de El pueblo forja sus propias cadenas– respecto del fracaso de una revolución realizada por esclavos. La moral sexual y la religión cristiana, como sabemos, para la teoría del libertinaje (al decir de Apollinaire) del pensamiento sadeanorepresentan la negación completa del hombre integral –razón por la que habría propuesto a los revolucionarios la aniquilación sistemática de la primera y el reemplazo de la segunda por una religión atea o el paganismo–. La adhesión de Sade a la República lo llevará en 1800 a publicar “Zoloé” (un panfleto escrito contra Napoleón y Josefina) y a su arresto definitivo en marzo de 1801.
Se ha escrito mucho sobre Sade –Bataille, Camus, Barthes, Klossowski, de Beauvoir, Blanchot, Lacan, Octavio Paz–, pero el estudio preliminar de esta antología no está de más. “Contra la versión perversa de sus carceleros, o la malversada tesis vulgar” de Horacio Pérez del Cerro logra describir (sin ningún propósito exhaustivo) la obra de Sade a partir de una serie de núcleos cruciales: como herencia del pensamiento materialista del siglo XVIII (La Mattrie, Helvetius, Diderot y en especial D’Holbach), como exposición pornográfica de un hombre anterior a la Ley, como una filosofía inmoral y antihumanista de la naturaleza, como un pensamiento cínico y pesimista de la libertad humana, como una utopía revolucionaria de las pulsiones que preanuncia a Freud y Nietzsche. No es poco para un pensador cuya literatura todavía sobrecoge de espanto y temblor a las almas bellas.

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