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Domingo, 15 de noviembre de 2015

LO QUE EL VIENTO NOS DEJÓ

En lucha contra prejuicios y preconceptos, el crítico Leonardo D’Espósito aborda en su nuevo libro un análisis sobre las películas más taquilleras de Hollywood. En 50 películas que conquistaron el mundo aborda las relaciones de films como Lo que el viento se llevó, El mago de Oz o La guerra de las galaxias con sus contextos y rescata la centralidad de la figura de Walt Disney.

 Por Mariano Kairuz

El crítico de cine es a menudo un personaje lleno de prejuicios sobre su objeto de trabajo y estudio. Uno de sus preconceptos más comunes, automáticos y desdeñosos es aquel según el cual Hollywood representa todo lo que está mal en el cine de cada época: la falta de originalidad, la banalización, la búsqueda del más bajo denominador común a la hora de atraer a su público. La propia idea del film “diseñado para agradar” produce de entrada un escozor en el tipo cuyo trabajo es juzgarlo. El crítico, periodista y docente Leonardo D’Espósito encaró un estudio que va a contramano de este prejuicio, o al menos intenta sacudírselo para volver a pensar Hollywood, la noción de espectáculo popular, las razones detrás del éxito de ciertas películas o el fracaso de otras. En lugar de oponer masividad a calidad, toma como cuerpo de reflexión el conjunto de films que más recaudaron en la historia de Hollywood, y asume que, si le gustaron (o al menos le interesaron) a tanta gente, tienen que tener “algo”. No es que crea que deben ser necesariamente buenas películas, pero tampoco que el público puede haber sencillamente caído en las redes de una operación de marketing hábil y bien financiada: ambas posturas quedan descartadas, la primera por demasiado demagógica, la otra por su brutal menosprecio del espectador.

“Lo que me encontré al ver y rever estas películas para el libro es que no es casualidad que estén en esta lista, que todas tienen algo que las distingue del resto, y ese algo es su voluntad de comunicarse con el público de manera muy franca”, señala D’Espósito a unas semanas del lanzamiento de 50 películas que conquistaron el mundo.

Para interrogarse por qué estas películas conectaron con el público más que otras, tomó una lista de recaudaciones en Estados Unidos, confiable e indexada, elaborada por la revista inglesa especializada en finanzas The Economist y, con el mismo espíritu divulgador, el mismo que animó Todo lo que necesitás saber sobre cine, publicado hace un año casi exacto, desplegó a partir de cada título un anecdotario de unas cinco páginas promedio en las que ofrece detalles sobre cada producción, contexto (histórico, social, político), e intenta descular qué fue aquello que permitió que hiciera clic.

Ya desde el prólogo esboza una de sus tesis centrales, acerca de que esta clase de cine está hecho por los espectadores y no tanto por los productores. “Estoy totalmente en contra de esa idea de que al público se le imponen los contenidos. Creo que en el arte y en los medios, las cosas que terminan siendo exitosas lo hacen en la medida en que funcionan como catalizadores de una serie de tensiones, deseos, sueños y pesadillas que tiene el público al que van dirigidas, y que por lo tanto sincronizan con mucha gente que casi nunca va al cine. Para el libro reví películas que había visto una sola vez, hace mil años, y a las que no les tenía mucha simpatía, como las primeras de James Bond, o Mary Poppins. Y me encontré con que están vivas, que incluso las que quedaron más anticuadas –que son paradójicamente las de los años 60, porque los clásicos de los 30 son más solidos, acaso porque no había televisión ni otros medios audiovisuales compitiendo– tienen ese deseo de tender un diálogo con el espectador. No sólo no se cierran sobre el autor, sino que tampoco tratan de conformar al espectador con lo que se cree que éste quiere. El fracaso de El mago de Oz, por ejemplo, tiene que ver justamente con que fue diseñada de acuerdo con lo que se creía que el espectador quería, pero el espectador no quiso eso en ese mismo momento, no hubo comunicación.”

Una de las primeras operaciones que hizo D’Espósito consistió en reordenar la lista, ya no por taquilla sino cronológicamente. “Al hacerlo cambió totalmente la perspectiva –dice–. Porque la primera de la lista por recaudación actualizada es Lo que el viento se llevó (con una taquilla total de más de 1600 millones de dólares) y la segunda es La guerra de la galaxias. Cuando las ordenás por estreno te aparecen datos como cada cuánto aparece un blockbuster.”

Un eje organizador fundamental que se hace presente en el libro en su conjunto es la fantasía. “La primera parte y la última son películas de fantasía, y queda un mayor realismo en el medio, entre fines de los 50 y principios de los 70.” En este esquema, dice D’Espósito, Walt Disney se convirtió en una figura esencial. Su compañía aporta nueve de las cincuenta películas de la lista, entre ellas Blancanieves, 101 dálmatas, El Rey León, Fantasía, Mary Poppins, y la más reciente, Los Vengadores. “Disney es la llave de todo esto, porque es el tipo que enseñó cómo filmar la fantasia de modo realista. Primero hizo dibujos animados, donde todo es irreal desde el primer plano; hace que entres a ese mundo y ya no hay ningún problema en creerse todo lo demás. Sus recursos fueron después tomados por el cine no animado, en varias películas de la lista, como el Ben Hur de Wyler, en especial en los planos finales, los de la aparición de Cristo, escenas que provienen de los finales de los pocos cuentos de hadas que hizo Disney. Se trata de un cineasta poco tenido en consideración porque él no dirigía y no dibujaba, pero de algún modo creó el modelo, y tan aceitada quedó la máquina que creó que siguió siendo el autor de las películas de su compañía incluso post mortem. Yo creo que hay que reconciliarse con Disney porque es la única manera de entender el cine norteamericano, es lo que nos explica cómo entra la fantasía, lo feérico, lo milagroso, en un ente esencialmente realista como es el cine.”

Los primeros diez puestos de la lista –que se reproduce al final del tomo– son (más o menos, con alguna excepción) previsibles, incluso para aquel que no se especialice en el tema: Lo que el viento se llevó, La guerra de las galaxias, La novicia rebelde, ET, Titanic, Los diez mandamientos, Tiburón, Doctor Zhivago, El exorcista, y Blanca nieves y los siete enanitos. Pero a medida que uno avanza hacia abajo en el Top 50, comenzará a preguntarse qué hacen allí títulos de los que quizá se recuerde que fueron fenómenos en su momento de estreno pero que luego nadie registra como especialmente perdurables, como, tal vez, Un detective suelto en Hollywood (puesto 41) o Aeropuerto (43). Pero estas sorpresas son en parte lo que convirtieron al trabajo emprendido en un “gran ejercicio para un crítico”, según dice D’Espósito. “No es posible ‘inventar’ estas películas ni crearlas de acuerdo a una fórmula”, adelanta el libro en sus primeras páginas, lo cual explica, al igual que algunos grandes éxitos, fracasos igualmente monumentales. Porque, entre las razones que hacen a unos y a otros, existe un “factor X”: “El factor X es indefinible, depende de una época, de la sincronía entre una obra y el público, de algo que ese film captura del momento histórico y social en el que se estrena. O de una necesidad mítica, religiosa, que encuentra en tal o cual película un catalizador”.

50 películas que conquistaron el mundo
Leonardo D’Espósito
Paidós
360 páginas

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