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Domingo, 21 de marzo de 2004

RESEñA

El juego del estanciero

INSTRUCCIONES PARA LA
ADMINISTRACION DE
ESTANCIAS
Juan Manuel de Rosas

Editorial Quadrata
Buenos Aires, 2003
106 págs.

 Por Daniel Mundo

La Argentina es un país vanguardista y a la vez levemente anacrónico, en el que los acontecimientos históricos pueden suceder antes que en otros sitios, pero cuando acontecen es como si hubieran ocurrido hace mucho tiempo, en otro mundo. Esto sucede, tal vez, por su posición geográfica marginal, o por la conicidad invertida que asume en la abstracción de los mapas, o por un sino de su espíritu que adora la novedad al tiempo que teme el cambio. Un país moderno y ganadero que se mueve a la velocidad de la nueva tecnología y es arrastrado por una manada de vacas. Leer el libro de Juan Manuel de Rosas, Instrucciones para la administración de estancias, despierta esta clarividente sensación.
El mundo intelectual desprecia el tratado de Rosas, o lo ignora. No vislumbra en él su origen, ni tampoco la clave de su desplazamiento. Prefiere leer a la generación del ‘37, o al sarmientino Facundo, letrados que traducen del francés, inglés o italiano, no de la lengua pampa. La Argentina comienza así en el límite del rosismo.
Pero una identidad nacional no responde a la voluntad de los pueblos: en todo caso, ésta es orientada por aquélla. Esforzándose por olvidar lo que desagrada, se lo evoca sin nombrarlo. La negada figura de Rosas se levanta como el mito originario de la cultura argentina, figura que ninguna avenida conmemora y que gobierna con puño febril nuestra alocada imaginación.
De este modo se podría pensar que las Instrucciones... funcionan como un Discurso del método desplazado. Se escucha en ambos objetivos similares y a la vez opuestos. El fin: la constitución de un nuevo sujeto soberano dueño de sí mismo, el burgués. Pero así como una dictadura argentina no es comparable con la monarquía francesa, no es lo mismo un burgués francés que uno argentino. El burgués francés, refinado y abstracto, es casi lo opuesto del abductivo y sanguinario dueño de estancia argentino. La certeza del ojo del capataz como la otra cara de la duda reflexiva. Ordena Rosas: “La necesidad de observación es tan conocida como precisa... Las condiciones que deben tener los toros para padres son: que no sean de un huevo, el que salga de un huevo se capará, sacándole el que queda escondido en la vejiga. Que sean corpulentos y crecidos, y que no sean bravos ni emperrados”.
Abundan este tipo de precisiones en el libro, que para el argentino contemporáneo son tan ajenas como las divinidades etruscas. ¿Pero acaso la minuciosa analítica que practicó Charles Taylor treinta años después de la aparición de las Instrucciones... no da cuenta de un obrero seriado hoy declinante en la sociedad del consumo conspicuo? Por ello, en su inactualidad, las Instrucciones... servirían como guía para husmear en el pasado nativo. El olor que desprende ese hueso no es agradable, y no hay cosmética que lo pueda acallar o embellecer.

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