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Domingo, 21 de marzo de 2004

PERFILES

Janet Frame

(28 de agosto de 1924 - 30 de enero de 2004)

 Por Sergio Di Nucci

En los antípodas de las islas Británicas, Nueva Zelanda constituye un archipiélago cuya lejanía literaria triunfa sobre la geográfica. El destino de la novelista Janet Frame, quien murió discretamente el pasado 30 de enero, confirma estas distancias. Considerada en su país la escritora más representativa y a la vez la más irreductible, sólo fue conocida más allá de los límites patrios después del éxito del film Un ángel en mi mesa (1990) de Jane Campion, basado sobre los tres volúmenes de su autobiografía.
La imagen neocelandesa más frecuente concita maoríes rebeldes y disciplinado rugby. Nada de esto se encuentra fácilmente en los relatos de Frame. Su vida y su obra guardaron una relación inextricable, pero no menos antipódica. La locura y la muerte (nunca el amor) son la materia de la que están hechas las memorias y la ficción de Frame. Pero si en las primeras el tono es ligero, indulgente, humorístico incluso, en la segunda es feroz, implacable, pero también lúcido y como inexplicablemente racionalista.

OCHO AÑOS EN EL MANICOMIO
Una infancia más extraña y caótica que la de todos fue seguida por una adolescencia que tuvo su largo clímax en los ocho años que pasó encerrada en un manicomio, gracias a un diagnóstico erróneo de esquizofrenia.
El padre de Frame era obrero ferroviario en perpetua mudanza; su madre, una mucama que trabajó por un tiempo para la familia de Katherine Mansfield, la cuentista que murió asceta y tuberculosa en Fontainebleau en los brazos de su gurú Gurdjieff, un año antes de que naciera Frame. La pobreza, las deudas, la enfermedad y la tragedia fueron su vida cotidiana. Su hermano mayor vivía epiléptico y rutinariamente apaleado por el padre de Frame; su hermana mayor, Myrtle, se ahogó en una pileta a los 13 años; diez años más tarde, su hermana menor, Isabel, también se ahogó; su madre era de una secta cristiana que atribuía valor religioso a los objetos identificados de la vida diaria.
Frame fue una lectora voraz, y comparaba su vida con la de las hermanas Brontë. Era de una timidez que exacerbaban su pelo de un rojo zanahoria y sus dientes podridos. Estudió magisterio en Dunedin y empezó a estudiar psicología en la Universidad de Otago. En 1945, una inspectora entró a su clase para ver cómo enseñaba; Frame salió del aula para no volver nunca más. Pero siguió estudiando psicología. Una noche tomó aspirinas para suicidarse. A la mañana siguiente se levantó sin secuelas, y escribió un ensayo sobre su tentativa. Sus profesores decidieron que estaba loca.
La acción de la segunda novela de Frame, Rostros en el agua (1961), corresponde casi a la década siguiente que pasó en instituciones mentales. Entre los aullidos y sollozos de sus compañeras de internación, el sadismo de las enfermeras y los electroshocks, Frame consiguió terminar su colección de relatos La Laguna. En 1954 iban a someter a Frame a una lobotomía frontal. Uno de los cirujanos, sin embargo, supo del libro. “Decidí –le dijo– que usted se va a quedar como está.”

DAÑOS COLATERALES
Liberada del hospital, pero frágil por la medicación, fue “adoptada” por el escritor Frank Sargeson, cuyo nombre a veces se asocia con la gay liberation. Frame vivía en una cabaña en el jardín de Sargeson. Durante este período, trabajó en Las lechuzas lloran (1961), una novela sobre cuatro hijos de una familia indigente. A partir de 1956, pasó siete años en Inglaterra. Allí escribió Jardines perfumados para losciegos (1963), la narración de una familia en decadencia que después se revela como el delirio de una mujer internada desde hace 30 años en un neuropsiquiátrico.
De vuelta en Nueva Zelanda, publicó El hombre adaptable (1965), Estado de sitio (1967) y Los pájaros de la lluvia (1968). Esta última es la historia de un joven que se despierta del coma para descubrir que todos se habían resignado a que se muriera; antes que contentos por su recuperación, familia y amigos están fastidiados y desorientados.
El desierto de la alienación y la falta de compromiso afectivo son el tema central de toda la obra de Frame, que no obstante resulta inapresable y aun repugnante para el humanismo liberal o los particularismos reivindicacionistas. En Terapia intensiva (1970), Frame compuso una fábula moral y futurista dirigida a los movimientos sociales: las autoridades deciden suprimir a todos los marginales, pero los que sobreviven a la masacre ejercen después la peor de las dictaduras. Este resumen deja un sabor a dos demonios, que sólo la lectura de la obra desmiente.
Frame siguió escribiendo, y su prosa eufónica y personal alcanzó la fama literaria, primero nacional, y después en el entero ámbito de la lengua inglesa. Muchos describen Viviendo en el Manioto (1981) como su obra maestra. Los años noventa vieron la publicación de los tres volúmenes de su autobiografía. Fueron lo más cercano a una voz pública para esta escritora que vivía clandestina bajo un nombre falso, y que se rehusaba a las entrevistas.

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