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Domingo, 29 de enero de 2006

NOTICIAS DEL MUNDO

CONVERSACIONES EN LA CATEDRAL

El 14 de octubre de 1823, Johann Peter Eckermann, luego de haber sido elegido secretario por Goethe gracias a su caligrafía, entraba por primera vez en la mansión de Weimar para tomar un té con el patriarca de la literatura alemana. La editorial El Acantilado vuelve a publicar en español y con algunas innovaciones el fruto de ese encuentro: el libro Conversaciones, con la traducción de Rosa Sala Rose. El secretario de Goethe, encantado y preso por la admiración, la soberbia y la bronca que sentía por su maestro, como cuando Goethe, observando las Bodas Aldobrandinas, alababa a los antiguos porque “no sólo tenían grandes propósitos sino que también conseguían darles forma”, tomó las primeras notas de sus Conversaciones con Goethe el 10 de junio de 1824. Y pese a todas las especulaciones, uno de los motivos que lo impulsaron a escribir fue el dinero. Eckermann necesitaba fondos para poder consumar su matrimonio, y el maestro no le pagaba. Por eso fue como un balde de agua fría cuando Goethe le dijo que el libro debía publicarse después de su muerte. Pese a que el secretario no se rebeló, la publicación de Conversaciones tampoco llegó en el momento más oportuno. El volumen con la primera y segunda parte apareció en 1836 y la tercera se dio a conocer en 1848, cuando la figura de Goethe era criticada por los escritores de la Joven Alemania, que lo acusaban de falta de patriotismo. Además de constituir la crónica de una relación tumultuosa, de la que sus propios protagonistas se reían, la nueva traducción al español de Las Conversaciones con Goethe incluye un glosario que reúne onomásticamente el universo intelectual de Goethe y detalla además la relación que el escritor tuvo con los personajes y obras a los que se refería en sus diálogos con Eckermann.

EL MONO RELOJERO

Acaban de aparecer en la última edición del Times Literary Supplement dos relatos inéditos y satíricos del escritor escocés Robert Louis Stevenson, descubiertos en el archivo de una biblioteca estadounidense. Según los cálculos de Ralph Parfect, que descubrió el manuscrito en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, Stevenson habría escrito ambas sátiras, tituladas El relojero y El mono científico, entre los años ’70 y ’80. Y según informa el diario The Times, las narraciones habían sido eliminadas de una antología anterior porque podían resultar polémicas. En El relojero, una comunidad de microbios que vive en una botella se dividen a la hora de explicarse la aparición de un hombre que llega para darle cuerda a un reloj. Tanto el grupo de los microbios científicos como el de los religiosos comparten un trágico final cuando el relojero se baja el contenido de la botella. Por su parte, El mono científico se burla del colonialismo y de la comunidad científica, haciendo foco en un grupo de simios que debate las bondades y perjuicios de experimentar con humanos.

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