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Domingo, 9 de octubre de 2011

>THE NEW YORK REVIEW OF BOOKS

Su gloria y su maldición

 Por Charles Baxter

A veces, las primeras páginas de Freedom parecen una brillante hibridación de una novela de Jane Austen y D. H. Lawrence. Están escritas con la convicción de que una novela de amor no está muerta después de todo. Pero Franzen, juzgando por la evidencia de esta novela, no quiere ser Jane Austen: quiere ser Tolstoi. El cortejo y el matrimonio comprenden sólo una parte de este libro. Los personajes deben mudarse hacia los centros de poder de Estados Unidos, fuera del Medioeste y hacia Washington y Nueva York, donde los errores históricos mundiales se cometen y donde, como inocentes, van a avisparse. Freedom es el tipo de novela que resume una era y que trata de incluirlo todo, un proyecto desesperado y heroico.

El tono de las últimas doscientas páginas de Freedom oscila entre la indignación moral y la desesperación mientras cubre el mapa de los Estados Unidos contemporáneos. La indignación surge de la contemplación de los personajes de una herida pública tras otra: West Virginia (“la república bananera de la nación, su Congo, su Guyana, su Honduras); la rabia de los conservadores de derecha; el daño ecológico desparramado por los ATV recreativos; el desgobierno, la mendacidad pública; incluso las ojotas. La indignación sube de volumen y, aún más, no parece tener remedio.

Lo que ha sucedido, pienso, es que la esfera pública es considerada aquí como una pérdida absoluta, y entonces todos los grandes problemas son imaginados como insolubles. El resultado es un tipo particular de desesperación, del tipo que surge de una rabia sin orificio de salida, la emoción básica de una gran proporción de lectores educados durante la administración Bush. Corrompido por ruinosas cantidades de dinero y por la aplicación cínica del poder, el mundo público retratado aquí parece incapaz de salvar algo que tenga valor. En cada momento que un ciudadano quiere entrar a ese mundo, se encuentra con mentiras y las operaciones de una lógica interesada y, desde el punto de vista de la novela, se convierte en un colaboracionista. Franzen no es un conservador, pero es un conservacionista, y su novela mira con desesperación y rabia como hábitats y personas adorables comienzan a desaparecer.

Freedom intenta lidiar con los años de Bush y finalmente es derrotado. Habiendo dicho esto, necesito agregar que el libro es, con frecuencia, inspirado y elocuente. Sus ambiciones son loables, así como lo es su furia. Tiene el corazón bellamente en la mano la mayor parte del tiempo. El gran público para el que la novela de Franzen está destinada sin duda la encontrará escrita con una inteligencia consistente y energía. Pero no puede resolver los problemas que considera cruciales, y esa es probablemente nuestra pérdida y nuestro destino.

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