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Sábado, 18 de abril de 2009

Una lección del terremoto italiano

 Por Peter Popham, desde Santo Stefano di Sassanio

El terremoto que destruyó la ciudad de L’Aquila, en Italia, también sacudió hasta los cimientos el pueblo montañés de Santo Stefano di Sassanio. De hecho, la falla geológica que ocasionó el desastre pasa justo por abajo del poblado. Santo Stefano perdió su torre del siglo 15 en el temblor, pero lo notable no es lo que fue destruido sino lo que quedó en pie, y por qué. Es que sólo la torre fue destruida; el resto del pueblo quedó intacto. Las razones del milagro son una fuente de esperanza y una inspiración para la dolida región de los Abruzzos, y también una lección de arquitectura.

El ingeniero estructural Olivio di Gregorio fue despertado en medio de la noche por el terremoto. De inmediato se subió a su coche y para las cinco de la mañana estaba en Santo Stefano, esperando con impaciencia la madrugada. La primera luz logró calmarlo: el pueblito estaba intacto, excepto por su torre. Di Gregorio llevaba años restaurando en detalle los muros medievales del poblado y revisándolos de cerca en esa madrugada descubrió que no tenían ni un rasguño.

Santo Stefano ofrece, entonces, algunas lecciones de gran importancia para la provincia italiana que sufre ahora una grave crisis. El pueblo es la prueba viviente de que el esplendor histórico de los Abruzzos, bastante golpeado por el temblor, puede ser revivido con el balance justo de sensibilidad y tecnología. Las preguntas clave son por qué se cayó la torre y por qué las casas medievales resistieron sin problema.

El pueblo de Santo Stefano data de tiempos romanos y fue un centro lanero en tiempos de los Medici, cuando prosperó. Tras la unificación italiana en el siglo 19, el lugar perdió su rol económico y hasta quedó casi abandonado tras los desastres de la Segunda Guerra Mundial. En los años noventa, el pueblo fue revivido por el arquitecto Lelio Oriano di Zio y por Daniele Kihlgren, que compraron quince casas en el lugar. Los socios restauraron minuciosamente sus casas y crearon el primer “albergo difuso” de Italia, un concepto que define un hotel montado en varios edificios independientes.

Durante la restauración, Di Zio y Kihlgren crearon un sistema de restauración, que ahora están aplicando a otros cinco pueblos históricos en Italia central. “Entendimos que la restauración de un pueblo va de la mano con la protección del campo”, explica Di Zio. “Hicimos un trato con la intendente por el cual ella se comprometía a no permitir nuevas construcciones y a proteger las existentes. Hay pocos lugares tan bellos como éste y para nosotros son tan importantes para el patrimonio italiano como el Coliseo, con lo que deberían ser protegidos con el mismo rigor.”

Restaurar las casas, dicen los socios, no significa dejarlas como estaban. “No sólo seguimos el código de seguridad de terremotos, sino que lo sobrepasamos”, dice Di Zio. Los arcos de madera son reforzados con ménsulas de acero sólidas y discretas, y los pisos superiores son reforzados con estructuras metálicas disimuladas, lo que les da solidez y flexibilidad a las estructuras. “Se puede conservar la textura histórica y al mismo tiempo hacerla estructuralmente robusta”, dice Kihlgren. “Sería criminal hacer otra cosa. Aquí hay casas que tienen árboles adentro y tejas de dos siglos, pero que también resisten terremotos y tienen calefacción central.”

¿Y por qué cayó la torre? El ingeniero Di Gregorio señala una loseta de hormigón que ahora yace entre los escombros de piedra. Hace décadas, antes de la restauración actual, se construyó un piso al tope de la torre para transformarla en un mirador. “Fue como poner una laja en una caja de cartón”, compara el ingeniero. “La caja se sostiene hasta que hay alguna presión, y entonces colapsa bajo el peso y la rigidez de la piedra.”

“Hemos perdido nuestro conocimiento constructivo, en este caso de cómo construir para resistir terremotos”, dice Di Zio. “Nuestra arrogancia moderna nos hace pensar que sabemos más que nuestros ancestros. Lo que tenemos que hacer es tener un poco más de humildad.”

Derechos exclusivos de The Independent para Página/12.

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