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Sábado, 14 de mayo de 2011

Un caso testigo

En Barracas, la piqueta se apura antes de que bajen las alturas constructivas y se genera una situación de contexto histórico. En Santa Rita festejan lo insólito: que el gobierno porteño haga algo.

 Por Sergio Kiernan

Una de las formas de vida más rápidas que tiene esta ciudad es la piqueta. La tiene fácil el bicho, porque su función en la vida es destruir algo bueno y pequeño, para reemplazarlo por algo feo y grandote. Su combustible es el mucho dinero a ganar, su moral es lo mínimo que impone el código de construcción. Como los que cazaron animales hasta extinguirlos, a la piqueta no le importa más que llenarse la panza hoy. No future...

Con lo que no sorprende que el animalito se haya cebado y apurado con la zona de Barracas sobre la que se acaba de votar en primera lectura la baja de alturas. Esta alegría ayuda a salvar una parte de la mejor colección de patrimonio que tiene Buenos Aires, tesoro que nadie parece tener la imaginación de explotar sin destruirlo. Ante la inminencia de la baja de alturas constructivas, se apuraron varias destrucciones para erigir bodrios con la ley vieja.

Esto genera casos de espanto, como los veinte pisos que se quieren erigir en Ituzaingó 925, o los doce de Ituzaingó 943, que ya le costaron la vida a una casa perfectamente bonita, en buen estado y habitada que por razones astrológicas se negó a proteger ese ente tan sensible: el Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales.

Y también genera situaciones de ley, como el del lote, también creado a costa de demoler una casa, en Ituzaingó 678. Resulta que esta cuadra contiene dos casas catalogadas, en el 628 y en el 670, que viene a quedar exactamente al lado del bodrio a construir.

En el sitio de la inmobiliaria Caffarella sólo se ve un croquis del edificio, llamado tersamente Proyecto 6. Lo que no se cuenta en la página es que la cuadra del 600 de Ituzaingó está en el casco histórico, a una cuadra apenas del APH1. Tampoco se recuerda que esos cien metros todavía están empedrados gracias a los vecinos, que en 2008 le pararon la mano al gobierno porteño que los quería asfaltar.

Con lo que no extraña que los vecinos ya se estén movilizando para que se cumpla la ley. El Código de Planeamiento Urbano, en su artículo 10.1.4, impone condiciones especiales para los lugares vecinos a monumentos históricos o con valor patrimonial, lo que incluye plenamente a los edificios catalogados por la Legislatura. La Subsecretaría de Planeamiento Urbano tiene que intervenir en el diseño y control del edificio vecino velando por el contexto, con explícita participación de la Dirección General de Areas de Protección Histórica. En teoría, al ingresar los planos para el edificio de Ituzaingó 678, el trámite tiene que ir a Interpretación Urbana y a APH antes de ser aprobado. ¿Habrá ocurrido?

Los dueños del 670 ya hicieron contacto con el diputado Patricio Di Stefano, presidente de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura, y con Mónica Capano, directora de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico porteño y personaje combativo del CAAP. También hablaron con el defensor del pueblo adjunto, Gerardo Gómez Coronado, quien de inmediato le envió una nota al jefe de la Dgroc, Guillermo García Fahler, preguntando si habían entrado planos. García Fahler, como parece ser su costumbre, no contestó todavía.

El tema del contexto es poco y nada conocido todavía entre nosotros, porteños. El Proyecto 6 parece haber sido creado sin tener en absoluto en cuenta a sus vecinos catalogados. Esta situación puede crear un caso testigo que comience a ordenar las cosas y no deje en ridículo la legislación.

SANTA RITA FESTEJA

En el barrio de los pasajes están felizmente sorprendidos porque lograron paralizar una obra sombría y abusiva. Quien visite esa zona de Santa Rita que se recuesta sobre Villa del Parque, encontrará un “recorte” urbano de los que se crearon en Buenos Aires cuando sobraban terrenos abiertos. En este caso, es una zona de pasajes nacida como barriada trabajadora, de casas bajas y modestas. Una rareza del lugar es que nunca se nivelaron para abajo los pasajes, procedimiento que enrasó el relieve de nuestra ciudad. En esta parte de Santa Rita se verá que las calles de circulación general, las que atraviesan el lugar rumbo a otras partes, están a nivel, pero los pasajes suben más de un metro y muestran la comba de lomas ya idas. De hecho, el lugar es peatonal porque en varios pasajes hay que trepar escalones.

Lo que no impidió que algún genio autorizara la construcción en altura con la excusa de que el frente del terreno elegido da a una calle, aunque se adentre en la manzana y se coma vivo al pasaje. Los vecinos de esta barbaridad se constituyeron como los Vecinos Autoconvocados del Pasaje Granville, que es el afectado por el edificio. Estos vecinos recurrieron a la Justicia buscando un amparo, se comunicaron con vecinos de Caballito y Villa Pueyrredón, que les contaron experiencias similares, y finalmente tuvieron una idea que parece un desperdicio: fueron a ver a Héctor Lostri, el subsecretario de Planeamiento porteño.

Y lograron un milagro: que Lostri prometiera paralizar la obra.

Y lograron otro milagro: que Lostri cumpliera.

Como se relató en este suplemento el sábado pasado, los vecinos de Santa Rita tuvieron la original idea de repartir cintas verdes para colgar en las casas, como símbolo de una campaña contra la edificación en altura. Esta entrada al debate de la densidad urbana fue exitosa y la zona de pasajes abunda en cintas verdes. Los diputados Eduardo Epszteyn y Martín Hourest ya presentaron un proyecto para rezonificar este sector y hacer que el gobierno porteño perciba que son pasajes, con lo que no debería construirse en altura.

Pero este lunes la zona del Granville amaneció en silencio, porque la obra fue paralizada por orden de inspectores de la Dirección General de Fiscalización y Control de Obras. Los cinco pisos de hormigón –el diseño es el previsible bodrio sin la menor chispa– ahora le dan sombra al pasaje y ven alzarse, justo enfrente, otra mole de doce pisos, locales y garaje.

Con lucidez, los de Santa Rita crearon otro slogan para su causa: “Progreso no es destrucción, preservación no es estancamiento”. Para apoyar y participar de la alegría, basta entrar en vecinosdegranville.blogspot.com

FERVORES

Quien piense que las inmobiliarias son el equivalente urbano a La Forestal, que arrasó con Santiago del Estero y después de desertificarla la abandonó, tiene razón. Para confirmar la regla, hay que buscar la excepción y fijarse en la muy peculiar inmobiliaria Izrastzoff, que viene publicando hasta una revista digital sobre temas de patrimonio. El recientemente fallecido fundador de la firma era un apasionado de su ciudad y un hombre terminantemente opuesto a la tontera de que demoler es progreso. La revista Fervor x Buenos Aires es testimonio de esta fe, con temas como el patrimonio que nos dejó la Compañía Italo Argentina de Electricidad –la de los castillitos de ladrillo italianizantes– o edificios notables de la ciudad. Para recibirla basta escribir a [email protected]

EN LA RIOJA

Este martes y miércoles se realiza en la Biblioteca Mariano Moreno de La Rioja un Encuentro por las Escuelas Normales que tiene un doloroso lado patrimonial. Como se recuerda, el muy histórico Normal de esa ciudad está siendo transformado en un vulgar shopping, aunque se lo disimula con el nombre de “centro comercial-recreativo”. El encuentro de esta semana tendrá un aspecto histórico y educativo, y otro de defensa del patrimonio edificado. Esto último se cumple con la ponencia “Arquitectura, educación y patrimonio” de los arquitectos Fabio Grementieri y Patricia Schmitt, que publicaron recientemente un formidable libro sobre el tema, y por el defensor adjunto porteño Gerardo Gómez Coronado, que hablará sobre la acción ciudadana en defensa del patrimonio.

FOTOS

El arquitecto Ignacio Fusilier presentó ayer su muestra de fotografías El fantasma del Correo en Punto Foto Galería de Arte. Fusilier documentó sus incursiones en el viejo Correo Central antes de que comenzaran las actuales obras con fotos muy evocativas. Hasta el 26 en Santa Fe 1660, local 23.

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Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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