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Sábado, 17 de septiembre de 2016

Una ciudad sin reglas

No parece posible, pero el larretismo es todavía más laxo que el macrismo en funciones. Para muestra, un contrato irregular adentro de un edificio de la propia ciudad.

 Por Sergio Kiernan

Hay quienes mostramos una falta de imaginación notable y pensábamos, por ejemplo, que la administración de nuestra ciudad no podía empeorar. Pues resulta que lo malo también puede tomar velocidad, acelerarse y agrandarse como negocio. Donde el actual presidente daba piedra libre a torres y demoliciones ilegales, y creaba obras absurdas para dar contratos a los amigos, su sucesor en la Ciudad agrega la destrucción del verde de a decenas de hectáreas y crea un verdadero estado de ilegalidad. Para muestra, dice el dicho, basta un botón, con lo que podemos ver un caso realmente ejemplar que denuncia Acción Parque Colegiales. Y es ejemplar porque se trata de una irregularidad evidente dentro de un edificio propiedad de la Ciudad.

Acción Parque Colegiales es un grupo de vecinos nacido a los golpes contra sus espacios verdes. Ya perdieron la placita Biro, donde talaron hasta los árboles de la vereda, y vieron transformarse la tranquila zona del mercado de pulgas en un proyecto snob y fashion del macrismo y el larretismo. En estos días, los vecinos lograron que los asesores de la comisión de Desarrollo Económico de la Legislatura porteña trataran un pedido de informes sobre algo que no debería estar en el mercado. Que esta comisión le preste atención a un reclamo ya dice mucho, porque es una comisión dedicada al desarrollo económico porteño y no hay que pensar mucho para saber a quiénes escucha mejor.

Como se ve en las fotos, el tema toca el restaurante que instalaron adentro del mercado, una sucursal de La Abuela Juana, un franchising con varios locales. Los vecinos destacaron que el local es bastante grande y ocupa buena parte del frente del mercado sobre la calle Enrique Martínez. Que haya un restaurante o un bar dentro de un mercado no es particularmente llamativo, pero la ley 450 del año 2000 indica que el mercado de pulgas es un predio “para el funcionamiento de un mercado de objetos varios”. Como se ve, no se mencionan ni restaurante ni locales de ropa u otras mercaderías, algo nada casual ya que fueron los vecinos los que insistieron en que el mercado fuera exclusivamente de antigüedades. De hecho, en 2007 el artículo de la ley 450 se incorporó textualmente al Código, como para que no queden dudas.

Con lo que el misterio es quién le hizo un contrato a un restaurante adentro del mercado y sobre qué base legal. Para mayor misterio, resulta que el local tiene entrada propia al exterior y puede seguir abierto, como lo hace, después que el mercado cierra y los lunes y feriados, cuando no abre. Si los diputados de la comisión empresarial aceptan el pedido de informes, puede ser que el Ejecutivo desvele el misterio.

Más verdes

O puede que no, porque vaya uno a saber qué otras cosas distraen y desvelan a nuestros gobernantes porteños. Un ejemplo de estas cosas que los desvelan lo trae SOS Caballito cuando denuncia que están haciendo cuatro de esos absurdos “jardines colgantes” en otros tantos puentes del ferrocarril Sarmiento, a un precio absurdo. Los primeros se vieron en Once y consisten en pesadísimas herrerías que forman una suerte de glorieta sobre los viejos puentes de hierro ingleses. En estas glorietas se inventa un verde trucho, que algún días Rodríguez Larreta querrá contar como espacios verdes, a un costo redomado: ocho millones de pesos por los cuatro, o algo más de medio millón de dólares para una zoncera cuádruple.

Y mientras se inventan estos verdes truchos, se daña todavía más el que existe y es legítimo. Por ejemplo, en el parque Leonardo Pereyra, el castigado espacio verde de Barracas al que en una reciente reforma transformaron en una maqueta enrejada, con los senderos cementados. Como muestran las fotos, esta semana se la tomaron salvajemente con los añosos árboles del lugar en una poda bestial de ramas principales completamente fuera de temporada. Los vecinos hasta terminaron diciendo que estaban cortando los árboles para vender la leña, tan inexplicable es este ataque.

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