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Sábado, 15 de enero de 2005

Nest, la revista del barroco

La barroca y desmesurada revista de diseño de interiores Nest acaba de cerrar sus puertas. Editada –en broma– “en un bien proporcionado cuarto de hospital psiquiátrico”, la muy premiada y original revista desaparece por decisión de su fundador y director, Joseph Holtzman, que tiene “miedo de aburrirse y que se note en lo que hago” después de siete años y 26 ediciones trimestrales.
Lo que hizo de Nest un medio que se destacaba en el fárrago de revistas olvidables es la profunda originalidad de su punto de vista. Holtzman detesta cordialmente el minimalismo, las modas mediocres y la editorial Condé Nast, que publica masas de revistas de decoración. En las páginas de Nest –”Nido”, en inglés– jamás figuraron Calatrava ni Stark.
La revista surgió por casualidad: Holtzman, pintor neoyorquino y diseñador ocasional de textiles, se aburría y rezongaba por la constante repetición de las revistas de diseño interior y arquitectura que compraba. Fundó la suya para publicar los “ámbitos” que realmente le interesaban, como el desván de un adolescente, un igloo o una celda, u “obras” como la decoración de interiores del hotel que creó el joven artista plástico Kenny Mroczek en su departamento de Manhattan.
Como Nest tenía un claro mandato de sacudir la modorra, publicó ensayos francamente molestos como el valor decorativo de una dentadura postiza. Los colaboradores –Karl Lagerfeld o el novelista Matthew Stadler, por ejemplo– inventaron cosas como el Horóscopo del Diseño, con recomendaciones como “gástese todos sus ahorros en un juego de salero y pimentero de cristal negro y plata”.
Pero lo que los 30.000 lectores de Nest francamente adoraban era el desfachatado barroquismo, burlón y bien dirigido, de ciertas ambientaciones efímeras, creadas para ser fotografiadas, que publicaba Holtzman.
Coherente hasta el final, el director ni pensó en venderle su revista a una gran editorial –como Condé Nast–, que se interesó después que anunciantes como Volkswagen compraron avisos. El hombre simplemente transformó la oficina editorial nuevamente en el living de su casa y se dedica a pintar.

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