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Jueves, 6 de mayo de 2004

MANUELA MARTELLI, REVELACION CHILENA

Kathy puede

La chica resalta en “B-Happy”, una película chilena que salió al mundo para cosechar muchos premios y buenas críticas. El jueves que viene se estrena en Buenos Aires.

”Yo no le tengo miedo a nada”, sentencia Kathy (Manuela Martelli), de mirada inquietante, en el film B-Happy del chileno Gonzalo Justiniano que se estrenará aquí el 13 de mayo. Kathy tiene 15 años y vive en condiciones precarias con su madre y su hermano mayor, en la costa chilena rural. Su padre –de ascendencia alemana– entra y sale de la cárcel, pero nunca cumple sus promesas de cambiar. Kathy es testigo de la desintegración de sus sueños (incluida su familia). Por ese papel, Martelli, de 21 años, recibió muchos elogios: fue catalogada como la nueva Amelie por la prensa canadiense –donde se estrenó mundialmente– y el diario The New York Times comparó su rostro con los de las pinturas de Goya.
Rara vez llega cine chileno a este lado de la cordillera, y pocas veces con tantos galardones: B-Happy fue premiada en La Habana con el segundo coral a mejor actriz (Martelli), en Berlín como “mejor film del Forum (CICAE)” y obtuvo una mención especial de Don Quixotte; ganó por mejor guión en Cartagena de Indias, mejor actriz de reparto Lorene Prieto y en Santo Domingo obtuvo mejor actriz, guión y fotografía. Ya la vieron cuarenta mil espectadores en Chile, cifra abultadísima para el país vecino, intentará ser nominada al Oscar y se estrenará en Ecuador y México. Es la octava realización de Justiniano. El próximo film de Martelli, mientras tanto, será con el joven director Ezequiel Acuña en Volar entre árboles.
La Kathy es una colegiala –usa típicos uniformes chilenos de la secundaria– que remará con su propia vida (y cuerpo) en un viaje desde el sur hasta a Arica, norte de Chile, donde arribaron sus abuelos alemanes (“estos ojitos azules siempre han dejado la cagada en este país”, le confiesa en un momento el padre a Kathy). En su paso por el Bafici, Martelli contó al No su debut: “No tenía ninguna experiencia, un amigo me recomendó que fuera al casting. Llegué el último día, probé y quedé. Así de simple. Cuando empezamos a rodar, me sacaron de la escuela secundaria, por suerte me eximieron de cursar y desde entonces no paré”.
Kathy es capaz de llevar adelante su soledad, capaz de desnudarse frente al chico que le gusta sin medir consecuencias, capaz de fugarse de un instituto de menores –injustamente encerrada–, capaz de zafar de un abuso sexual. Y también de usar su cuerpo para pagar un viaje. “Ya que no podemos elegir nada, al menos elijamos nuestro propio mino”, le confiesa Kathy a una compañera de escuela sobre su primera relación. B-Happy logró en Chile convertirse en uno de esos films donde “los chilenos vuelven a mirarse a sí mismos, orgullosos de estar reflejados en sus películas”, dice. En la trama, Kathy será abandonada por aquellos que la rodean, pero seguirá adelante espantando los miedos con su frase recurrente. “Yo no le tengo miedo a nada”, repetirá en off una y otra vez.

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