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Jueves, 2 de diciembre de 2004

TARJA TURUNEN, DE FINLANDIA A CABALLITO

La Soprano

Es la cantante de Nightwish, la banda más grande del rock finlandés, con miles de fans en la Argentina y el resto del mundo. Hasta ahí, nada extraordinario: sólo que esta mujer acosada por los paparazzi y condecorada por el presidente de su país, se enamoró de un argentino que la hizo hincha de San Lorenzo y vive parte del año en Buenos Aires.

 Por Roque Casciero


Si un escritor imaginara un personaje de novela que fuera una bella cantante lírica, que se pone al frente de una banda de heavy metal y que se convirtiera por eso en la mayor estrella de su país, Finlandia, no sería tan perfecto como en la realidad. También podría, en esa ficción, ubicar a la soprano sufriendo el acoso de los paparazzi, siendo agasajada por el presidente de su país y viajando a lugares remotos para cantar ópera y rock and roll. Pero la invención máxima sería que imaginara a la dama enamorada de un argentino, yendo a la cancha de San Lorenzo con él y pensando en comprarse una casita en Miramar (!) Pues bien, esto no es el cuento alucinado de nadie: lo que parece fábula es real y la protagonista se llama Tarja Turunen.
Sábado 27 de noviembre, 19 horas. Desde la entrada al estadio Obras sale una fila de una cuadra y media, y los que la forman parecen uniformados: ninguno se olvidó de ponerse la remera negra con la cara de Tarja y el logo de Nightwish, la banda que tocará ¡dentro de cuatro horas! En las boleterías del estadio, apenas queda una decena de entradas que cuestan 80 pesos; el resto está agotado desde hace varios días, pese a que casi no hubo publicidad del show. En la cola no sólo hay argentinos: también finlandeses, alemanes y japoneses que siguen a Nightwish a todas partes (como en el cantito de cancha, pero de verdad). Sin embargo, el panorama no le extraña a Tarja, que espera en un camarín del estadio a que se haga la hora de salir a escena, porque hasta aquí la situación fue similar en todos los lugares que pisó el grupo, con gira programada hasta diciembre de 2005. Once, su álbum más reciente, fue oro en Finlandia el mismo día en que salió a la calle y llegó al número uno de los charts en ese país, en Noruega, Grecia, Eslovenia, Hungría y Alemania. “Estamos en lo más alto de nuestra carrera, pero esperamos seguir creciendo”, confía ella. “El próximo álbum saldrá en 2007, si todo va bien. Durante 2006 ensayaremos las nuevas canciones, pero también tengo un proyecto para cantar ópera y espero lanzar un álbum con canciones navideñas. En esta semana sale un ep de anticipo en Finlandia, pero el disco saldrá en todo el mundo porque voy a cantar por lo menos en cuatro idiomas. Por supuesto que voy a hacerlo en español, ¿para qué tengo un profesor en casa?”
Tarja tenía apenas 6 años cuando empezó a estudiar canto y se volcó a la música clásica a los 18. Pero, casi al mismo tiempo, su compañero de clases Toumas Holopainen le ofreció sumarse a un proyecto de canciones acústicas, que luego mutó en una banda heavy llamada Nightwish. Pero, cuando encuentra algunos casilleros libres en la apretadísima agenda del grupo, la soprano continúa con sus actuaciones líricas. En Buenos Aires, por ejemplo, se la ha visto dos veces en un espectáculo llamado Noche finlandesa, en compañía de otras vocalistas, y también da clases particulares. “Vivo en una constante combinación entre la clásica y el heavy, pero eso es lo que me hace seguir adelante y lo que mantiene sana mi mente. Necesito alejarme del heavy metal cuando tengo tiempo, pero mi labor con Nightwish es espectacular, una experiencia maravillosa. Me enamoré de esta música y he crecido como mujer junto a mis compañeros de banda”.
–Pero tus comienzos con el canto fueron con la música clásica. ¿Sentís más apego por el género lírico?
–No. Son dos mundos diferentes, por supuesto, y la música clásica es algo que quiero conservar, pero realmente necesito hacer ambas cosas para seguir adelante, con los pies sobre la tierra, y para sentirme importante en más de un sentido, porque así no tengo sólo un modo de desplegar mi arte. Aunque no me imagino cantando con Nightwish o haciendo heavy metal cuando tenga 40 años...
–Bueno, los Stones y los Who decían lo mismo y ahí están a los 60.
–(Se ríe) Es cierto, nunca se sabe. Hasta ahora todo va bien, nos llevamos muy bien entre nosotros, así que, ¿por qué no?
–Cuando empezaste en la música, ¿soñabas con ser una estrella?
–No, eso nunca me interesó, pero siempre quise ser cantante. Desde que tenía 3 años, a mis padres se les hizo muy fácil ver que yo iba a ser cantante, porque cantaba todo el tiempo y en todo lugar. Pero nunca esperé convertirme en una estrella cantando en una banda de heavy metal, que es un género que ni siquiera escuchaba cuando era chica. Y no se me ha hecho fácil asimilar esa cosa de celebridad por la cual todo Finlandia conoce mi cara. Los paparazzis me sacan fotos en la puerta de mi casa, cosa que no es muy agradable. Me tomó casi dos años entender qué lugar ocupo, incluso qué clase de cantante soy y qué quiere la gente de mí. No fue fácil, pero siempre sentí que esto no me cambiaba. (Piensa) O sea, sí nos ha cambiado, pero no en la dirección equivocada. Siento que nos ha empujado en una buena dirección y por eso estoy orgullosa de cada uno de los integrantes de la banda: ninguno usa drogas, por ejemplo. OK, todos toman alcohol, como buenos finlandeses, pero son muy buena gente, podés confiar en ellos. No estaría aquí si la situación fuera diferente.
–Cuando empezaste a cantar heavy metal, ¿tenías temor de que tu voz no encajara bien?
–No nací para cantar heavy metal. Cuando hicimos los primeros demos para Nightwish no me imaginaba cantando en vivo, frente al público. Desde el primer concierto, me llevó casi cuatro años sentirme cómoda con la banda. Tuve que descubrir por mí misma cómo cantar este estilo, no había maestros a los que recurrir, pero creo que hice mi camino. Recién en este último álbum puedo decir que hice bien mi parte, porque es más fácil de escuchar y porque lo pasé mejor en el estudio. Por eso puedo disfrutar más del éxito de Nightwish. Ha sido muy increíble ver cómo crecemos en muchos países. Y siempre hacemos la música que queremos, porque no hay sellos o diseñadores de imagen que nos digan qué tenemos que hacer, qué clase de canciones tenemos que componer para tener éxito en todo el mundo. Nunca fue de ese modo, pero siempre crecemos más y más. Y eso nos hace felices. No somos un producto.
–¿No son como
Evanescence, querés decir?
–Totalmente.
–¿Sienten que ellos les
robaron el formato?
–No... Tengo que admitir que cuando tuve por primera vez su disco en mis manos, pensé: ‘¡Mierda! Esto está bien producido y seguramente va a funcionar’. Y vendieron 15 millones de copias. Pero, la verdad, nunca quisimos estar en sus zapatos. Está bien que el sello haya armado a la banda, que la pusieran a ensayar y a componer durante medio año, y que después la metieran en todos lados. Fueron una moda, pero las modas llegan y pasan. Afortunadamente, su música es muy diferente de la nuestra. Lo único en común es que la chica tiene pelo largo como yo y que hacen una música pesada con una voz femenina, pero eso es todo.
–Cuando hacés conciertos clásicos, ¿van los fans
de Nightwish?
–Sí, hay muchos chicos con sus remeras negras, aunque sea un concierto en una iglesia o un teatro lírico. Hablé con muchas personas que habitualmente son público de música clásica y siempre me dicen que les parece bárbaro que vayan jóvenes a verme. Y para muchos de estos chicos es una experiencia nueva entrar a una iglesia. Sucede algo muy gracioso: por lo general, en estos conciertos sólo se aplaude al final, pero en los míos la gente de pone a aplaudir y a gritar entre tema y tema. En Europa es medio aburrido y las cantantes nos ponemos más nerviosas estamos ante gente que escucha todo el tiempo sin reaccionar. Pero en Buenos Aires es otra cosa.
–Aquí te enamoraste,
por ejemplo.
–(Se ríe) Es una historia graciosa, porque nunca esperé enamorarme de un argentino. Durante la primera gira de Nightwish por América del Sur, Marcelo (Cabulli, dueño del sello Nems) era el promotor. Y simplemente sucedió. Con el tiempo nos casamos y vivimos en Finlandia, pero tenemos una casa en Caballito. El viaja conmigo casi todo el tiempo, es muyagradable tener su apoyo. Y cuando tengo tiempo libre, nos venimos para Buenos Aires sin que nadie se entere. Siempre es agradable poder relajarme y no tener paparazzis en la puerta de casa. Aquí me reconocen mucho, incluso sin maquillaje, pero no como en Finlandia. Me encanta salir de compras, ir al Tigre... No manejo porque el tráfico me parece un lío y no quiero accidentarme (se ríe). Aquí hay muchas normas de tránsito a las que nadie parece respetar. Pero a Marcelo le cuesta manejar allá porque hay demasiadas reglas, que según él, son totalmente boludas.
–¿Cómo es tu vida
en Finlandia, cuando
no estás de gira?
–¡La pregunta debería ser cuándo no estoy de gira! He tenido que sacrificar muchas cosas que me gustan hacer, por ejemplo, estar con mis amigos. Y cuando vuelvo a mi casa de Kuusankoskio (130 kilómetros al este de Helsinki, la capital) tampoco podemos salir a tomarnos una cerveza a un bar porque todo el mundo quiere hablar conmigo. Por eso, prefiero invitar a mis amigos a casa y que nos tomemos la cerveza ahí. Cuando volvemos de gira tengo millones de cosas que hacer: el jardín, la ropa, limpiar la casa que está llena de polvo. Hay que limpiar, limpiar, limpiar...
–¿No es ese un buen
modo de bajar a tierra?
–Claro, porque ya no soy la estrella: tengo que ponerme a limpiar. No soy una estrella en casa ni con mis amigos. Para ellos no soy la cantante de Nightwish sino Tarja, cosa que aprecio mucho, porque no hay mucha gente que pueda entender por lo que paso. Incluso a mis padres se les hace difícil entender qué es lo que hace su hija, por qué siempre sale en los diarios. Cuando los veo, que lamentablemente no es muy seguido, no tengo ganas de hablar sobre lo que estuve haciendo sino disfrutar ese momento con ellos, pero de algún modo siempre llegamos al punto en el que empiezan: ‘Vamos, Tarja, contanos qué experiencias tuviste’. Y yo pienso: ‘Mierda, ni siquiera tengo ganas de acordarme’ (risas).
–¿Qué es lo más loco que te ha sucedido desde que sos una celebridad?
–El hecho de que haya fans que nos siguen por todas partes. Hoy me crucé con una chica que estuvo en nuestro concierto en Suiza hace un par de semanas: nos ha seguido por muchos países. Y hay gente de Japón y de Finlandia, también. La mayoría de ellos se tatúa el nombre de la banda. Eso me parece increíble, porque nunca seguiría a una banda por todo el mundo y nunca me tatuaría. Pero hay gente que trabaja en dos o tres lugares para ahorrar el dinero y poder seguirnos por todos lados. Todavía no entiendo qué es lo que ellos obtienen de nuestra música. ¿Es un sentimiento, una emoción, algo que los ayuda en su vida? Provoca cierto temor pensar qué pasará con esta gente si alguna vez la banda ya no existe. Pero no puedo pensar mucho en eso porque estaría todo el tiempo paranoica.

QUE ES NIGHTWISH

Un fenómeno

Nightwish se formó en 1996, como vehículo para las canciones del tecladista Tuomas Holopainen; al principio se trataba de un proyecto acústico y climático, pero pronto se pasaron a la guitarra eléctrica e incorporaron bajo y batería. En poco tiempo quedó conformada la personalidad de la banda, una especie de heavy metal sinfónico en el que resulta fundamental el registro soprano de Tarja. Nightwish recién debutó en vivo cuando ya tenía grabado su primer disco (Angels fall first, 1997) y los primeros shows eran muy espaciados, porque la vocalista todavía estaba en una academia de canto y porque dos de los miembros tenían que hacer el servicio militar obligatorio. La situación cambió radicalmente con el éxito de Oceanborn (1998), especialmente debido al single “Sacrament of wilderness”, que les abrió las puertas del resto de Europa. El tercer álbum, Whishmaster (2000), fue el primero en llegar al número 1 en Finlandia. En 2002, tras algunos cambios de integrantes, llegó Century child, que vendió 250 mil copias en todo el mundo. Once, el más reciente, fue grabado en Londres, en el mismo estudio y con la misma orquesta que Howard Shore usó para la banda sonora de El señor de los anillos. La gira actual es la más importante que emprendió Nightwish y el cartelito de “sold out” aparece casi todas las noches. Y pese a que no tiene un sello multinacional detrás, la nueva apuesta de la banda es conquistar Estados Unidos con su tour del año próximo.

 

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