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Domingo, 10 de abril de 2011

FAN › UN DRAMATURGO ELIGE SU ESCENA DE PELICULA FAVORITA: EDUARDO ROVNER Y ¿DONDE ESTAS HERMANO?, DE LOS HERMANOS COEN

El alma está para usarla

 Por Eduardo Rovner

Los Coen me rompieron la cabeza hace muchos años, desde Barton Fink, donde también empezó a deslumbrarme John Turturro. Después vinieron Fargo, que también es magistral, El gran Lebowski, ¿Dónde estás hermano? y otras. Ya eran demasiadas películas muy buenas y me empecé a preguntar por qué era que me gustaban tanto, qué tenían. Y lo cierto es que me siento muy identificado con algo que tienen los Coen: una poética de “lo increíble pero posible”, de la que también habla Peter Brook. Los hermanos Coen trabajan mucho con este concepto. Si uno se pone a pensar en la mayoría de las situaciones de sus películas, se encuentra con un punto en el que te decís: pero, esto es increíble” y sin embargo es perfectamente posible. Me acuerdo, por ejemplo, del comienzo de Fargo, con la pareja en la cama, y el tipo sirviéndole el desayuno a ella, hasta que ella se prepara para ir a trabajar y descubrís que es policía. Ella, fiel imagen de una esposa dulce y amorosa tiene que acudir a un llamado para investigar un accidente que posiblemente sea un asesinato. La situación genera sorpresa, y a la vez, no hay nada que uno diga que es imposible en la vida real. Sus películas están plagadas de sorpresas y cargadas de esta poética del absurdo que suele caer en la parodia y en la caricatura. Parodias y caricaturas muy particulares ya que se viven como reales.

Como hay caricatura en esta escena de ¿Dónde estás hermano?, que es una de mis favoritas. Aparece la caricatura del político en los candidatos a gobernadores, hay caricatura del Ku Klux Klan, y en el personaje de George Clooney, que es un tipo al que le gusta hablar “difícil”, con frases pulidas, bien estructuradas, pero que en el fondo lo que dice son las mayores barbaridades. Tiene algo de parodia de la intelectualidad más superflua. ¿Cuántos tipos conoce uno en la vida que se les da por hablar complicado, que te cuesta seguirlos y a los que una vez que los entendés, te das cuenta de que dijeron una barbaridad? Son lo que se llamaría intelectualoides ¿no?

La película está llena de grandes escenas pero la que más me gusta y me sorprendió, es cuando ellos se escapan de la cárcel, se hacen de un coche –no me acuerdo muy bien cómo– y se lo llevan por una ruta en la que no hay un alma hasta que llegan a un cruce de rutas donde vemos a un negro con el estuche de una guitarra. Y estos tres protagonistas, que están yendo a buscar el tesoro que había escondido uno de ellos antes de que lo metieran en la cárcel, en Memphis, justo se estaban haciendo la idea de formar un pequeño conjunto, para sacar algo de dinero para sobrevivir, cuando se les aparece este negro haciendo dedo y lo suben al auto. Comienzan a hablar y le preguntan: ¿Vos tocás bien la guitarra? A lo que él responde: Sí, toco muy bien. ¿Muy bien? Sí, muy muy bien. (Estoy citando de memoria, no me lo acuerdo textual, es una escena que me impresionó y no me la olvido más, aunque la haya visto hace más de diez años y cada tanto puedo volver a ver alguna parte de la película en cable.) “¿Y cómo hiciste para aprender a tocar tan bien?”, le preguntan. “Y, le vendí mi alma al diablo a cambio de tocar muy bien la guitarra”, dice el negro, a lo que el tipo que viaja al lado de él en los asientos traseros del auto le pregunta, sorprendido: ¿Para tocar bien la guitarra le vendiste el alma al diablo? Y la respuesta es: “Y, es que la usaba tan poco...”. Es una escena extraordinaria, porque dice con humor algo que parece increíble, fantástico, pero es real, es lo que nos pasa a todos hoy: usamos tan poco el alma...

No hay ninguna duda que absorbí mucho de lo que me gusta de las películas de los Coen para mis obras. Creo, además, que uno absorbe de todos lados. Cuando me preguntan cuáles son mis influencias yo digo: todo. Influyen las películas que vi, los libros que leí, las obras de otros, mis amigos, mis hermanos, los hombres y las mujeres que conocí; todo interviene. Y de los hermanos Coen me identifico con algo en particular; diría que en varias de mis obras usé ese humor, esa ironía que encierran algunas escenas dramáticas absurdas, patéticas. Y me inspiré en sus diálogos y personajes maravillosos.

Ahora, con respecto a esta escena en particular y el alma vendida, creo que capta algo del mundo en el que vivimos; que la espiritualidad está en decadencia en el mundo occidental. El dinero es el máximo valor y esto está especialmente claro en el cine, que es una industria.

La pregunta entonces sería si yo alguna vez sentí que vendí mi alma. Creo que, a diferencia de lo que pasa en el cine de Hollywood, en el teatro de arte hay muchísima gente que no sólo no gana dinero sino que lo pierde, que tiene que ponerlo de su bolsillo para hacer aquello que quiere; y creo que por eso es que en el teatro el alma, la espiritualidad, el arte, las ganas de expresar un conflicto, de denunciar una sociedad injusta, son más naturales e importantes que en el cine. Sigue siendo válido el concepto de teatro independiente. Pero, también tengo que decir que, con más de cuarenta obras escritas, no sé si jamás escribí pensando en el dinero. He tratado de no hacerlo, he tratado de expresar siempre conflictos propios o de la sociedad, y de usar recursos sorprendentes como los de los Coen en sus películas. Pero no me animo a decir que no, que nunca vendí mi alma. Siempre hay algunos condicionantes que uno acepta para poder hacerse un lugar en el mundo en que vivimos.


Eduardo Rovner acaba de estrenar Don Arturo Illia, con Luis Brandoni, Nacho Gadano, Manuela Pal y elenco, dirigidos por Héctor Gióvine. Las funciones son de miércoles a viernes a las 21, sábados a las 20 y a las 22 y domingos a las 19, en el Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062. Rovner también tiene en cartel desde esta semana dos unipersonales de su autoría y dirección: Te voy a matar, mamá, con Mercedes Funes, los sábados a las 21 y domingos a las 19, y Sócrates, el encantador de almas, los sábados a las 22.30, y domingos a las 20.30, en Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131. Informes: 4864-3200. Entradas: $ 50 cada obra, $ 80 el abono para ambas. Más información en: www.rovnerenkonex.blogspot.com/

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