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Domingo, 20 de marzo de 2016

SALI

PASTELERÍAS VIRTUALES

 Por Cecilia Boullosa

BIENVENIDOS LOS EXCESOS

Los tiempos cambiaron. Hoy una de las formas de llegar a ser un pastelero o cocinero conocido es tener una cuenta de Instagram. Algunos cursaron la carrera de gastronomía, otros son autodidactas, pero las redes sociales les sirvieron como forma de legitimación y comunicación. Si son exitosos ahí, los invitan a las ferias, se ponen una tienda o venden por delivery.

Ese es más o menos el camino que recorrió Valu Ramallo, que hoy tiene 93.000 seguidores, y subiendo. Esta pastelera de 26 años estudió en el IAG y comenzó a hacer su recorrido en cocinas –por ejemplo con Los Petersen en La Rural– cuando se dio cuenta de que cada foto que posteaba en Instagram tenía miles de likes. “Me pedían que vendiera. Y así arranqué. En mayo de 2015 abrí con mi hermano Carlos este local a media cuadra de mi casa”, cuenta, sentada en su negocio y frente a dos tortas de su factoría, las más exitosas: la doble Oreo y la choco Oreo, una cruza entre la doble Oreo y la chocotorta.

Valu hace lo que llama “una pastelería diferente”, en la que impera lo lúdico, los excesos y las golosinas como ingredientes. La premisa es “más es más”. Gomitas, galletitas, chocolates, confites, vauquitas, paletas, todo puede terminar en un pastel. El ejemplo más acabado es la torta Candy, una fija de cumpleaños infantil. El cheescake de maracuyá con leche condensada, la torta Bononon o la Going Banana (bizcocho húmedo de banana, nutella, chantilly, banana y dulce de leche) son otros clásicos de Valu. Los precios van de los $300 a los $450. En versiones individuales, hay cookies de Nutella, alfajorcitos de brownies o pepas de mantequilla de maní, entre otras especialidades.

La tienda de San Isidro solo funciona para hacer pedidos o take out. Otra opción para probar sus dulces es pasar por La Ruelle, una tienda donde se mecla decoración con venta de delis de Belgrano (Echeverría 2845). Y siempre está el intento de hacer la propia versión. Generosa, Valu comparte todas las recetas. En su Instagram, claro.

La tienda de Valu Ramallo queda en Liniers 600, San Isidro. Teléfono: 15-3697-9102. Horario de atención: lunes a viernes de 10 a 19 y sábados de 10 a 13. Instagram: valuramallo


TORTAS DE PELÍCULA

“La típica pastelería argentina me cansó. Desde que salí del colegio empecé a vender tortas, por el boca a boca. Pero siempre era lo mismo, un rogel, una marquise. Incluso yo, que siempre fui dulcera, me aburrí”, cuenta María Paz Tailhade, de 28 años, a quien sus conocidos llaman Kekus. En medio de esa crisis vocacional, comenzó a investigar qué estaba pasando afuera y dio con un estilo de tortas que es un éxito en países como Australia, Canadá y Estados Unidos. Son tortas bien altas –más de 15 centímetros–, imponentes y tan perfectas que, a la vista, incluso podrían parecer de utilería. Dripping cakes se llaman algunas de ellas, porque llevan una salsa chorreando –pero chorreando perfectamente– por arriba.

Kekus estudió gastronomía en el IAG y después se especializó en pastelería. También hizo un curso de fondant, pasta de goma y glacé en Miami. Trabajó en un hotel en Futalaufquen en la Patagonia y en el restaurante Florencia. El año pasado comenzó a prestarle más atención a su Instagram, que terminó convirtiéndose en un canal de ventas, donde hoy tiene casi 30 mil seguidores. “Mi Instagram representa el 99,9 por ciento de lo que vendo. Cuanto más seguidores tengo, más aumenta el trabajo”, dice. Como ejemplo cuenta que hace unos días la modelo y actriz María del Cerro subió una foto de una torta rosada, hermosa y muy “pipí-cucú” que le compró a Kekus. “En dos horas subí 2000 seguidores y recibí 100 mails con pedidos y consultas”.

Entre sus tortas, la más popular es la Pink, que lleva varias capas de degradé en rosa. También la Oreo Madness y la Candy Cake, una torta llena de golosinas que bien podría ilustrar el cuento de Hansel & Gretel. Entre sus ingredientes fetiche se encuentran los frutos secos, las frutas, el Nutella. Y hace perfectos macarons en sabores como el pistacho, el maracuyá y el cotton candy (algodón de azúcar).

Por ahora trabaja en su casa, a pedido, pero el plan es abrir pronto una tienda. “¡Mis seguidores me lo demandan!”, afirma.

Kekus Patisserie trabaja sólo por encargo. El mail es [email protected] Instagram: kekutailhade


CHUPETINES DE BIZCOCHUELO

Especializarse en un producto y hacerlo a la perfección. Esa fue la idea de Lorena Radivo cuando creó My Lovely Pops, su marca de cake pops. ¿Y qué son los cake pops? Una suerte de chupetines de bizcochuelo o de galletitas molidas, rellenos y bañados en chocolate. Como si fuesen mini-tortas, pero servidas en palitos. Hace algunos años los puso de moda la blogger Angie Dudley, conocida como Bakerella, y a partir de entonces se volvieron un trending topic en Estados Unidos, parecido a lo que en su momento sucedió con los cupcakes.

Radivo es autodidacta. Estudió ingeniería, trabajó muchos años haciendo páginas webs pero uno de sus pasatiempos favoritos siempre fue la pastelería, que practicaba puertas adentro, con sus cuatro hijos. “El año pasado tuve que empezar a buscar nuevos ingresos y se me ocurrió apostar por los cake pops, porque veía que no había mucho en el mercado local y lo que había no era muy rico”. Para que queden húmedos y esponjosos, Radivo combina la masa con diferentes cremas, pero buscando el equilibrio justo para que se mantenga en el palito. Una tarea que requiere obsesión por el detalle y mucha paciencia.

Los sabores del relleno pueden ser vainilla, chocolate, limón y chocotorta. Y en lo que respecta a la decoración se abre un mundo. Pueden ser desde simples bolitas cubiertas con granas de colores hasta adoptar la forma de personajes, animales, objetos. Pajaritos, pequeños pandas, búhos, frutillas son algunos de los diseños. También están los temáticos durante las fiestas: arbolitos de navidad, mini huevos o conejos de Pascua. Los que llevan más trabajo son los que están pintados con trazos finos. ¿Precios? Los más sofisticados, con diseño o temáticos, cuestan $240 la docena. Los simples, $200.

“Aunque lleve mucho trabajo, me encanta lo que hago. La paso bien”, resume Radivo, quien recién está empezando a utilizar Instagram, subiendo sus preciosas –y algo naif– fotos golosas.

Sin local a la calle, se puede contactar a My Lovely Pops al correo [email protected] o por whatsapp al 11-5578-5673. Instagram: my.lovely.pops

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