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Domingo, 14 de mayo de 2006

SALí

Hoy: A comer

Sana, sana

Una esquina dedicada a las delicias orgánicas.

Por Cecilia Sosa

Acaso para corroborar que la cultura gastronómica porteña conspira contra toda unidad temática o temporal, Radar salió a brindar por la diversidad descentrada y ofrece aquí un compilado de delicias orgánicas, coquetería francesa, restó de discos, y una cantina con tutti como las de antes.

En la verde esquina de Mansilla y Jean Jaurès está Arte sano, una antigua casa enteramente entregada a las delicias de la vida natural. Un alegre comedor recibe para desayunos, almuerzos, meriendas y cenas orgánicas que desmienten todo estoicismo y parecen provenir de algún infierno (naturista). Pollito orgánico, milanesas de berenjena, sandwiches de seitán, wok de verduras con tofu o pastel de puerros. Nunca faltan las tartas (en combinaciones asombrosas), las empanadas y las pizzas integrales. De postre, anímese al arroz con leche de soja o a un delicioso flan de manzana con miel y ricota.

Para los que prefieren ser sanos en casa, delivery día y noche, y siempre calentito. A toda hora contundentes pastafrolas de batata, galletones de algarroba con pasas, alfajores de maicena y budines galeses. Todo bajo en calorías, sin colesterol y totalmente natural.

Si anda con tiempo no deje sin pispear el coqueto almacén Arte sano: semillas sagradas (amaranto, quinoa, tirgo mate), algas para sushi, mieles, golosinas aptas para celíacos, un ejemplar del Kamasutra, sahumerios, velas y jabones artesanales y hasta un sector de perfumería para embellecer sin botox.

Y apenas un piso más arriba, un mundo de actividad eutónica: ejercicios bioenergéticos, tai chi, danzas árabes, flamenco, talleres de respiración, yoga y pilates.

Arte Sano queda en Mansilla 2740 (esquina Jean Jaurès), 4963-1513. Abre de lunes a sábados de 8 a 23.

Una mamma clásica

Las pastas de siempre, desde hace 18 años.

Por C. S.

Un clásico. De esos que nunca fallan. Y aún mejor. Un pedacito de la bella Italia en la bella Crespo. Desde hace 18 años La Mamma Rosa reina en la arbolada esquina de Jufré y Julián Alvarez con sus amplios ventanales, manteles amarillos y verdes, sus déco kitsch, sus sillas inglesas, sus turgentes potus y todo el encanto de Juan, su único dueño, que llegó de Italia a los cuatro años y buscando nombre pensó en la mamma.

De lunes a lunes, mediodías y noches encontrará un salón lleno y los mismos mozos de siempre que lo recibirán con sonrisa y la ya mítica panera con cargamento del mejor pan de pizza, manteca y platito de mortadela.

¿Cómo seguimos? Pastas, pastas y más pastas. Caserísimas y tan abundantes que obligan pensar de a dos. Ravioles, canelones, agnolottis o lo que sea, pero no se olvide de pedirlos con salsa de la casa (champiñones, jamón, bolognesa, tomate natural, crema, un toque de cognac y otro de oporto). Infartante.

También parrilla, afamada pizza a la piedra, mariscos y tortilla española. Entre los “manjares sugeridos” brillan el matambrito tiernizado, la paella a la valenciana, las mollejitas salteadas y las ranas a la provenzal. Y si adora los platos del día, tome nota: lunes, lentejas; martes, buseca; miércoles, polenta; viernes, mondongo a la bolognesa. Si está de suerte, el cocinero le preparará puchero. ¿Postres? Imperdibles los flanes y budines de panes caseros, el panquecón mixto (banana y manzana) y el tiramisú casero.

Exceptuando primeros de mayo y navidades, Mamma Rosa no cierra nunca. Su cálida abundancia, la amabilidad de sus vinos y sus amigables precios (no más de 20/25 pesos per tutti) la convierten en preferida de muchos. Desde los músicos de la Orquesta Nacional del Tango (que desenfundan con violín), familias y largas, larguísimas mesas de amigos.

La Mamma Rosa queda en Jufré 202. Reservas hasta las 21 al 4773-2913. Abre de lunes a lunes de 8 a 16 y de 20 al cierre. Estacionamiento propio.

Un hostal borgeano

El Aleph: mediodía, happy hour y meriendas.

Por C. S.

Por Chacabuco y apenas cruzando Belgrano, un frente pintado de rojo sorprende en medio de la desabrida apatía de Monserrat. El Aleph, un hostal que desde hace dos años recibe viajeros del mundo y ahora abrió como restó, atelier y sede de discos raros. Entre sus paredes naranjas, revistas de moda, libros de arte y música siempre linda, es casi imposible no conceder una sonrisa. Sobre todo si se está frente a un inmenso panini caprese o alguna de sus sublimes meriendas.

Los dueños son dos treintañeros largos que, tras una década de bancarios, se descubrieron pobres y aburridos, optaron por el hostal-restó y ahora van por la galería de arte en el sótano.

Al mediodía, ofrecen menúes ejecutivos ($ 15 con bebida y postre) con opciones mutantes de ravioles de pollo y verdura con crema de puerro, lomo relleno de hongos o el mejor pejerrey. Las noches de viernes y sábados, cuando las luces bajan, se alzan las croquetas de camarones y las costillitas de cerdo con batatas y milanesitas de manzana. Para el after office, El Aleph recibe con happy hour de cerveza y whisky importados a precios amigos. Ideales para degustar sobre los silloncetes Luis XV, regalados por abuela y retapizados por madre y, en lo posible, hojeando algún Borges, Soriano, Stevenson, Boccaccio o Kierkegaard, que se tocan sin pudor en la biblioteca.

Pero el verdadero trueno del lugar son las meriendas: espumoso café con leche, jugo de naranja, medialunas, tostadas recién hechas, manteca, mermeladas caseras, infaltable dulce de leche y hasta una porción de torta a sólo $ 4,8. Acompañe con buena música: elija entre la pila de rarezas en vinilo (también a la venta) y pida escuchar su mejor hallazgo.

El Aleph queda en Chacabuco 443, 4343-1938. Abre de lunes a jueves de 8 a 20, y viernes y sábados también noche.

Capricho de barrio

Un bar que recuerda los café-bistró parisinos.

Por Julieta Goldman

Hace apenas un mes, un viejo y antiguo quiosco/librería de barrio del boulevard Cerviño, pasó a ser Voulez Bar. Puro capricho de Carla Catuogno y Charol Salmun (ambas de 37 años) que, mientras veraneaban en José Ignacio, se empecinaron con el local de la esquina de Cerviño y República Arabe Siria. Viajes (mentales) a los típicos café-bistró parisinos, el coraje de abandonar sus rutinas en escribanías y el conocimiento de una de ellas de la patisserie francesa... y estamos a un paso de un deseo hecho restaurante. El nombre se deduce fácilmente: juego de palabras entre la calle que contiene al bar (Boulevard Cerviño) y la fusión del francés con el castellano (Voulez Bar).

Voulez Bar ofrece múltiples variables para cada una de las cuatro comidas. Muy recomendable arrancar con alguna de las distintas combinaciones de desayuno (entre $ 5 y $ 11), en especial el Francés (huevo poché, pan brioche relleno y jugo de naranjas) o el Voulez Bar (tostadas francesas de pan casero pasadas por huevo y azúcar), con mermeladas de frutos rojos y té (incluye carta especial de tés en hebras, con pétalos de flores, cítricos, secos, mediterráneos o digestivos).

El menú ejecutivo de mediodía ($ 18) varía por semana: ensaladas varias, con hojas verdes, parmesano, tomates, secos, croutons, calabaza asada y más ingredientes; ojo de bife con papas rústicas, pastas secas, risotto o pollo al ladrillo. No puede faltar la degustación del postre parisino por excelencia: creme bruleé de dulce de leche o crumble de peras con helado. A la hora de la merienda un mostrador exhibe tentadoras tortas caseras: cheese cake, voulez bar (discos de sablé de almendras con crocantes rellenos), hermana (con brownie), o bien un plan salado de sandwiches o alguna que otra picada.

Maderas viejas, muebles antiguos hechos a medida (gran espejo con barra, sillas, sillones, mesas) y vajilla de porcelana de colores cierran este coqueto círculo de inspiración francesa.

De 8 a 24, en Cerviño 3802.
Cierra los domingos. Tel: 4802-4817.

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