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Domingo, 24 de diciembre de 2006

VALE DECIR › YO ESTABA EN UN CLUB, NO HABíA CASI LUZ

El escándalo racista del ex Kramer de Seinfeld

Es del tipo de noticias que suelen caer como un mazazo sobre las cabezas de los fans incondicionales de las estrellas del espectáculo: un favorito de muchos mostrando inesperadamente su cara más oscura. A más de ocho años del final de Seinfeld, Michael Richards, el actor que encarnaba a Cosmo Kramer, lanzó unos cuantos exabruptos racistas en medio de uno de sus unipersonales en The Laugh Factory, un club de West Hollywood. Y, celulares e Internet mediante, quedó escrachado ante el mundo entero.

El penoso momento en que Richards insulta a un hombre que se encontraba entre el público y que osó gritarle que los chistes que estaba haciendo no eran graciosos, fue grabado con la camarita del teléfono de uno de los presentes, y subido casi automáticamente a la red. Se puede ver, por supuesto, en YouTube.com.

Así contaron el episodio Frank McBride y Kyle Doss, los dos principales agredidos: Richards se enojó con ellos por interrumpirlo para pedirse unos tragos. Uno de ellos le respondió que, de todas maneras, el show no tenía gracia. Las palabras del iracundo Richards se volvieron entonces especialmente insultantes, usando una y otra vez la expresión “nigger”, una manera de decir “negro” que, en la escala de la corrección política norteamericana, está en el extremo opuesto al de la fórmula “afroamericano”. Esto es lo que gritó el ex Kramer, textualmente: “Hace cincuenta años te hubiéramos puesto boca abajo con un tenedor en el culo. Podés hablar, podés hablar, ahora sos valiente, hijo de puta. Sáquenlo a patadas de acá. ¡Es un negro, es un negro! ¡Un negro, miren, hay un negro!”. En el video pueden escucharse además algunas exclamaciones de estupor y algunos abucheos del público. Antes de bajarse del escenario, Richards exclama: “Esto es lo que pasa cuando interrumpís a un hombre blanco”.

El asunto no terminó ahí. Los medios fueron a buscar primero a los damnificados, y luego acudieron a Jerry Seinfeld, quien dijo sentirse muy mal por lo sucedido y que estaba “seguro de que Michael se siente también muy mal por este horrible, horrible error. Es extremadamente ofensivo. Me siento terrible por toda la gente que ha sido lastimada”.

Tres días después de la presentación, Richards se presentó en el programa nocturno de David Letterman, donde ensayó una disculpa que para muchos no fue satisfactoria ni mucho menos. De hecho, señalaron varios medios, su discurso se pareció más a una “explicación” o a un descargo que a una sentida disculpa: “Yo estaba en un club tratando de sacar adelante mi show y me provocaron, y me lo tomé a mal y me enfurecí –dijo Richards–. Por volverme loco y decir esas locuras en el club, estoy profundamente afligido. Esto me tiene muy mal. Les pido muchas disculpas a quienes estaban presentes entre el público, a los negros, a los hispanos, a los blancos, a todos aquellos que recibieron el impacto de esa ira y ese odio y esa furia”. Luego extendió sus disculpas a varios líderes de la lucha por los derechos civiles, tales como los reverendos Jesse Jackson y Al Sharpton.

Por su parte, la abogada defensora de los muchachos agredidos exige una disculpa personal para sus clientes, con un juez delante que debería determinar si además corresponde una compensación monetaria. Mientras tanto, los seguidores del caso, en Internet y en los programas periodísticos norteamericanos, siguen discutiendo un pequeño “detalle” de un mea culpa televisado al que muchos calificaron de “estrategia de control de daños”: ese momento de su breve discurso en el que Richards recurre a la reciente catástrofe humanitaria desatada por el paso del huracán Katrina para hablar de un problema acaso “más grande”: del Gran Racismo que acosa a la nación antes que de un desliz ¿menor? como el de sus desafortunadas expresiones. O, en otras palabras, para aparentar disculparse sin disculparse sinceramente por nada.

Poco antes, un personaje bastante más poderoso que Richards como es el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, tuvo su propio patinazo racista –habría dicho, a puertas cerradas, que los cubanos y portorriqueños son naturalmente festivos y temperamentales debido a su combinación de sangre negra y sangre latina– pero pasó más o menos desapercibido. Richards no la va a tener tan fácil: el dueño de The Laugh Factory aseguró que el actor no volvería a pisar su club hasta que se hubiera disculpado, y los críticos todavía se preguntan si el ex Kramer encontrará en todo esto una oportunidad para relanzar su carrera, o si esto habrá de hundirlo para siempre (así como si sus repercusiones alcanzarán a dañar las ventas de las dos últimas temporadas en DVD de Seinfeld que aguardan su edición).

Para ver las filmaciones vía celular del show en que el ex Kramer perdió la compostura y las confusas disculpas que luego ofreció en el Show de Letterman, alcanza con tipear “Kramer” en el buscador de YouTube.com

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