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Domingo, 24 de enero de 2010

VALE DECIR

Vale decir

Dijo el cuervo: ¿nunca más?

La tumba de Edgar Allan Poe está en un cementerio de Baltimore, en Estados Unidos. Al principio lo enterraron en un rincón, cerca de su padre; no tuvo ni siquiera una lápida decente, apenas un bloque que decía “número 80”.

Murió en 1849 y no fue hasta 1875 que, luego de una campaña nacional para juntar fondos, lo movieron a un lugar más privilegiado, cerca de la capilla.

El 19 de enero se celebra el cumpleaños de Poe y en ese día, desde hace sesenta años, un misterioso personaje lo visita para dejarle un regalo. Verdadero connoisseur, no se dirige al monumento de 1875 sino que a la lápida que marca el lugar de la tumba original.

La tradición empezó en 1949, o al menos ése es el primer año en que se hizo referencia en el diario local. En 1978 Jeff Jerome, el curador de la Casa Museo de Poe, empezó a montar guardia cada 19 de enero para ver al misterioso personaje en las primeras horas del día: una figura vestida de negro con sombrero de ala ancha y bufanda blanca. El visitante levanta su copa para brindar por Poe; luego deposita tres rosas y la botella de coñac Martell sobre la tumba.

En 1993 dejó una nota: “La antorcha cambiará de mano”. En 1998, otra nota explicó que había habido una muerte y que ahora eran los hijos los que continuaban la tradición.

En el 2001 y en el 2004, el hombre que brinda con Poe dejó controversiales notas de carácter político. En el 2006 varios curiosos trataron de identificarlo para criticar que con sus notas estaba ensuciando la tradición del visitante original. Jerome el curador lamenta que la solemne ocasión haya sido interrumpida ese año.

La agencia de noticias Associated Press informa que en el último cumpleaños nadie fue a dejar rosas y coñac en el cementerio de Baltimore. “No sabemos si la tradición se terminó”, dice Jerome. “Sólo sabemos que este año no vino.”

Si viaja a la Nasa no lleve nada

En marzo se termina la vida útil de algunos transbordadores espaciales. La NASA, entonces, los pone a la venta. Se trata de las naves Discovery (que ya la reclamó el Smithsonian), Atlantis y Endeavour.

Están de oferta: del precio original de 42 millones por unidad, lo bajaron a 28,8 millones. Cuando hicieron pública la oferta, en diciembre pasado, cuenta el New York Times que la agencia espacial recibió apenas veinte llamadas de potenciales compradores.

“Confiamos en que nos contacten más interesados”, dice Mike Curie, uno de los voceros de la NASA, que aclara que reciben ofertas hasta el 19 de febrero. La rebaja del precio se hizo teniendo en cuenta que el transporte corre por cuenta de los compradores; no es poca cosa el costo del flete para semejantes mastodontes.

Los transbordadores espaciales usaban unos motores reusables construidos por la empresa Rocketdyne. Cada transbordador llevaba tres de esos motores; la NASA también los puso a la venta, por separado. El valor inicial fue entre 400 mil y 800 mil dólares.

Sin embargo, como no aparecieron interesados, y en el espíritu de liberar espacio en su gigantesco armario, la agencia espacial norteamericana decidió bajar el precio. Estos motores pesan tres toneladas y miden cuatro metros de largo por un metro y medio de diámetro. El que tenga forma de llevárselos, que se dé una vuelta por Cabo Cañaveral: la NASA se los regala al primero que pase.

Al abuelo que lo cuide el robot

Una población ideal y pujante es la que tiene una gran cantidad de jóvenes y adultos, una cuantiosa fuerza trabajadora. Sin embargo, en algunos afortunados países que rompen el record de la expectativa de vida sucede algo muy inconveniente: los ancianos se vuelven mayoría. En Japón, por ejemplo, la baja tasa de natalidad, combinada con la longevidad de sus habitantes, da como resultado una escasez de trabajadores que no hace más que empeorar día a día.

Para colmo no hay quién pueda cuidar a la gente mayor: los asilos y hospitales del país del Sol Naciente compiten por personal calificado. La demanda supera a la oferta por varios cuerpos.

“Japón quiere ser un pionero a la hora de resolver este problema”, declaró Motoki Korenaga, ministro de Comercio e Industria, a la agencia de noticias Agence France-Presse. Toyota y Honda, grandes compañías niponas, lideran el mundo en tecnología robótica y están invirtiendo grandes sumas de dinero para crear enfermeros robots.

Honda tiene a su famoso robot, Asimo, que puede servir el té y dirigir una orquesta. Toyota construye autómatas que saben tocar la trompeta y el violín. Incluso Sony vende un perrito robot, Aibo, desde hace varios años.

Claro que hay una enorme diferencia entre realizar estos trucos de salón y ser capaz de ofrecer verdadero cuidado a un ser humano, pero las compañías están absolutamente comprometidas a realizar esta hazaña y en menos de diez años.

Tienen el mejor incentivo posible: el tiempo pasa para todos, inclusive para ellos, y los ingenieros japoneses, simplemente, quieren asegurarse de que haya alguien para cuidarlos cuando les llegue el momento. ¿Para qué tener nietos cuando se pueden diseñar robots?

Aprendiendo a dibujar terroristas

¿Dónde está Osama bin Laden? Enemigo público número uno, arquitecto del derrumbe de las torres, entrenado por el imperio americano en el Afganistán de los años ‘80 y luego vuelto traidor a sus amos, ¿dónde está?

En el FBI, la punta de lanza de la lucha contra en el terrorismo, se abocaron a una tarea muy seria: analizar fotos del prófugo más importante y alterarlas digitalmente para saber cómo se vería hoy; no sea cosa que el paso del tiempo le sirva de refugio. Publicaron la foto de Osama bin Laden tal como se vería hoy si alguien se lo cruzara por la calle. La foto dio vuelta al mundo y apareció en todas partes. Como consecuencia, Gaspar Llamazares, diputado de la Izquierda Unida en España, está preocupado de que lo linchen si llega a poner un pie en los Estados Unidos.

Sucede que el FBI no usó un programa informático como habían dicho: al final terminaron recurriendo a buscar fotos en Internet para armar una especie de collage de Bin Laden. Llamazares, pobre, parece tener el fenotipo ideal del terrorista, porque es la segunda vez que lo usan para completar un retrato robot: ya sucedió en una foto del terrorista sirio Aityah Abd al Rahman.

“Esta gente dispara y luego pregunta”, ha dicho el diputado en una rueda de prensa, bastante consternado ante el hecho de que hayan usado la mitad superior de su cara para crear una foto de cómo se vería Osama bin Laden en este momento.

Según la agencia EFE, Llamazares declaró que esto no es ninguna casualidad y acusa al FBI de “prejuicio” y de “sectarismo ideológico”. Vaya novedad. Al fin y al cabo, en un país donde Obama le parece comunista a más de uno, la distancia entre un diputado de la Izquierda Unida y un terrorista islámico no debe parecer tan grande.

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