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Domingo, 26 de febrero de 2012

VALE DECIR

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Uno de los tantos usos que Facebook ha tenido en sus años de vida “útil” ha sido el de avergonzar a la gente. Casi nadie ha resistido la tentación de etiquetar a un amigo, pariente o conocido en una foto poco feliz, comprometedora o descuidada. Algunos toman el gesto como humorada y siguen adelante; otros levantan el guante y redoblan el ataque. Para el norteamericano Eric Olson, sin embargo, ninguna de las opciones fue suficiente y, cuando su tío Randall LaBrie posteó algunas imágenes suyas de niñez frente a un árbol de Navidad con comentarios agraviantes, el hombre de Minneapolis hizo algo más que ofenderse: le inició una denuncia legal por hostigamiento.

Pero las cosas no salieron bien: no sólo perdió el caso, tampoco pudo avanzar en sus intentos de apelar en tanto la Corte lo desechó sin pensarlo demasiado. Es que, según dictó la Justicia, se trataba de “comentarios maliciosos e irrespetuosos, acompañados por inocuas fotos familiares que no afectan la seguridad o privacidad de la persona”. Así y todo, no todos coinciden con el fallo: para el especialista legal en tecnología y marketing Eric Goldman, por ejemplo, habría que haberle dado más crédito a la declaración de la madre de Eric, que testificó que la conducta de LaBrie fue –en efecto– ofensiva.

Considerando que un estudio reciente realizado por el Centro de Estudios Pew avisa que –contrario a la creencia popular– Facebook no sólo no acerca a la gente sino que debilita las amistades y estimula los enfrentamientos, quizá sea mejor empezar a borrar a los parientes y dejar los tradicionales roces para fiestas de cumpleaños, aniversarios y otros inevitables campos de batalla. Y, claro, dejar que la Justicia invierta su tiempo en problemas serios. Sin etiquetar.

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