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Domingo, 7 de julio de 2013

VALE DECIR

Reglamentando la fuerza del cariño

El tradicional respeto por las figuras mayores que Oriente ha profesado por los siglos de los siglos parece haber comenzado a necesitar pequeños empujones o alicientes que sostengan la costumbre. De allí que el pasado lunes entrase en vigencia una peculiar ley en China, que obliga a los hijos adultos a visitar a sus padres con cierta frecuencia para evitar penas dispuestas por la Justicia. Así, para escaparles a demandas y sanciones, los vástagos deberán ayudar psíquica y físicamente a la sangre de su sangre y asomarse de tanto en tanto a sus hogares.

Aunque aún no queda claro cuál será el mínimo de visitas anuales ni cuáles serían las penas para quienes incumplan la ley, la intención del proyecto es clara: despertar la conciencia social en un momento en el que el país lidia con dificultades crecientes para cuidar a su población longeva. Según Xiao Jinming, profesor de derecho de la Universidad de Shandong y uno de los redactores de la propuesta, “la disposición se enfoca principalmente en resaltar el derecho de los ancianos a solicitar apoyo emocional y en enfatizar que tal necesidad existe”.

“Los chinos criamos a los niños para que cuiden de nosotros en nuestra vejez”, aseguró Wang Yi, una empleada doméstica de 57 años que vive sola en Shanghai y lamenta que sus dos hijos trabajen a cientos de kilómetros de distancia, razón por la cual solo logra verlos una vez al año. No es el único caso: después de repetidos informes donde se registraba la situación de desatención de madres y padres mayores de 60 años en sus requerimientos financieros, espirituales y cotidianos, la ley puso manos a la obra, intentando evitar que se rompan los valores de respeto por la tercera edad.

Es que, según el Comité Nacional Chino sobre Envejecimiento, el aumento en la expectativa de vida (de 41 a 73 años en las últimas cinco décadas) y las políticas de planificación familiar tendrán como consecuencia que las personas con más de 60 crezcan exponencialmente: de los 185 millones actuales a 487 para el año 2053. Con un solo hijo por pareja, los vástagos tendrán trabajo por delante. Por una vez, el deseo de que los padres no se separen será algo simplemente práctico.

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