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Domingo, 4 de mayo de 2003

PAGINA 3

Rescatando al soldado Lynch

POR EUGENE VOLOKH La cadena NBC planea producir una película sobre Jessica Lynch –la mujer soldado que los marines rescataron en Irak– incluso si no obtiene su autorización. ¿Pueden hacerlo? ¿No tendrían que comprarle los derechos de su vida para llevarla al cine? La respuesta a la primera pregunta es sí. La respuesta a la segunda es no, no tendrían que comprarle nada, al menos mientras la NBC decida apegarse a los hechos. Las personas no son dueñas de los derechos cinematográficos de sus vidas. Los hechos, incluso los hechos vinculados a la vida de los particulares, no son propiedad exclusiva de nadie. Por eso los diarios pueden escribir sobre las personas sin contar con su autorización, y por eso los biógrafos pueden redactar biografías “no autorizadas”. La expresión “derechos cinematográficos” proviene originalmente de la ley de copyright, que prescribe que los autores tengan el derecho exclusivo de autorizar películas basadas en sus obras de ficción. Pero la ley de copyright sólo protege expresiones creativas, no hechos. El así llamado “derecho de publicidad” concede a las personas un derecho limitado a controlar el uso comercial que se haga de sus nombres, sus apariencias y sus identidades. Pero ese derecho no se extiende a la transmisión de información, la biografía, la ficción y la gran mayoría de los productos de entretenimiento, y tampoco a la publicidad que se haga de esos productos. En general, el derecho de publicidad se aplica sólo a la publicidad comercial de otros productos y al merchandising. De modo que la NBC podría hacer una película sobre Jessica Lynch sin contar con su permiso, pero es probable que no pueda vender muñequitos Jessica Lynch. Del mismo modo, el así llamado agravio por “revelación de hechos privados” (que es una de las diversas teorías legales que suelen entrar en la categoría de “derecho a la privacidad”) permite que las personas frenen la publicación de ciertos hechos de carácter altamente íntimo referidos a sus vidas. Pero el alcance de este agravio es bastante exiguo y no se aplica a ningún hecho que la Corte considere “digno de comunicación periodística”. Así que la NBC podría dar a conocer hasta los detalles privados del cautiverio de la soldado Lynch. Y podrá hacerlo aun cuando se considere que Lynch es una “figura privada” antes que una “figura pública”. La ley reconoce que los hechos “dignos de comunicación periodística” pueden ocurrirles también a figuras privadas, y que es legal que esos eventos pasen a ser información o sean usados como base para filmar telefilms. ¿Por qué es tan común, entonces, oír que los estudios compran los “derechos cinematográficos” de las vidas de las personas? Una razón posible es para obtener la cooperación del individuo en cuestión. Es evidente que Lynch sabe muchas cosas de su cautiverio que los demás no saben (o no cuentan). Así que puede que la película que haga la gente de la NBC sea mucho mejor si consiguen acceder a Lynch y a su familia. Puede también que la NBC quiera obtener de Lynch la promesa de que no hablará con ninguna otra cadena de TV, para así poder vender su película como una “exclusividad”. Una segunda razón es que Lynch puede iniciar una demanda judicial si la NBC presenta algunos hechos de manera errónea. Si siente que hay errores en la película que ofenden su reputación, podría demandar a la cadena por difamación; pero incluso si esas afirmaciones falsas la beneficiaran, Lynch podría querellar a la NBC por colocarla bajo una “luz falsa”, en la medida en que una persona razonable se aviniera a considerarlas ofensivas. (Por ejemplo, si la NBC exagerara su heroísmo, Lynch podría hacer juicio bajo el pretexto de que a una persona razonable le resultaría altamente ofensivo atribuirse acciones heroicas que nunca cometió.) Y es muy posible que la NBC presente los hechos de manera errónea. Por ejemplo: dado que la cadena ignora exactamente cómo fueron las relaciones que estableció Lynchcon sus captores, todo diálogo y toda acción que decidan incluir en esas escenas tendrá que sufrir una ficcionalización sustancial. Asegurándose la cooperación de Lynch, la NBC también se aseguraría de que la soldado no la demande en caso de que se incurra en alguna inexactitud. En ese sentido, los “derechos cinematográficos” significan, en realidad, “el derecho a cometer errores”. Hay, finalmente, una tercera razón: aunque las normas antes descriptas están establecidas con claridad, sus límites precisos no siempre son del todo claros, lo que deja un margen para un amplio (y oneroso) debate legal. Así, los estudios pueden a veces pagarle dinero a un individuo para prevenirse del peligro de un juicio que –aun cuando pueda terminar en una derrota– podría posponer una producción de costos multimillonarios.

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