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Domingo, 28 de septiembre de 2014

LOS OJOS DEL PAVO REAL

FOTOGRAFíA Con la muestra Buscador 3, Sergio De Loof volvió a aparecer en sociedad y la inauguración en Foster Catena fue un éxito de convocatoria. Esta vez, el creador de El Dorado, Morocco y demás espacios míticos para el arte, la moda y la noche porteña aparece en su faceta de fotógrafo, con retratos de otros artistas como Marcia Schwartz, Nahuel Vecino, Deborah Pruden, Fabián Burgos, los Mondongo y Javier Barilaro, entre otros. Desde su casa en Berazategui, donde intenta salir de la melancolía, habla de sus días en Facebook, de por qué San Telmo le queda mejor que Palermo y cómo empezó a fotografiar a sus amigos.

 Por Santiago Rial Ungaro

“A lo largo de esta escalera sin fin como la escalera de Ezequiel se expande un Pavo Real cuya cola triunfal despliega un enjambre de ojos fabulosos; el espléndido pájaro, sin embargo, peca por el sarmiento de su andar y por el verbo irrisorio que el lagarto de su cuello mete como una astilla en la dispersa armonía.” Yendo en peregrinación hacia Berazategui a visitar y entrevistar al gran Pavo Real del mundo (y del mundillo) de arte, el célebre poema del poeta simbolista Saint Pol Roux, con su mención a los ojos crueles del pavo real, animal cuyas plumas parecen ojos, símbolo de la belleza, la gloria y la inmortalidad, pero también de la vanidad, funciona como una metáfora perfecta para presentar a De Loof: ya sea como diseñador, fotógrafo, decorador, anfitrión o lo que sea que haya emprendido, su figura tiene el esplendor de un pájaro fantástico, real y mítico, majestuoso y mágico; y también, por momentos medio pavo. Hace apenas días de la inauguración de la muestra de retratos fotográficos de De Loof en Foster Catena y la imagen que se encuentra al llegar a su casa en Berazategui contrasta fuertemente con esa imagen gloriosa: De Loof está tirado en la cama despertándose de la siesta y su padre le reprocha su indolencia; sólo pasan un par de minutos hasta que el gran Serge reacciona y ofrece comer un buen churrasco. “Desde que se murió mamá que siempre comemos churrasco”, comenta y empieza a hablar. El churrasco puede esperar. La charla transcurre en su hábitat actual: su cama. “Hace 5 años que estoy acá y no salgo nunca de la cama. Estoy todo el día en el Facebook, con la compu. No salgo ni a dar una vuelta a la manzana. Y la crisis me agarró acá: no puedo ir a inauguraciones de muestras ni a fiestas. ¿Por qué me agarró? Según los médicos estoy deprimido y ansioso. ¿Si no tengo un cuaderno? Sí, tengo un montón que me regalan. Pero no escribo nada: están todos en blanco.” Sergio está deprimido, o quizá sólo mimoso: por estos días, en la red social más conocida, lo suyo a veces bordea el patetismo, aunque su sentido del humor siempre resignifica todo. “Es cierto que Facebook coincidió con mi depresión, pero lo hago un poquito a propósito. Facebook es mi nuevo arte, casi como si fuera un reality mío. Y causar eso que vos decís es parte del trabajo. Es algo que hago para todas las personas que están mal. Yo estoy mal, pero podría no ponerlo y no ocuparme de los que están mal. Porque hay muchas personas que se identifican, yo creo que lo hago un poco por eso. Todo lo que veo exitoso de los demás me pone histérico y re envidioso. No soporto el éxito de los demás. Me da mucha envidia y siento que a mí ya me fue bien. Yo tengo más notas hechas que Matusalén.”

Otra paradoja “deloofeana”: una generosidad acomplejada, ya que cualquiera que vea las caras de los artistas retratados (lo mismo sucedió siempre en los poco convencionales modelos convocados por él para sus desfiles) no sólo va a reconocer a una selección impecable de artistas plásticos contemporáneos, sino que también va a encontrarse con la mirada cálida, confiada y hasta agradecida de los propios artistas mirando hacia la lente, y, finalmente, hacia el público. Además entonces de funcionar bien como muestra, El Buscador 3 (la serie ya incluye dos libros anteriores con el mismo nombre) reivindica ese don de De Loof, esa suerte de Andy Warhol de Remedios de Escalada, para los castings poco convencionales: “Hay una anécdota por la cual hago retratos, que es que cuando falleció Juan Calcarami pensé en que nunca le había hecho un retrato. Y eso me afectó, sentí que nunca le había hecho un homenaje, por eso empecé a hacer retratos de mis amigos. Ahora haría otra igual, porque siguen habiendo muchas personas a las que les quiero hacer retratos. Es infinita la cantidad de gente. No pararía de hacer fotos, pero voy a esperar primero que se termine de vender esta serie”. El día de la inauguración –en coincidencia con las muestras de los fotógrafos Juan José Souto, Laura Escobar y Lucila Grandin, todas muestras interesantes eclipsadas por el esperado regreso de De Loof a la vida social– los retratos de Marcia Schwartz, Sebastián Bonett, Nahuel Vecino, Deborah Pruden, Vicente Grondona, Fabián Burgos, los Mondongo, Javier Barilaro, Florencia Böthlick, Daniel Joglar y Patricio Rizzio convivieron con ellos mismos en persona. Nadie se quería perder la oportunidad de rendirle tributo al buscador, justamente el más buscado de la noche. “La verdad es que me quedo mudo ante el afecto de la gente. Vino todo tipo de personas y además vendí. La muestra empezó con la idea: ahorré algo de plata y organicé un asado en la casa de Deborah Pruden. Ahí convocamos a la gente y con muy poco presupuesto hice las fotos con una cámara muy buena de Javier Barilaro.”

RUY KRYGIER

Como el Pavo Real del poema, De Loof tiene una mirada voraz y fabulosa, una mirada múltiple que siempre supo cambiarle el sentido a los objetos (convirtiendo viejos trapos en alta costura, basura en un decorado rococó) pero también a las personas que lo rodean: y es que como todo monarca, De Loof lo que más extraña y sufre es la ausencia de un séquito. Como bien demostró la inauguración de la muestra, entrar en su órbita aún conserva algo fantástico, ya su capacidad para brindar cierto reconocimiento, una protección, una contención virtual o la extraña inspiración que supo ofrecer un artista que siempre vivió como tal. Aun detrás de las máscaras y los disfraces De Loof, toda su vida supo hacer valer su sensibilidad, su mirada. Lo mismo que lleva a De Loof a estar momentáneamente postrado es lo que hace, curiosamente, que la gente lo quiera. O le tema. “Me gusta que salgan gente como Nahuel Vecino (al que hace poco le ofrecieron dinero para hacer de modelo de Fénix y rechazó la propuesta), Deborah Pruden y Ruy Krieguer, gente que es muy difícil de conseguir, que tiene bajo perfil y no sale nunca. Lo hacen por mí, porque me quieren. Y aunque lo hice con muy poca producción me quedaron lindos todos, ninguno de los que posó me quedó feo. Yo se lo adjudico a Dios porque es muy difícil que salgan lindos todos.” ¿Será que acaso, De Loof, como Poli Armentano, no tiene enemigos? “Puede ser, es cierto que soy bastante temido, aunque creo que no me perjudicó mucho eso. Hay muchos chetos que no me quieren porque estoy viejo, o porque vivo en Berazategui. Pero hay muchos chetos que me quieren. Es más o menos parejo.” Más allá de los choreos (como el de la marca de indumentaria Bolivia), los “homenajes” (en su momento la galería Belleza & Felicidad), el cansancio y los excesos (“me quedé sin ideas”) el problema quizás es que Serge es muy sensible. Y un problema que no tiene solución, ya no es un problema: “Mi médico que dice que salgo al toque porque no soy una persona para estar así. No sé cómo voy a salir, creo que lo de mi mamá me mató. Fue el 18 de febrero en Miramar, se quedó dormida, así que tuvo una buena muerte”. Aunque el luto por su adorada madre se entienda, también da la impresión de que al creador de Bolivia, El Dorado, Caniche, Morocco, Café París, El Diamante, La Victoria y demás espacios míticos para el arte, la moda y la noche porteña, los aires de San Telmo le resultaron más propicios que los de Palermo. Cuando se le pregunta si quizá sea un poco “palermofóbico”, De Loof se ríe: “No sé si echarle la culpa a Palermo, si quizás a haberme dedicado más al alcoholismo y a la droga que a otra cosa. Y eso me pasó en Palermo. Pero ahí también hice buena plata, viajé mucho, fui a Porto Alegre, a Bolivia, a México, hice un desfile”. De Loof es consciente, quizá demasiado, de sus propios errores. ¿Será que el “verbo irrisorio” de este Pavo Real le generó cierta condena social? “Sí, capaz que yo lo percibo así y estoy errado, porque la convocatoria de la muestra dice otra cosa. ¿Si no me estoy autoboicoteando, diciendo que ya a las 3 de la tarde estoy borracho? Sí, pero lo hago igual: el bar y el autoboicot. No sé, a mí me encantaría poner un restaurante chiquitito, supongo que ya se va a dar. El problema es que fui demasiado top demasiadas veces. Eso me afecta. En realidad no me sorprende la convocatoria de la otra vez, he tenido aplausos de pie de todo un auditorio, varias veces. Estoy demasiado agrandado para ser feliz.” Finalmente, De Loof se levanta de la cama. Es hora de comer los churrascos.

La muestra El Buscador 3, de Sergio De Loof, se podrá visitar hasta el 24 de octubre en Foster Catena, Honduras 4882, piso 1, de martes a sábado de 13 a 19.30. También muestran Juan José Souto, Laura Escobar y Lucila Gradin.

JULIANA LAFFITTE Y MANUEL MENDANHA (MONDONGO)

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