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Domingo, 23 de noviembre de 2014

MEDIO Y MEDIO

ENTREVISTA Desde que el año pasado cumplió 60, Jaime Roos se la pasa vaciando cajones. De paso por Buenos Aires para acompañar la salida del disco En vivo en el Río de la Plata, donde recopila los mejores momentos de sus recitales de los últimos siete años, revela que desde que empezó a trabajar en su biografía con la historiadora Milita Alfaro, concibe toda su obra como si fuera un mural en el que incluso la pieza más pequeña es parte de un todo. Además, se confiesa como un beatlemaníaco de toda la vida, recuerda sus enojos con Charly García y asegura que aunque anda cascarrabias está componiendo canciones nuevas. Y como si fuera poco, revela por quién votó en las elecciones presidenciales uruguayas que el próximo domingo se definirán en segunda vuelta

 Por Martín Pérez

Una pelota celeste. Pero no cualquier pelota, sino una de fútbol. Y de las viejas, cosida y de tiento. “La del mundial del 30”, aclara Jaime Roos, disfrutando del dibujo que ilustra la portada de su último disco, que lleva su nombre y la pelota enmarcados en un escudo garabateado, como si fuera el de un club. “Todo puede cambiar, pero el escudo es lo que queda”, asegura el autor de canciones como “Los olímpicos” o “Las luces del estadio”, habitadas por inequívocas metáforas futboleras. “Y agregaría algo más: la hinchada. Porque ésos siempre están, nunca se van a ningún lado.”

De breve visita porteña para acompañar la salida de En vivo en el Río de la Plata, una antología de sus recitales de los últimos siete años, Roos explica que el dibujo fue un regalo del artista argentino Tomás Spicolli. Convocado para dibujar fondos de escenario en los shows que realizó acompañando el estreno de 3 millones, el personalísimo documental que produjo junto a su hijo Yamandú sobre el papel de la selección uruguaya en el mundial de Sudáfrica, aquel trabajo de Spicolli ilustra también el arte del nuevo disco. “Esta para mí es la orquesta”, asegura, señalando una ilustración que muestra a los jugadores peleando por la pelota. “Y éste es el público”, dice señalando otra, la de la tribuna alentando o, mejor aún, celebrando un gol.

Sin embargo, revela Jaime, ese escudo ahora en tapa nadie lo pidió ni se usó en aquellos recitales –de los que, dicho sea de paso, no quedó registro alguno, y por lo tanto no forman parte de la antología–, sino que fue un regalo que le hizo Spicolli cuando se conocieron. “Para mí, esto sos vos”, le explicó al dárselo. “Todo un honor”, asegura hoy Jaime con una sonrisa. “Con doble significado, porque se trata de un artista argentino. Lo que completa el círculo rioplatense”, aclara Roos, que ya es tan local por estos pagos, que se puede dar el lujo de permitirse tocar temas como “Cuando juega Uruguay” –estribillo Vamo’ arriba la Celeste incluido– en sus shows, sin que nadie entre el público se atreva a reprochárselo.

Es más: el mes pasado la Legislatura porteña lo declaró Huésped de Honor de la ciudad. “Ya me habían nombrado Visitante Ilustre en el ’95”, aclara. “Me lo entregó el presidente del Concejo Deliberante de la época, al que un año después lo vi esposado en una foto, con el pelo teñido, bajando de un avión en Ezeiza, traído por la Interpol desde Río”, se divierte recordando Jaime, que sin embargo señala que toma semejantes honores oficiales como muestras de cariño y respeto siempre bienvenidas. A los 61 años, el artista que es una selección de música uruguaya por sí solo, sabe ser preciso con los detalles, pero no se preocupa por minucias. Simplemente se enorgullece al presentar un disco en vivo que puede ser –concede– secundario. Pero desde el punto de vista de su obra, a la que le gusta comparar con un mural, asegura que no deja de ser tan necesario como los más reconocidos de su carrera.

EL TREMENDO ESFUERZO DE LA MEMORIA

Un mural. Así es como elige denominar Roos al conjunto de su obra, ahora que la observa desde su sexta década de vida. “Comenzó hace 38 años, con mi primer álbum. Y desde entonces se le han ido agregando discos, canciones, producciones artísticas, seis audiovisuales, un largometraje como 3 millones”, enumera Jaime, y podría seguir. Comenzó a pensar de esa manera, aclara, al empezar a trabajar junto a Milita Alfaro en lo que será su biografía, que debería estar lista para el año que viene. “Ese mural se vio expuesto después de haberme entregado al tremendo esfuerzo de memoria e introspección que significó la charla sostenida durante un par de años con Milita para el libro”, intenta explicar Roos, que asegura que a partir de ese momento sintió la necesidad de ordenar la casa, y así nacieron –en medio del sabático que decidió permitirse luego de 3 millones– proyectos como Cine Metropol, el disco que editó el año pasado con temas compuesto para cine y teatro, ajenos a su discografía oficial. Y este álbum en vivo, desgajado a partir de recitales editados en DVD pero nunca en disco. “Cada vez que sacábamos uno, en diferentes discográficas, proponía también hacer un disco, y siempre me decían que no hacía falta. Allá ellos. Pero ahora yo me saqué el gusto”, asegura.

Autora de lo que hasta ahora era lo más parecido a una biografía de Jaime, el hoy inconseguible libro de conversaciones El sonido de la calle, editado antes de la salida de su disco Sur, a fines de los 80, Milita es toda una autoridad en lo que respecta a las manifestaciones populares musicales y el carnaval uruguayo. Y también es la hija de Hugo Alfaro, redactor responsable de la revista Marcha y luego de Brecha. Justamente, Jaime recuerda que la conoció cuando lo entrevistó para Brecha en ocasión de la salida de Brindis por Pierrot. “Cuando la vi publicada me pareció espectacular. Y por eso fue que, un año después, acepté cuando me propuso que hiciéramos un libro, a pesar de que yo llevaba recién tres años en Montevideo, después de haber vivido diez en Europa.” Desde entonces y hasta ahora, Jaime asegura que más de una vez hubo periodistas importantes que se le acercaron con la propuesta de hacer una biografía suya. Pero siempre lo agarraban en la mitad de algo, así que consideraba que no era el momento. Después de 3 millones, sin embargo, aceptó prestarle su archivo personal a Milita, y sentarse con ella a recordar su vida. “Acepté hacerlo con ella porque, a pesar de ser amiga, es una historiadora reconocida y muy rigurosa. Me conoce mucho, y además está intentando no ser complaciente. Vamos a ver”, se ríe Roos, que asegura que no va a quedar nada afuera del libro. Ni siquiera aquellas viejas columnas para la revista Jaque, donde criticó ferozmente tanto a la Nueva Trova Cubana como al rock argentino con Charly García a la cabeza. “Yo me enojé con Charly por considerarlo el Talking Head argentino, cuando siempre fue un excelente letrista; original, poético y jugado, con un bruto talento musical. El otro día vi una versión de ‘Yo no quiero volverme tan loco’ con Seru Giran, año 82. Eso era una estrella de rock”, se entusiasma Jaime, que en aquella columna publicada en 1985 consideraba que García, que acababa de publicar nada menos que Piano Bar, estaba meramente copiando al rock anglosajón.

Pero no es justamente por las polémicas periodísticas que Jaime Roos se merece su biografía, sino por su obra, ese mural, según su particular punto de vista. “Cuando yo te hablo de mural es porque pienso que estas piezas que te enumeré antes son baldosas que ilustran un universo personal. Y a eso yo le digo el mural”, vuelve a explicar. “A ver: considero que la película 3 millones es tan importante para mi trayectoria como lo es el álbum Estamos rodeados, simplemente se expresa en otro lenguaje. Pero, en definitiva, está hablando de una visión del mundo incluida dentro de ese universo, dentro de ese mural”, dice, terminando de redondear una mirada a la que se puede considerar sabia, ya que le permite evitar una inevitable pelea consigo mismo, la que suelen sufrir los artistas de larga trayectoria, para los que cada disco nuevo deberá luchar en la batea de las disquerías –o las memorias de las computadoras– con la mejor versión de sí mismos, una al lado de la otra. “Esa es una mirada que yo no acepto –se rebela sin embargo Jaime al escuchar el razonamiento–. Porque yo nunca acepté la presión de hacer un nuevo disco, nunca acepté competir conmigo mismo y mucho menos autoplagiarme.”

¿Te pasa que alguna vez decís: esto ya lo hice?

–Claro que me pasa. Y siempre me pasó. Yo siempre tiré más hojas al cesto de las que quedaron. En este momento, por ejemplo, estoy escribiendo canciones. Y estoy dudando porque estoy siendo un poco negativo. Así que me digo, tranquilo, no te pongas cascarrabias. Algo que es propio de mi edad, porque hay muchas ilusiones que se han visto traicionadas. No por uno mismo, sino por lo que uno pretende que sea el mundo exterior. Así que me conformo con estar en un momento de contemplación e información. Tratando de poner los papeles de mi casa en orden, acomodando el jardín de mi casa en La Floresta, poniéndome al día con la informática. Yo sé que la gente siempre espera un nuevo disco mío porque me lo dicen. Pero cuando salió Fuera de ambiente recuerdo que muchos me daban por muerto. Y no.

INSTINTO E INTELECTO

Una de las características de la música de Jaime Roos, más allá de los ritmos, estilos y referencias, son esos pequeños testimonios sonoros que enmarcan sus grabaciones; esos gritos, ruidos y comentarios que parecen ocasionales pero terminan formando parte de la canción, al punto de que más de una vez su autor se empecina en reproducirlos en vivo. Y, por supuesto, también se los puede descubrir en En vivo en el Río de la Plata, su nuevo disco. ¿De dónde salen esos momentos?

“¿Vos decís las apostillas que voy generando? Son una mezcla de instinto e intelecto, como todo lo que hago. Primero es el instinto. Segundo, el intelecto que lo filtra. Y tercero, el resultado. Es parte de la música. Y muchas veces, se mantienen. Por ejemplo, los comentarios del coro en ‘Los olímpicos’ van cambiando con los años, pero tienen que estar. Porque es tablado”, explica, y agrega otro ejemplo de la misma canción, cuando el coro repite “uruguayos”, “dónde fueron”, “a parar”. “¡Es el Submarino amarillo!”, revela, y entonces canta: “In the town, where I was born”. “¡Eso es puro John Lennon!”, se entusiasma.

Si bien su música no imita a los Beatles, aclara Jaime, él decididamente viene de la escuela Beatle. Y por eso a veces se enoja con colegas que hablan mucho de ellos, pero cuando escucha la música que hacen no parece que los hubiesen escuchado. “Son una enciclopedia, conocen todos los temas, saben el orden de los discos, pero al final fueron impermeables –se ríe Roos–. En el caso mío no sólo he sido un beatlemaníaco, sino que siempre han sido mi Biblia estética, y la he mantenido. Esos comentarios, esos gritos, antes y después de las canciones, hay mucho de lúdico en eso. Pero si le quitás eso a la música, hay algo que le está faltando y es raro, porque en apariencia no deja de ser algo superficial, que un tipo grite o no una cosa. Pero, ¿sabés qué? Es parte de la partitura.”

Parte de la partitura es también el hecho de que, si bien el material que compone En vivo en el Río de la Plata está extraído de varios shows, sus diecisiete temas fueron ordenados como si se tratase de uno solo. Incluso tiene un tema elegido como para un cierre, vienen los aplausos y los gritos y llega el bis. “¡Me alegra que te hayas dado cuenta!”, se ríe. “Es así, tiene lógica de show. Arranca arriba, después baja, levanta en el medio, baja de vuelta y otra vez levanta al final. Pretendí hacer un concierto, una hora y diez de música, que con lo que uno habla entre las canciones se convierte en un recital de hora y media”, se entusiasma Roos, orgulloso y entusiasta con su trabajo, pero también con ganas de volver enseguida a casa para seguir con su sabático. Y para votar en la segunda vuelta de las elecciones uruguayas. “Nunca hablo de política antes de las elecciones, pero ahora que pasó la primera ronda puedo decir que voté al partido Independiente, una escisión del Frente Amplio –confiesa casi terminando la entrevista–. Eso sí, espero que el Frente, que va a ganar la segunda vuelta sin lugar a dudas, acometa con energía puntos cruciales como la educación y la seguridad pública. Porque tuvo un enorme éxito donde todas las aves agoreras decían que iba a fracasar, en la economía y en el respeto al sistema democrático. Pero aquellos puntos donde supuestamente una fuerza de izquierda tiene que trabajar mejor, como es en nivelar la igualdad de oportunidades a través de la educación pública, quedaron en deuda. Y ahí nos estamos rifando el futuro.”

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