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Domingo, 3 de enero de 2016

DIBUJO > DURAREMOS MáS QUE EL TIEMPO

NO ME LAVO MAS LA MANO

A partir de las consignas del artista y docente de plástica Lanfranco Ezpeleta, alumnos de entre 12 y 18 años de Valentín Alsina, Villa Caraza, Villa Jardín y Monte Chingolo dibujaron en hojas de carpeta tatuajes, grafittis y sus propias manos intervenidas. Cien dibujos que forman una iconografía adolescente donde se mezclan lo íntimo, lo barrial y lo ritual. Después de una muestra, ahora forman parte de un bello libro de imágenes llamado Duraremos más que el tiempo que editó la platense Ediciones Presente de Tamara Domenech.

 Por Mercedes Halfon

Duraremos más que el tiempo es el título de una antología de tatuajes y graffitis realizados por adolescentes de zona sur de la provincia de Buenos Aires. Claro que no son tatuajes y graffitis reales, sino soñados y dibujados en hojas de carpeta, a partir de las consignas y el estímulo de Lanfranco Ezpeleta, un artista y docente de plástica. Trabajó con alumnos de entre 12 y 18 años de Valentín Alsina, Villa Caraza, Villa Jardín y Monte Chingolo; el resultado fueron cien dibujos que ahora forman parte de un bello librito de imágenes editado por la platense Ediciones Presente De esta mescolanza de lo íntimo, lo barrial y lo ritual, surge toda una iconografía adolescente que sorprende en la filigrana de su autenticidad. Lo que viene de lejos y parece trasmitirse vía tinta sanguínea, junto a lo nuevo y aun desconocido: garabatos darks y smiles, Simpsons y Yingyang, nubes y rayos de tormenta, marcas deportivas como si fueran clubs de fútbol, clubs de fútbol, rosarios, simbolitos de la paz, pirañas, corazones, rosas y diamantes

Se supone que un tatuaje dura para toda la vida. Pero tiene la rara cualidad de parecer siempre recién pintado, una muestra de los intereses de una persona en un momento dado. Los graffitis son menos perdurables, pero guardan un parecido. En ambos se vuelcan dibujos y palabras valiosas, importantes para alguien. Pueden ser ilusiones, gritos acallados o simplemente caprichos: algo bello y sin finalidad. Duraremos más que el tiempo es el título de una antología de tatuajes y graffitis realizados por adolescentes de zona sur de la provincia de Buenos Aires. Claro que no son tatuajes y graffitis reales, sino soñados y dibujados en hojas de carpeta, a partir de las consignas y el estímulo de Lanfranco Ezpeleta, un artista y docente de plástica. Trabajó con alumnos de entre 12 y 18 años de Valentín Alsina, Villa Caraza, Villa Jardín y Monte Chingolo; el resultado fueron cien dibujos que ahora forman parte de un bello librito de imágenes editado por la platense Ediciones Presente.

Pensar el papel como una extensión de la piel. Algo de esto se vislumbra en las imágenes de Duraremos más que el tiempo. Dos series diferentes pero con similitudes, creadas a partir de dos consignas: la primera fue que cada chico realizara un mural personal en el que volcara sus experiencias, referentes, miedos, etc. tomando como inspiración el paisaje barrial en el que las paredes reciben desde campañas políticas a declaraciones de amor. La otra propuesta, más sugestiva y singular era que cada alumno dibujara el contorno de su mano y en ese espacio volcara emociones e ideas, previa visión de los bellísimos tatuajes hindúes —que se realizan con significado ritual en pies y manos de mujeres— y de los propios tatuajes que algunos de ellos tenían.

De esta mescolanza de lo íntimo, lo barrial y lo ritual, surge toda una iconografía adolescente que sorprende en la filigrana de su autenticidad. Lo que viene de lejos y parece trasmitirse vía tinta sanguínea, junto a lo nuevo y aun desconocido: garabatos darks y smiles, Simpsons y Yingyang, nubes y rayos de tormenta, marcas deportivas como si fueran clubs de fútbol, clubs de fútbol, rosarios, simbolitos de la paz, pirañas, corazones, rosas y diamantes. Lanfranco Ezpeleta explica acerca de los dibujos: “Me sorprenden las capas de información indescifrable y misteriosa que aparecen, el camuflaje es increíble. Puedo volver a observarlos una y otra vez y descubrir cosas nuevas. Estos dibujos son obras de arte. Poseen un lenguaje plástico y un poder de síntesis notables.”

Tanto entusiasmo provocaron los trabajos en él y en los chicos que armaron una muestra que estuvo colgada de octubre a noviembre en Oficina Proyectista. Con el cierre llegó el libro. La impulsora fue Tamara Domenech, poeta y agitadora cultural de La Plata, que con su sello Ediciones Presente trabaja una idea de la edición que dista bastante aun de la que promulgan las más independientes de las editoriales: “Me interesó mostrar un proceso, entender la edición como una práctica etnográfica de lo viviente, además de que sea una práctica consagratoria de lo sucedido. Para mí la poesía está en distintos lugares, como por ejemplo, en la constelación que se produce entre un docente y un grupo de alumnos, en esa intimidad, un ritual de dibujos y palabras que marcan de manera invisible el tiempo del cuerpo.”

Además de dibujos, en las imágenes hay palabras y frases contundentes, como la que da título al libro. Esa hermosa sentencia estaba en el dibujo de una chica, que decidió escribir en el contorno de su mano el lema de amor que tenían con su ex novio. Pero, hay que decir que la idea de durar y perdurar, es la que hizo que los mundos de estos adolescentes hayan llegado a nosotros. Con esa línea se abre la pregunta por la trascendencia (como dice el poema de Roberta Iannamico que prologa el libro “No me lavo más la mano/ toqué el universo infinito”) parte de la vida, pero también de todo proceso artístico. Como dice Ezpeleta: “Esta edición es la posibilidad de mostrar y compartir lo que piensan y sienten los jóvenes, que su producción circule y sea valorada en distintos circuitos y sobre todo que ellos amplíen su espectro y puedan considerar su trabajo creativo como un hecho artístico. Debo decir que no todo es color de rosas, la vida de muchos de mis alumnos es muy dura, pero pese a lo que les pasa, admiro su fuerza, alegría y entusiasmo.”

Es ese impulso hacia delante lo que hace estos dibujos tan frescos, jóvenes eternamente, que contagian energía a quién se detenga en su superficie, como un mural recién pintado.

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