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Domingo, 11 de abril de 2004

RADIO

Atravesando rejas

Todos las noches, entre las doce y media y las cuatro de la mañana, sale al aire El Correo de los Privados (97.3), un programa destinado a quienes tienen familiares presos y que además sirve como comunicación entre los internos de los penales. Como en muchos otros programas a esa hora, hay llamados al aire, saludos, mensajes y canciones dedicadas. Pero en éste, se envían o se reciben desde Batán, Los Hornos, Ezeiza, Prefectura, Sierra Chica, Olmos, Devoto, Instituto Agote, Instituto San Martín, y comisarías del Conurbano y de Capital. Su conductor, Carlos Ruiz Díaz, cuenta cómo hace el programa, quiénes se oponen, cuál es su relación con los oyentes y por qué la cumbia
es el himno de los pobres.

Por Manuel Ruy Moreno

“Esta es la historia del gaucho y la rusita. Fue mi novia a los dieciséis años, hoy tenemos cuarenta. Como les suele suceder a los adolescentes, nos dejamos de ver y con el tiempo cada uno formó su familia, sin olvidarnos nunca de aquel despertar en el amor. Hace algunos meses me enteré de una desgracia familiar y la llamé para darle el pésame, ahí le conté que estaba privado de mi libertad. Sin preguntarme por qué, me preguntó si podía visitarme. A partir del 16 de diciembre, todos los martes vuelve ese cosquilleo inexplicable que es el amor.”
“Contigo por amor” es la nueva consigna de El Correo de los Privados de la 97.3 FM (Radio Studio), que sale al aire todos los días de 0.30 a 4 AM, un programa destinado a la gente que tiene familiares presos, que llama y envía mensajes y saludos, pero también comunica a los internos de los penales. Abriéndose paso por la calle O’Brian desfilan negocios de ropa, locales de comidas paraguayas, fast foods criollos custodiados por las figuras enjauladas de San Jorge y la Virgen de Luján donde la rocola es obligación y afiches promocionales en letras flúo de Lalo y los descalzos, hasta llegar al número 1210, donde antes estaba el buzón para los “de afuera” con el nombre del programa pintado y ahora sólo hay un cartel y un portero eléctrico. Esa es la zona de Constitución donde cumbieros, cachaqueros, chamameceros y polkeros delimitan a cada paso ese territorio donde la música los convierte en involuntarias tribus urbanas.
–No somos una radio tumbera –dice Carlos Ruiz Díaz, locutor, 31 años-. Sino un puente incondicional entre los privados de libertad y sus familiares o amigos. Por ejemplo, hoy me llamó Miguel, de Avellaneda, que me dijo: “Te voy a contar algo que me da mucha vergüenza. Yo estuve privado de libertad pero ahora estoy trabajando en blanco aquí en el barrio. Estuve 10 años privado y ahora salí. Perdí todo, familia, trabajo. A mí la sociedad no me dio la espalda pero yo tampoco quise demostrarle que tengo el número marcado en el pecho de haber sido un privado de libertad, porque cuanto más te perseguís más te persigue la sociedad. Empecé de cero de vuelta. Conocí a una mujer que está junto a mí y estamos esperando un hijo. Soy el hombre más feliz de la vida”. Es un caso muy bueno y salió al aire y yo estoy muy orgulloso: lo tomo como un ejemplo, uno bueno para mil malos.
Claro que hay llamados menos convencionales de personal de vigilancia y policías, amén de los infaltables detractores: voces indignadas que recriminan la existencia de un espacio para que se expresen los “delincuentes” o la supuesta ambigüedad de un mensaje pro regeneración- reinserción mientras se pasan los últimos ritmos urbanos asociados a las clases populares y por lo tanto a las cárceles donde la cumbia villera de Los pibes chorros y Damas gratis y la cumbia erótica de Trinidad y Dalila alteran la monotonía intramuros.
–Mucha gente me ha llamado y me ha dicho que cómo puedo estar animando a los presos. Me dice uno: “Yo tengo veintiún años y me rompo el culo trabajando y vos les das manija para que sigan adelante”. Y yo le digo: “Te felicito si disentís conmigo, me parece bien que seas una persona independiente. Yo lo único que hago es tratar de rescatar a las personas que se han equivocado. No sé qué causa han tenido pero creo que todos tenemos un pequeño derecho”. Entonces el tipo me dice: “Perdón, pensé que me iba a llevar una sorpresa”. “¿Pero qué sorpresa? ¿Discutir conmigo? Yo no discuto con nadie, ni conmigo mismo discuto.” “Bueno –me dijo–. Yo entonces te felicito por ser como sos. Yo no entendía qué era el programa pero vos me lo explicaste.” Esto en línea privada. Después salí al aire y lo expliqué de vuelta: yo no defiendo a aquel que cometió el error. La gente que no entiende, que cambie de emisora.

La música de abajo
La proliferación de los numerosos géneros musicales populares en años recientes y su creciente demanda plantea uninterrogante: ¿hubiera sido posible un Correo de los privados en los ‘90, difundiendo cortes de Volcán, Montana, Mohicanos u otros productos de la supuesta cultura de los márgenes reflejada por la cumbia villera antes de que pesara su influencia en la estética juvenil de clases no tan postergadas y de que existieran ficciones televisivas como Tumberos (su tema fue cortina del Correo)? Si bien el programa parece formar parte del mercado de los márgenes, el resultado es un intento testimonial de reflejar la vida en los penales a través de la voz de sus internos sin la escabrosidad sensacionalista audiovisual tan explotada en los últimos tiempos.
Carlos aclara no proponer un eje tropical como otros programas de la emisora. De hecho el Correo, como cualquier disquería de la calle Brasil, es un conglomerado de géneros, no sólo los difundidos por Radio Estudio FM, que incluye emisiones regionalistas como Bailanta Santiagueña o Un abrazo al litoral. Los pedidos recorren un espectro sonoro que va desde la cumbia, el cuarteto y la guaracha hasta el axé, la bachata y la salsa pasando por el chamamé, el rock nacional y discos de Landriscina.
Un llamado del “Gaucho de Prefectura” amerita la dedicación de una zamba de los hermanos Sotelo, seguida de un dúo de Horacio Guaraní y El Chaqueño Palavecino. Otro interno con gustos menos vernáculos opta por “Great Balls of Fire”, de Jerry Lee Lewis, preludiando los hegemónicos Pibes Chorros, Damas Gratis, Metaguacha y Amar Azul.
Saludos grabados de cantantes y músicos a los presos irrumpen en los temas, así como visitas en el piso de Pablo Lescano, Dalila, Diego Mujica o Gonzalo Ferrer.
Ferrer, tecladista-arreglador de Amar Azul y creador en 1998 de la agrupación Guachin es el unsung hero de la cumbia villera, a la que concibió como un género inocuo análogo al hip hop positivo de los ‘80 y donde, más allá de reflejar la picaresca arrabalera, añadía un tono testimonial. Fue además pionero de la temática carcelaria en la canción tropical con “Entre cuatro paredes” y “Privado de libertad”. Su poética se contrapone al nihilismo sórdido de cumbia callejera actual. La labor social del músico en penales y barrios de emergencia es conocida dentro de la movida tropical. Por eso hoy Ferrer es padrino del Correo.
–La emoción que siento yo al hacer esto es como que estoy poniendo una llave para que ellos traten de encontrarla. Al principio, cuando me pedían que pasara “Los dueños del pabellón” de Damas Gratis yo no lo veía. Decía: es como estar incitándolos... Porque hay muchos temas fuertes, tumberos. Pero un día Pablo Lescano de Damas Gratis dejó paradas a 7000 personas en un show y obligó al animador a traerlo al Correo de los Privados. Vino, me abrazó, me dio un beso y me dijo: “Carlos, tenía ganas de venir”. Buscó temas, se sentó conmigo. Y hasta cantó mientras esas 7000 personas lo esperaban para el show. O sea, dejó a toda su banda completa y a toda la gente plantada a dos segundos de levantar el telón para venir al programa y eso no me lo puedo olvidar nunca. Y saludó a los privados con todo el respeto del mundo: a las madres que están privadas de su libertad y a las madres que están esperando que sus hijos vuelvan de ahí donde están. Y diciéndoles que ojalá salgan pronto. ¡Fue algo maravilloso!
En el Correo la elección de géneros abre la brecha generacional. Los de treinta para arriba son reflejados en Cumbia en el recuerdo, bloque del programa donde se pasan temas de Alcides, Pocho La Pantera o Ricky Maravilla, el rock de Los Redondos y acaso algún lento de los ‘80. Parte de la franja de veintipico, alejada de los ritmos tropicales, prefiere el rock barrial de Los Piojos, Viejas Locas o La Renga.
Los separadores del programa están pensados para los que están adentro.
“Está científicamente comprobado. A los que escuchan el Correo de los Privados les va bien en el embrollo (ámbito, asunto)”. “Si no te querés subir a un bondi (verse en serias dificultades), más vale que escuchés elCorreo de los Privados.” “¿No vino la visita? Rescatate, porque el Correo de los Privados siempre entra en tu rancho y te hace compañía.” “¿Qué hacés enfierrado? Larga la faca que ya empieza el Correo de los Privados.”
Carlos habla para más allá de las fronteras. Y propone la buena educación: “Si un penal saluda a otro, el otro tiene la obligación de responderle. Nobleza obliga”. Cuando no hace bromas: “Un saludo para las chicas de la unidad 31. Bueno chicas, para sentirse bien libres usen Siempre Libre”.

Levantando los ranchos
A principios de febrero del año pasado un separador comenzó a anunciar el programa: “Muy pronto los Privados tendrán su Correo”. Carlos evoca la transición de estereotipado locutor de programa de trasnoche frívolo a contacto social de los presos: las primeras entregas del Correo revelaban a veces la inexperiencia de un locutor tratando de definir un estilo en un ámbito que exigía renunciar a las fórmulas preconcebidas del medio. Hasta que Carlos fue descartando cierto abuso de cortesía asociado a sus trabajos anteriores.
–Al principio decía: “¡Bienvenido al Correo! ¡Te queremos mucho!”. No, no es así, no es que te queremos mucho, tampoco la pavada.
Ahora alterna el lenguaje impersonal de locutor con expresiones del léxico carcelario. Nunca usa la palabra preso (“es una palabra chocante”) porque los mismos presos no la usan. “Privado de libertad” suena como un tecnicismo capaz de cierta poesía en un económico Correo de los Privados (“Correo de los presos sería además un título horrible”).
De todos modos no es un locutor atípico: el ex onda nocturna recibe llamadas al aire, lee saludos, complace pedidos musicales. Carismático y de voz impostada es como otros en su oficio, pero el detalle es que para los Privados –como siempre se los designa en el programa– es acaso un referente. Mientras Mariela Cavanos, la locutora que lo acompaña, atiende la línea privada y a veces lo sustituye, representa el toque abrigado de la hermana o de la novia.
–Estuve en la calle trasera de Devoto y también adentro de las cárceles de Prefectura y Escuadrón Buenos Aires. Hasta derramaron lágrimas cuando me vieron. Tomamos mate. Me recibieron como un hermano más. Me expresaron lo que sentían, lo que vivieron. También me cagaron a pedos un poco pero bien, medio en joda porque durante las fiestas como el Día de la Madre o del Padre, ellos se quieren expresar y exigen mucho de sus familiares, que les lleven algo, y no hay plata. Y ahí es cuando te das cuenta de que están totalmente arrepentidos porque de repente yo los reto: “¡Tengan paciencia. ¿O qué carajo están haciendo? La madre, el padre no tienen trabajo y hay que aguantárselas macho, valor en la visita”. Entonces, cuando fui a verlos me dijeron: “¡Eh! ¡Nos cagás a pedos!”. ¿Y como no los voy a cagar a pedos? En Devoto todo el mundo me saludó. Me tiraban palomas. La paloma es un mensaje que se lanza a través de una papa en una bolsita y dentro de ella viene la carta. La papa impulsa para llegar a la calle trasera porque hay una distancia de 10 metros, creo. Lo tiran desde el 2º, 3º piso. Se me puso la piel de gallina. Fue algo tan maravilloso que me expresen ese cariño. Hasta me mandaron un apodo: “¿Hola Rancho, cómo te va?”. “Hola Ranchín, porque a vos te vamos a decir Ranchín.” Todo bien.
Desde la irrupción del metodismo en la Inglaterra del siglo XVIII, que introduce la predica en cárceles, los llamados evangelistas (en realidad pentecostales) siguen anunciado la buena nueva a los presos como única forma de posibilitar la mentada reinserción social. Pero Carlos no se reconoce en ese estilo.
–Si fuéramos algo evangélico la repercusión sería mucho más limitada. Solamente nos escucharían los presos evangelistas. Pero primero y principal no podríamos pasar cumbia. Hay evangelistas que me han llamado porque no entienden que alguien se pueda rescatar escuchando cumbias. Vos tenés que tratar de rescatar a la persona con lo que más le guste, y algunos evangelistas lo están entendiendo. Pero de repente llama una madre que tiene al hijo preso y pide que le pasen para el hijo un tema de Los Pibes Chorros. Algunos pueden tomarlo irónicamente o como que se está generando una cultura negativa. Pero Los Pibes Chorros son uno de los grupos que expresan mucho hacia el Privado. Pero tampoco vas a poner un grupo que diga: “Alcen las manos. Vamos a bailar. A joder”. Porque la cumbia tal cosa, dicen algunos, pero la cumbia es el himno nacional del pobre y nadie se lo puede sacar de la cabeza. Yo no hago privilegio de cumbia porque si me piden una zamba, la paso. Paso una chacarera, un chamamé, pero lo que predomina es la cumbia porque es lo que levanta. Yo tengo una audiencia de todo, hasta paso marcha. Pero paso cuatro marchas y después digo: “¡Che, sáquenme esta música!”. Y al toque mando cumbia otra vez . Porque yo no quiero que se maten de tristeza adentro. Por eso es raro un tango. Sólo si me lo piden.

De todas partes
Batán, Los Hornos, Ezeiza, Prefectura, Sierra Chica, Olmos, Devoto, Instituto Agote, Instituto San Martín, comisarías del Conurbano y de Capital son mencionados todas las noches en el programa. Y hasta una “Madre de los Privados”:
–Pachín tenía a su hijo privado de libertad. Lo encontró a través de nosotros, porque lo habían trasladado tantas veces que le había perdido el rastro. Desde hace un año, por agradecimiento, llama todas las noches. Ella vino conmigo a Devoto y otro de sus hijos, Kevin, de cuatro años, se puso a bailar en la calle trasera mientras todos aplaudían. Le daban las palmas y el nenito bailaba para los presos. En un momento ese niño se sentó y se puso a llorar. Le pregunté a la madre qué le pasaba y me dijo: “Carlitos, desde que su padre está privado de libertad él también sufre por los privados. Sufre y llora”. Es increíble, tiene 4 años.
La madre, la esposa, la hermana, los hijos, todos conforman un santoral privado que impone un código de respeto, pero la madre está por arriba.
–La madre que entra a un penal –suele recordar Carlos– si de repente empieza a llorar en frente de su hijo, su hijo cobra. Y cobra de la gente que lo rodea en el rancho porque todo lo que le está pasando a la madre es culpa del que está privado de libertad, de su hijo que dio un mal ejemplo y por eso cobra adentro. Me lo han dicho los chicos. Hay chicos que me dijeron que no podían dormir porque si dormían no sabían si iban a despertar. Te cuento una: Preso que duerme sueña con la libertad, así que nadie despierta a otro preso. Pero eso cuando sabés que estás bien en el rancho, cuando te ganaste cierto respeto y se logra convivir de la mejor manera posible.
Durante la “lluvia de saludos” el Correo traza una cartografía no ortodoxa que exige la enunciación de cada villa de emergencia, cada barrio carenciado, cada municipio, cada provincia y hasta cada país limítrofe.
–Nos llaman de todas partes. Gente que tiene familiares privados en Uruguay y gente de Uruguay que tiene privados acá. También nombro a los trabajadores de casi todos los oficios, menos al policía. Una cuestión de respeto. Yo no genero violencia. Al policía no lo nombro ni le falto el respeto, es más, les agradezco cuando ellos les permiten hablar a los privados. Lo digo al aire: “Quiero saludar al penitenciario tal que les permitió hablar a los chicos ahí en el teléfono semipúblico”. Sí, nombro a la gente de seguridad, a los vigiladores, porque yo antes trabajaba de seguridad pero en mi vida le dije levantá las manos a alguien.
En cada programa, Carlos hace una reflexión improvisada, una glosa que no pocas veces bordea lo sentimental. Los desengaños amorosos, la amistad, la traición, el desamparo, la soledad son expuestos, no solamente para reflejar las vivencias carcelarias o la problemática extramuros queinvolucra familiares y amigos sino también problemáticas como la desocupación, los sin techo, los chicos de la calle.
–Sí, lloran mucho. A mí también se me habrá piantado una lágrima porque hay que ser delicado para abordar los temas, pero improviso, digo lo que me sale del corazón. Aparte de eso tratamos de que el programa tenga un clima de distensión, por eso al final ponemos música bien arriba, contamos chistes.
“Perdoname, Carlitos”, la voz llega desde un teléfono de Prefectura. “A veces te puteo, digo este hijo de puta me va a hacer llorar. Pará un poco.”
Cuando Carlos lee el último mail de la noche puede aparecer el mejor slogan para toda la audiencia: “Hola, Carlitos, te escribe Pulga de Gerly. En este momento estoy trabajando porque laburo de noche y quería saludar al Polo que está en Ezeiza y decirle que aguante y que se cuide y agradecerte a vos por este gran programa y quería que saludes a los Stiwars que son todos gatos del hotel (¿?) y que se pongan a trabajar y lo más importante ¡Aguante el porvenir!”.

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