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Domingo, 13 de noviembre de 2005

ENTREVISTAS > UNO DE LOS MEJORES MúSICOS BRASILEñOS EN BA

Las invenciones de Morelenbaum

Fue durante años músico de Jobim y Egberto Gismonti. Es el artífice del actual sonido de Caetano Veloso. Tiene un trío de música brasileña con el gran Ryuichi Sakamoto. Y es considerado uno de los mejores arregladores del mundo. El miércoles que viene, Jacques Morelenbaum toca en Buenos Aires con el Cello Samba Trio.

 Por Diego Fischerman

“Un arreglador debe convertirse en alguien transparente”, dice Jacques Morelenbaum. “Cuando se orquesta una canción, se la debe servir, no hay que mostrar el oficio todo el tiempo. O, en todo caso, el mayor oficio es el que lleva a no estar exhibiéndolo todo el tiempo. Un arreglo es como una vestimenta. La canción es una mujer y el arreglador es quien la maquilla. Se debe hacerla lucir bien, se deben mostrar sus encantos pero jamás hay que ocultarla”, resume uno de los mejores arregladores del mundo. El artífice del sonido Caetano, el que le dio su sello de identidad a Fina estampa o a Livro, el que fue durante diez años músico de Jobim e integrante del cuarteto de Egberto Gismonti durante cinco, el cellista que integra un trío exquisito con su mujer Paula y con el compositor y pianista Ryuichi Sakamoto, llegará esta semana a Buenos Aires para tocar con otro de sus grupos, el Cello Samba Trio, con el que actuará el próximo miércoles 16 en el Teatro Coliseo.

Morelenbaum cree que es un error reducir la música brasileña como si se tratara de una única cosa: “Brasil es muy grande y tiene una diversidad cultural proporcional. No hay una música brasileña sino infinidad de músicas brasileñas. Hay músicas muy populares, muy directas y, también, muy sofisticadas, muy intelectuales y muy modernas. Lo que pasa es que hubo muchos compositores geniales y, por el propio peso de la cantidad de música excelente que estuvo disponible, fue mucho el público que tuvo acceso. Eso hace que esa separación entre músicas muy elaboradas y músicas muy directas funcione, simplemente, como alternativas dentro de un mismo menú, disponible para muchos, y no como universos separados, destinados a públicos sin contacto entre sí”. Junto al guitarrista Lula Galvao y el

percusionista Marcelo Costa, el cellista ha formado, sin embargo, este trío en que, aparentemente, una música en particular, el samba, ocupa, ya desde el nombre, un lugar protagónico. “El samba es como el tango en Argentina”, reflexiona. “Es la música más representativa de Brasil y está presente, además, en muchas músicas. Es una sola palabra para denominar una infinidad de sonidos; de hecho existen el samba de Roda, en Bahía, el chorinho, que es como un rumbo particular del samba, el samba-cançao, que tiene lazos con el bolero, la bossa nova, que es básicamente un samba muy sofisticado armónica y melódicamente. El samba es más bien un estado de espíritu brasileño que una música; es algo capaz de describirnos poéticamente. Es una especialidad brasileña. De él podemos decir, sin dudas, que es nuestro. Soy un músico que ha buscado abrirse hacia una gama muy variada de lenguajes, que he experimentado durante toda mi vida, lo que podía y también lo que no podía, toqué pop, y toqué con la dirección de Leonard Bernstein en una orquesta sinfónica, y toqué música del nordeste, y del sertao, y de la bahía; ya toqué con Sting y con Sakamoto, con Jobim y con Gismonti. Lo que me encanta de la música es la diversidad. Y en este momento me interesa buscar esa diversidad en un mundo en particular, el del samba.”

Esa variedad musical, en este caso, aparece circunscripta, voluntariamente, a un instrumental mínimo. “El grupo es muy económico, muy chiquito, muy esencial y, en principio, podría pensarse en papeles más o menos fijos. Todo se reduce a la guitarra, un instrumento sobre todo armónico y al cello, que es preeminentemente melódico, con el acompañamiento de percusión. Pero nada es exactamente de esa manera; son muchos los momentos en que el cello acompaña, haciendo el papel del bajo, a la guitarra que improvisa, o ambos proponen un telón de fondo para la percusión. El cello es interesante, precisamente, porque tiene una cierta ambigüedad; puede ser la prima donna, la voz cantante, pero también puede ser el bajo. De hecho su diferencia de registro con el contrabajo es de apenas una sexta menor (la distancia que hay entre un mi y un do).” Jacques Morelenbaum se mueve, muchas veces, en territorios limítrofes entre las tradiciones académicas y las populares y reivindica, precisamente, esa indefinición. “¿Puede clasificarse a Gismonti, o a Jobim? ¿Son compositores eruditos o populares?”, se pregunta. “Son músicos universales; cada uno hace música a su manera. Unos buscan la belleza en la simplicidad y otros en la complejidad. Yo no clasifico nada. Soy, simplemente, un músico.”

Jacques Morelenbaum se presenta con el Cello Samba Trio el próximo miércoles 16 en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125).

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