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Domingo, 26 de noviembre de 2006

DESPEDIDAS > ROBERT ALTMAN (1925-2006)

Adiós a Robert Altman, película por película

 Por Robert Altman

Nunca supe lo que quería filmar, excepto que era algo que no había visto antes.

Las palabras no te dicen lo que la gente está pensando. Rara vez usamos palabras para decir algo realmente. Usamos las palabras para vender algo o para convencer a la gente o hacer que nos admiren. Es todo un disfraz... Es todo ocultamiento, un lenguaje secreto.

La sabiduría y el amor no tienen nada que ver uno con otro. La sabiduría es permanecer vivo, la supervivencia. Uno es sabio si no mete los dedos en el enchufe. El amor: uno mete los dedos en cualquier cosa.

Me encanta pescar. Uno arroja esa línea al agua y no sabe qué hay en el otro extremo. Tu imaginación está allí abajo.

La peor trampa en la que uno puede caer es empezar a imitarse a uno mismo.

Ha habido unas pocas veces en las que he pensado: "Dios, no creo que haya una verdadera salida a esto; simplemente hay que terminarlo y salir con dignidad".

Me encantan los dramas radiales. Cada persona de la audiencia tenía su propia imagen. Cuando la puerta chirriaba, cada cual tenía su propia puerta.

Cuando alguien pide un consejo, lo que realmente está pidiendo es ayuda.

Te voy a dar el mismo consejo que les doy a mis hijos: nunca aceptes el consejo de nadie.

Uno no puede saberlo todo. El tiempo no alcanza.

Fui piloto. Volé un B-24 en el Pacífico Sur. Hice cuarenta y seis misiones, o algo así. Nos dispararon muchas veces. Era bastante temible, pero uno es tan joven... Yo tenía 19, 20. Y era todo por las chicas.

El jazz ha perdurado porque no tiene principio ni final. Es un momento.

Las primeras películas que vi me hacían sentir que no eran tan sólo películas. Recuerdo la tarde, tras la guerra, en que fui a ver solo Breve encuentro, de David Lean. Y recuerdo estar pensando: "¿Por qué estoy viendo esta película tonta? Ella no es muy linda. ¡Dios! ¡Los zapatos!". Pero veinte minutos más tarde estaba ahí sentado, con lágrimas rodando por mis mejillas y enamorado de Celia Johnson, esta chica con los zapatos sensibles...

Cada nueva película es una experiencia enteramente nueva, estoy haciendo un nuevo bebé. Y uno tiende a amar más a sus hijos menos exitosos. Dígame cuál de mis películas le gusta menos, y yo probablemente le diré que ése es el film que más me gusta.

Amo a los actores porque no entiendo cómo es que pueden hacer lo que hacen, no entiendo el proceso. Siempre me asombra; creo que son criaturas increíbles. Yo no podría pronunciar una frase ni aunque tuviera ocho semanas de ensayo, me paralizaría. Pero el cine es un medio de los actores; ellos son los que se paran ahí, desnudos. No yo. Hablamos sobre los guionistas y los directores, pero no es correcto.

Nunca armo el reparto de una película como lo hacen los estudios. Ellos toman a dos personas que se odian mutuamente, y les pagan suficiente dinero para juntarlas. Pero en verdad nunca se relacionan entre ellas. Yo no tengo tanto dinero. Así que los actores con los que trabajo quieren hacerlo. Para eso se han convertido en actores originariamente: para crear. Y yo les permito hacerlo. Les digo: creen, muéstrenme lo que pueden hacer.

En una época había hecho seis o siete películas y estaba muy orgulloso porque creía que ninguno de esos films se parecían entre ellos, que eran diferentes, que no me repetía y que no había manera de saber de quién eran esos films salvo porque mi nombre aparecía en pantalla. Pero luego, diez, doce películas más y ya pensaba: son todos capítulos del mismo libro, uno realmente no puede escapar ni evitar dejar sus huellas por todos lados.

He vuelto a ver MASH y Nashville hace poco, y todavía creo que están muy bien. Así que no he mejorado en nada. No voy a mejorar. Me he vuelto más fluido, más eficiente, aprendí a hacer las cosas y a lograr lo que quiero con menos esfuerzo. Pero ahí también hay un gran riesgo: si uno se vuelve menos esforzado, pierde el arte.

Los premios y las estatuillas sirven como credenciales. Pero es como todo lo demás; duran tanto como un beso.

Es muy raro. Estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa en la vida real. Pero les exigimos orden a nuestras fantasías. En lugar de seguirles el juego y decir, sí, así es, es una fantasía y no tiene sentido. Una vez que uno consigue interpretarla, puede que sea más satisfactoria, pero es menos divertida.

Las palabras que eligen los periodistas pueden no dar una imagen verdadera del individuo. Por eso no doy demasiadas entrevistas: temo empezar a escucharme a mí mismo hablar. Me pregunto cuánto habrá de mentira en la entrevista, porque no tengo nada que decir acerca de nada. No me interesa analizarme. Lo estoy haciendo ahora mismo y lo considero muy peligroso para un artista.

Altman significa "viejo" en alemán. Y aquí estoy, me he convertido en un Altman. Siempre supe que sería de esta manera, que uno no puede volver el tiempo atrás, soy realista, pero la realidad de todas maneras no tiene por qué gustarme. Cuando quiero alegrarme, recuerdo la canción de Peggy Lee, "Es eso todo lo que hay". Así es la vida, no tiene nada de particular. Tan sólo algo que ocurre.

No sé si escribiría mi autobiografía. No estoy seguro de que mi versión vaya a ser la correcta.

Altman x Altman: las películas

La televisión

Estuve en Austin, Texas, para el Austin Film Festival. Allá pasaron Nashville y también dos o tres episodios de la serie Combate que yo había escrito y dirigido. No los había visto en 40 años, y me pareció que se sostenían bastante bien... Dios: he hecho cientos de horas de televisión, y alrededor de 40 películas. No creo que nadie piense en eso. Nadie suma esos puntos hasta que estás muerto. Y entonces ya no podés engañarlos para seguir haciéndolas.

Countdown (1969)

Durante el rodaje, Jack Warner estuvo en el exterior. Todos estaban encantados con las tomas que veíamos al final del día, me hablaban de mis próximas 15 películas. Terminé de filmar un viernes y el domingo a la mañana recibí un llamado: “No te molestes en venir al estudio el lunes”. Warner había vuelto y había visto fragmentos y proclamado: “Este tonto tiene a sus actores hablando al mismo tiempo”. Me echaron y me prohibieron la entrada. De no haber sido así, me hubiera convertido en el chico rubio de Warner Bros y sería igual de mierda que todos los demás. Estaría en la pila de basura de la historia.

MASH (1970)

Dos años después de filmar MASH, me enteré de que Elliot Gould y Donald Sutherland fueron a hablar con el productor para intentar que me echara, diciéndole que yo iba a arruinar sus carreras. Donald nunca habló de ello, pero Elliot me llamó a los dos años, porque le ofrecí el protagónico en McCabe and Mrs Miller y lo rechazó. Realmente no le gustaba cómo había hecho la película. Dijeron que les prestaba mucha atención a los extras y a los secundarios, y que no respetaba que fuera su película. Por supuesto que estaban equivocados. Esa no era la película que yo estaba haciendo. Pero he hecho varias películas con Elliot desde entonces.

Del mismo barro(McCabe & Mrs Miller, 1971)

No estaba interesado en mostrar la escena de sexo entre Warren Beatty y Julie Christie. El sexo es algo muy privado. Uno no llama a sus vecinos para decirles: “Ey, esta noche Sally y yo vamos a tener acción; ¡tráiganse una silla y vengan a vernos!”.

Un adiós peligroso (The Long Goodbye, 1973)

Me dijeron: ése no es el Marlowe de Chandler; no es Marlowe para nada. No les gustó porque no era puro. Pero creo que lo que no les gustó no fue que Elliot Gould no fuera Philip Marlowe, sino que Elliott Gould no fuera Humphrey Bogart.

Nashville (1975)

Quería contar un montón de historias diferentes y mostrar las vidas de personas que normalmente no vemos en la pantalla. Era muy consciente del aspecto político. Creo que el personaje del candidato predijo a Jimmy Carter y a Ross Perot. Pero cuando John Lennon fue asesinado, el Washington Post me llamó. Me preguntaron si me sentía responsable, y les pregunté cómo podían responsabilizarme por esto. Me contestaron: “Usted hizo esta película unos años atrás, y en cierto modo predijo que el asesinato pasaría de los políticos a las celebridades”. Así que les dije: “Bueno, ¿y por qué no siguieron mis advertencias?”.

Tres mujeres (3 Women, 1977)

¿A favor del movimiento de liberación femenino o en contra? A mí no me pregunten. Si me sentara acá y dijera que la película es sobre X, Y y Z, estaría restringiendo al público. Muchas críticas hablaron de las supuestas implicancias jungianas de las relaciones. Pero si me piden las diferencias entre Jung y Freud, no podría. Es un campo del que no sé nada.

Quinteto (Quintet, 1979)

No sé si Paul Newman está enojado por ese film. Somos muy buenos amigos y ambos sabemos que a la película no le fue muy bien. En Europa hubo un culto. Hicimos lo que nos propusimos hacer. Supongo que era pretencioso, pero eso es más o menos lo que estábamos haciendo. (Pausa) No sé qué es lo que estábamos haciendo.

Popeye (1980)

No pido disculpas por Popeye. Después de MASH, fue mi mayor éxito. Fue maldita por los críticos porque no era Superman. No era un film de efectos especiales, ni estaba hecho para chicos de 14 años. La mayoría de los films están hechos para chicos de 14; no sé de dónde sacan los ocho dólares para la entrada.

Extraña pasión (Fool for Love, 1985)

No pude resistirme a filmar la adaptación con Shepard, que había escrito la obra, en el protagónico. Sam sólo miraba sus escenas del día, y cuando vio la película entera no quedó muy conforme. Shockeado, diría. Nunca apoyó la película. Fue muy desagradecido.

The Player (1992)

Me sorprendieron el recibimiento y la nominación al Oscar, porque la consideraba apenas una sátira blanda. Era casi una historieta. La realidad de esos personajes es mucho más brutal de lo que la mostré. Apenas quería hacer algo entretenido. No tuve malicia ni odio en mi corazón. Si lo hubiese tenido, no habría funcionado.

Ciudad de Angeles (Short Cuts, 1993)

Short Cuts no era una adaptación de las obras de Raymond Carver, sino una película inspirada en ellas, las historias no eran sus historias, sino instancias dentro de sus historias. Las actitudes sobre las que Carver no escribió pero yo sentía que hubiera podido escribir. No hay pureza aquí. Muchos críticos y Raymond Carver lo sintieron así, no les gustó la película para nada porque les pareció que no era para nada lo que hacía Raymond. Y tenían razón.

Prêt-à-Porter (1994)

¿Han estado en París alguna vez? Si estuvieron, han pisado mierda de perro. Todos los perros deben comer la misma comida, porque cagan del mismo color.

El Dr. T y sus mujeres (Doctor T and the Women, 2000)

No me llevaba bien con el cameraman. Le grité delante de todos y Richard Gere, el actor principal, me llevó a un rincón y me dijo: “No hay que avergonzar a la gente delante de otra gente; no debería hacer eso”. Y tenía razón. Así que intento no hacerlo. Pero luego vuelvo a hacerlo.

Gosford Park (2001)

Me han dicho que es una película muy británica. ¿No se necesita siempre que venga alguien de afuera y te dé una especie de mirada equilibrada sobre lo que está pasando en la cultura? Me atrevería a decir que si uno toma todas las películas que se hicieron en Inglaterra sobre este tipo de material de época, nosotros fuimos probablemente más correctos y detallados que cualquiera de los otros. Fuimos muy, muy cuidadosos de que todo estuviera ambientado apropiadamente, porque no quería pasar por eso de “¿por qué está haciendo un norteamericano una película británica?”.

The Company (2003)

No sabía nada sobre el ballet. Creo que es muy sexy. Toda esa gente desnuda, como si se pintaran un ligero traje encima. Por eso es que todos estos viejos ricos apoyan el ballet. A sus esposas les gusta; y todos esos pas de deux seguro que tienen que ver con el sexo.

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