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Domingo, 25 de febrero de 2007

CINE I > PETER O’TOOLE EN LOS OSCAR

El León en invierno

Junto a Richard Burton, es el actor con más nominaciones que jamás ganó un Oscar, aunque Peter O’Toole se mereció la estatuilla por lo menos diez veces, y es insólito que no la haya obtenido por Lawrence de Arabia. Esta noche compite una vez más para el premio a mejor actor, por Venus. Y aunque no la tiene fácil, ni estará presente en la ceremonia, sería justicia que tuviera suerte.

 Por Rodrigo Fresán

Hay un subgénero cinematográfico al que podría definirse como “películas de viejos”. Muchos estuvieron allí y, si hay suerte, te pasa lo que a Henry Fonda y te morís en un estallido de gloria. Y si las cosas no van tan bien, desaparecés en la explosión de alguna película catástrofe “con viejos” como secundario de-luxe, pero barato. Cocoon es, por suerte, una especie que comienza y acaba en sí misma.

Dicho esto, Venus –dirigida por Roger “Notting Hill” Michell con un sensible y algo previsible guión de Hanif Kureishi, narrando la más invernal que otoñal historia de amor entre Maurice Russell, un veterano actor, y Jessie, una joven con minifalda– es la quintaesencia de una película de viejos. Achaques, recuerdos, epifanías, bailes vacilantes, medicinas, impiadosos primeros planos, días nublados, noches frías y la inevitable última visita al mar. Es decir, una película cuyo tema es la vejez y que ya en una de sus primeras escenas nos muestra cómo un médico le mete el dedo en el culo a Peter O’Toole para comprobar el estado de su próstata. Algún crítico no vacilará, seguro, en definirla como “un canto a la vida”. Y O’Toole –un himno a la decrepitud– está bien porque no sabe estar mal.

En un mundo perfecto, Peter Seamus O’Toole (1932) debería haber ganado el Oscar cuando en 1962 estuvo nominado por Lawrence de Arabia, rol en su momento rechazado por Albert Finney y actuación considerada por la revista Première como la primera entre las 100 más grandes actuaciones de todos los tiempos. En un mundo un poquito mejor, tendría que haberse llevado la estatuilla cuando estuvo nominado por Becket (1964), El León en invierno (1968), Adiós, Mr. Chips (1969), La clase gobernante (1972), El especialista del peligro (1980) y Mi año favorito (1982) y –en lo que a mí respecta– también por sus caracterizaciones de Don Quijote y Robinson Crusoe. Es decir, O’Toole debería haber ganado el Oscar por lo menos nueve veces y ésta de Venus sería la décima. Y quédense con esa estatuilla honoraria que le dieron en 2002 y que O’Toole rechazó porque todavía se consideraba “dentro de la partida” pero que, finalmente, acudió a recibir porque la Academia le comunicó que se lo darían lo mismo, le gustase o no. Así que O’Toole fue y agradeció temblando dignamente –como en sus películas– y todos de pie y más de uno se habrá quedado con ganas de que el actor montara un numerito a lo Jack Palance.

Difícil que se lo den ahora. Me temo que la cosa está entre Forest Withaker (quien seguramente se lo merece) y Leonardo DiCaprio (bueno) y Will Smith (ugh) antes que optar por un actor que se sabe todos los sonetos de Shakespeare de memoria y que recita uno de ellos –el XVII– en una escena de Venus (¡Oscar Clip clavado!) haciéndolo sonar como si siempre hubiera sido suyo y nada más que suyo. De no ganarlo, O’Toole se convertirá –hasta ahora empatado con Richard Burton– en el actor con más nominaciones que jamás ganó un Oscar. Aunque nunca se sabe. En cualquier caso, Peter O’Toole anunció que, de ganarlo, no podrá acudir a recibirlo. Está dedicado al tercer tomo de su brillante y alabada autobiografía. Y, también, está enfermo, está viejo, rugió. Pero no tanto como para necesitar que alguien como yo lo defienda y lo justifique. Lo de antes: éste es un mundo imperfecto, pero no tan imperfecto.

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