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Domingo, 10 de mayo de 2009

NOTA DE TAPA 4 > LOS LATINOS EN EE.UU. POR JUNOT DíAZ

La venganza del nerd

A pesar de ser la primera minoría en Estados Unidos, los latinos no tienen la visibilidad que la realidad reclama: ni uno de cada diez personajes en una película hablan castellano, ni las novelas se encuentran salpicadas de Spanglish ni sus comunidades exceden rara vez el exotismo artístico. Con La maravillosa vida breve de Oscar Wao, Junot Díaz ha hecho mucho para revertir eso: no sólo se llevó el Pulitzer y otro puñado de premios, sino que el aplauso de la crítica y la aceptación de los lectores han hecho de Nueva Jersey un lugar nuevo en la literatura norte y latinoamericana.

 Por Sergio Kiernan

Los dominicanos son parte del paisaje en el nordeste norteamericano, con zonas donde hace muchos años que juegan de local, como el Bronx y la Nueva Jersey de los Soprano. Su inmensa abundancia y la fusión cultural y lingüística que tiene el país con EE.UU. se explica por esos accidentes imperiales de hace un siglo: no son un “Estado asociado” como Puerto Rico, ni un exilio masivo como Cuba, pero por allá anduvieron los marines más de una vez.

Lo que explica que hablen un castellano llenísimo de inglés y un inglés al borde del Spanglish, una jerga muy natural donde los amigos son Bros y el convenience store una bodega. Y también explica que sean legendarios jugando al baseball y hayan inventado cosas como el jardinero izquierdo. Pese a la nieve, se hicieron un hogar en la costa norte de EE.UU. y tienen fama de ser los hispanos más simpáticos, nada que ver con los quisquillosos boricuas o los más vale lúgubres mexicanos.

Lo que andaba faltando era un icono cultural que no fuera músico o deportista. Junot Díaz –de cuarenta años, profesor en Estados Unidos, nacido en la isla y criado en Nueva Jersey, y autor de una excelente novela que ha vuelto a poner a la literatura dominicana en los diarios–, lo explica en un pico de nacionalismo comunitario: “Los hispanos no existimos más que como estereotipos y a veces ni eso. El gringo típico no sabe nada de nosotros, si ha leído dos libros latinoamericanos...”. Para Díaz, esto es el centro de las reacciones a su libro. “Es el shock of representation, la aparición de una novela donde se habla de la cultura normal del país desde un punto de vista diferente. Para los gringos es fucking weird un libro así. Porque en un libro los protagonistas somos nosotros. Para un americano es natural contar una historia de americanos en el fin del mundo. Para un argentino también. Pero para un hispano en Estados Unidos...”

Si esto hace parecer que La maravillosa vida breve de Oscar Wao fue mal recibida hay que corregirlo de inmediato. Veinteañero, Díaz publicó un libro de cuentos, Los Boys, con el que no pasó demasiado en ventas pero que lo instaló como una referencia insoslayable en el nuevo mapa literario norteamericano. En 2007, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao fue saludada como el mejor libro del año por la revista Time y también por el diario The New York Times, y después se ganó el premio nacional del Books Critics Circle, que ya lo quisiera más de uno. Puntualmente, el año pasado le dieron el Pulitzer de ficción.

Esta gloria Díaz la pincha con un argumento de hierro: “Mi madre me dijo que todo muy bien, pero que tú ganaste más buen dinero con tu ruta de periódicos que con tus libros. Y la doña es muy seria, no hay broma con la señora”.

Oscar Wao es casi una manera de decir “Oscar Wilde” para los que hablan Spanglish. La belleza del personaje es el absurdo deliberado con que lo planeó su autor. Los dominicanos, explica Díaz, son tan hipersensualizados como todo el mundo en el Caribe, un conjunto de hombres y mujeres donde el macho es macho y la mujer es apasionada, irracional, arrebatada. Consta en actas que ciertas violencias inaceptables entre otros, son entendidas allí de otro modo: cachetazos, arañazos y a veces navajazos como síntomas de amor pasional. Por supuesto, el lugar es en el fondo un matriarcado.

El pobre de Oscar tiene todo invertido. Gordo, nerdo e imperdonablemente virgen, la vida del Wao es una carrera en busca del amor, de una jeva de la que enamorarse. Esto, en medio de Nueva Jersey, “el Caribe de Estados Unidos”, y completamente impregnado de la cultura pop norteamericana. Oscar es un experto en juegos de video, en citas de Dune, en colecciones de comics, en ciencias ficciones diversas, todo bañado con la mejor música posible. Sus amigos, su sociedad, se dedica al sexo, al amor, al delito, al trabajo, a los amoríos, al mandato de have fun, pero Oscar deshoja margaritas. Se enamora y sufre, pero nunca concreta.

Si esto fuera todo, Díaz sería un costumbrista. Pero la maravillosa vida breve de su personaje se reescribe como un manual dominicano. Ahí está el fukú americano, también conocido como La Maldición del Almirante. Ahí está la gradación de clase y cepa que se lleva en el grado de oscuridad de la piel. Ahí están las mil razones para emigrar. Y ahí está, por todas partes, arriba y abajo, lo peor que le pasó al país: la sombra tremenda de Leónidas Trujillo, el dictador sexópata. Estos mensajes llegan en notas al pie “para aquellos a los que les faltan los dos segundos obligatorios de historia dominicana” y en la tragedia personal que oculta la familia de Oscar. Que es casi la misma que va a tragarse al pobre gordo. Su redención lo transformará en la única víctima conocida de una dictadura que murió por amor.

“Lo más natural del mundo es llevar un tema a su opuesto perfecto”, dice Díaz. “El mito caribeño es que todo hombre es un hombrazo. Hasta los que van de cool son machistas. Pero si tú quieres entender un país, tienes que entender a sus monstruos, porque sólo los que viven en los márgenes te hacen entender. O sea, que mi personaje es un marginal, uno de los monstruos. Ellos muestran los temores y los deseos de la cultura dominante. ¡Por eso es que los superhéroes son monstruos, bro!”

Como bien podría explicar Frankenstein, los monstruos no despiertan exactamente cariño. Díaz fue criticado desde adentro –“no mucho, porque pocos leen”– por su retrato de los dominicanos. “Me han dicho cosas, pero lo que nadie puede decir es que este jevo no sabe la cultura dominicana. Parte del reto de mi libro es que no estén de acuerdo pero que lo reconozcan, que admitan que quiero al país.”

Para Díaz es más importante lo que pueda revelar su libro a los que no son del palo. “Una cosa son los individuos, que son más complicados”, distingue. “Las personas se casan, se enamoran, escuchan, aprenden, en fin, son más complejas. Pero la cultura es más dura. Los latinos somos la mayor minoría en Estados Unidos pero no nos ven. Somos invisibles. Si los medios reflejaran cómo es el país, un personaje en diez debería hablar español.”

Mientras su libro intenta cambiar un poquito estas cosas –“no nos hagamos ilusiones, tampoco”– Díaz estaba feliz de haber pasado un fin de semana en Buenos Aires. Venía cansadísimo de Tokio, donde un amigo acababa de tener un hijo, con una lista de cosas de cuero “pa’ las amigas” y ganas de comprar libros. “Argentina es gran parte de la cultura latina”, dice para explicar por qué pide que le recomienden autores. “Todo el mundo que lee tiene que empezar por Borges. Es que Argentina, y México, son muestra cultura universal, los que nos envían su literatura.”

“O sea, todo lo contrario a Nueva Jersey ¿sabes? Mira, hay un artista de landscape art que escribió un libro diciendo que hay lugares que son un somewhere y otros que son elsewhere, lugares que son un lugar y otros que no, que son cualquier parte. Buenos Aires es un lugar. Nueva York es un lugar, México ciertamente. Pero mi New Jersey no pasa de un elsewhere. Fíjate que el Oscar Wao vive a una milla de Nueva York, en un buen día hasta se ven los edificios, y nunca, nunca va a la ciudad... Es lo menos cool que hay, pero a mí me interesan los arrabales porque son como los monstruos, de ahí se ve otra cosa.”

El mismo punto de vista explica que Oscar Wao sea un escritor de “óperas espaciales” que nadie quiere publicar y que su nivel de conocimiento de la cultura pop sea erudito. Díaz se ríe y confiesa que entre amigos “yo soy el nerd de las películas, el que se sabe todo el cast y eso. Por eso ni se mosquean que yo sea escritor. Escribir es una vaina loca... de niño yo era boxeador”.

Nuyoricano

Una de las cosas más notables de La maravillosa vida breve de Oscar Wao es la perfección de la traducción. El original en inglés es una bella sopa de frases en castellano de las islas, lunfardos suburbanos y Spanglish de primera agua, del que se dice en inglés pero se piensa en español. La traducción editada por Literatura Mondadori es su espejo perfecto, un castellano nuyoricano de alma mestiza, riquísimo en alusiones, cribado de anglicismos. El crédito queda bajo el críptico nombre de Achy Obejas, que Junot Díaz aclara es mujer, cubana, profesora y escritora. Admirado, el autor cuenta que “se armó un equipo para hacer la traducción, Achy con dos amigas dominicanas y yo con otras dos. Así fuimos buscando equivalentes dominicanos de frases en inglés y repasamos todo para que parezca escrito en español. Achy es un milagro”.

Díaz de guerra

Junot Díaz nació en la República Dominicana y se mudó muy de niño a Estados Unidos. Su notable nombre se explica al saber que su padre era militar y admirador de los generales de Napoleón. De hecho, los Díaz abundan en militares y Junot sigue de cerca las guerras de Irak y Afganistán, donde tiene familiares sirviendo. Formado en Rutgers y con un master en Artes de Cornell, Díaz enseña escritura creativa en el MIT, el centro universitario científico en Massachusetts. Entre su puesto regular y su carrera de escritor, se define como “vago y loco, nomás”.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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