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Domingo, 10 de mayo de 2009

Encuentro

 Por Carl Sagan

Yo era un niño en una época de esperanza. Crecí en los ’30 y los ’40, y me doctoré en 1960: años de optimismo con la ciencia y el futuro. Venía de una familia de clase media, pero pasé mucho tiempo en las calles de Brooklyn. Conocía cada arbusto y cada seto, cada farola y cada porche y cada muro del teatro donde jugar al balonmano chino. Pero hubo algo de aquel entorno que, por alguna razón, me impactó de forma distinta, y eran las estrellas.

Incluso yendo temprano a la cama en invierno podías verlas. ¿Qué eran? No eran como los setos, ni siquiera como las farolas. Así que pregunté a mis amigos qué eran. Ellos dijeron: “Son luces en el cielo”. Pero eso no era una explicación. Yo quería decir, ¿qué eran? ¿Pequeñas bombillas en largos cables negros, y por eso no se podía ver dónde estaban colgadas? ¿Qué eran?

No sólo nadie pudo contestarme, sino que incluso nadie creía que fuera una pregunta interesante. Me miraban divertidos. Pregunté a mis padres; pregunté a los amigos de mis padres; pregunté a otros adultos. Ninguno de ellos lo sabía.

Mi madre me dijo: “Mira, acabamos de conseguirte una tarjeta de la biblioteca. Tómala, sube en el autobús, ve hasta la sucursal de Nueva Utrecht de la Biblioteca Pública de Nueva York, saca un libro y encuentra la respuesta”.

Me pareció una idea fantásticamente inteligente. Hice el camino. Pregunté a la bibliotecaria por un libro sobre estrellas. (Era muy pequeño; aún puedo recordarme mirándola, ella se estaba sentando.) Se marchó durante unos minutos, trajo un libro de vuelta y me lo dio. Me senté ansiosamente y abrí las páginas. Pero trataba de Jean Harlow y Clark Gable. Sentí una terrible decepción. Así que volví a ella y le expliqué (no fue fácil para mí hacerlo) que eso no era en absoluto lo que tenía en mente, que quería un libro sobre las estrellas de verdad. Ella pensó que era divertido, lo que me avergonzó aún más. Pero sea como fuere, volvió con otro libro, el tipo correcto de libro. Lo tomé y lo abrí y pasé lentamente las páginas, hasta que llegué a la respuesta.

Estaba allí. Era impresionante. La respuesta era que el Sol era una estrella, sólo que muy alejada. Las estrellas eran soles; si estás muy cerca de ellas las verías como nuestro Sol. Intenté imaginar a qué distancia del Sol tendrías que estar para verlo como una tenue estrella. Por supuesto yo no conocía la ley del cuadrado inverso de la propagación de la luz; no tenía ni la más remota posibilidad de imaginarlo. Pero me había quedado muy clara la idea de que tenías que estar muy lejos. Mucho más lejos, posiblemente, que Nueva Jersey. La deslumbrante idea de un vasto universo más allá de la imaginación se posó sobre mí. Y ha estado conmigo desde entonces.

Me sentí sobrecogido. Me llevó varios años descubrir que estábamos en un planeta y que todas esas otras estrellas podrían tener planetas alrededor de ellas. Si había planetas, entonces vida, inteligencia, otros Brooklyns, ¿quién sabe? Mundos diversos, no exactamente como nosotros.

Cosmos, la célebre serie de 13 capítulos de divulgación científica creada y presentada por Carl Sagan (1934-1996), basada en su libro, vuelve a emitirse por el canal Encuentro los jueves a las 23 hs, con varias repeticiones.

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