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Domingo, 14 de junio de 2009

TEATRO >AGOSTO: NORMA ALEANDRO, MERCEDES MORAN Y LA FAMILIA ARGENTINA

Más respeto que soy tu madre

Agosto, una obra de off Broadway extraordinariamente adaptada por Mercedes Morán, devuelve a la calle Corrientes lo mejor de la tradición teatral argentina: la familia disfuncional que sufre, que se apuñala, que se desgarra, que se cobra cuentas pendientes y que, sin embargo, sigue en pie. Pero sobre todo, le devuelve al teatro la figura descomunal de una Norma Aleandro que se pasea en camisón para revalidar su corona de reina madre de la actuación argentina.

 Por Mercedes Halfon

Whisky, pastillas, suicidio, incesto, marihuana, incomunicación, infidelidad. Temas así puede incluir una obra sobre la familia hoy, cien años después de Florencio Sánchez y sus obras de padres fracasados e hijos que nunca pudieron ser lo que deberían. Hay whisky y pastillas y suicidios, pero la obra no es rioplatense, es del off Broadway y aun así, mundo globalizado mediante, Agosto llega a la calle Corrientes con elenco icónico local. Star System: Norma Aleandro es la madre salvaje y nutricia, Juan Manuel Tenuta el padre brillante que desaparece, Mercedes Morán, Andrea Pietra y Eugenia Guerty las escalonadas hijas del matrimonio, y las ramificaciones familiares siguen, están los maridos de ellas, la hija adolescente de Morán, la tía Lucrecia Capello y el tío Antonio Ugo. Todos ellos acuden a la casa familiar con motivo de la desaparición del padre. El caserón de tres pisos, entonces, será escenario de todas sus deudas, venganzas y tragedias.

Ver Agosto es reencontrarse con un naturalismo bien entendido, actualizado a los tiempos que corren, esto es, universal. Algo de Arthur Miller, de Tennessee Williams, aparece circulando por los corredores hogareños, porque una vez más la familia disfuncional, la familia que se desmorona ante nuestros ojos, aparece en escena. Pero esta vez, en plena calle Corrientes. Claudio Tolcachir es el director de esta puesta del texto de Tracy Letts, que contó además con una adaptación a cargo de Mercedes Morán. Con un equipo imponente, trece actores en la danza de la familia desgarrada e hilarante, la obra sucede.

Esos son los datos, los lugares, los nombres. Pero Agosto es Norma Aleandro más que ninguna otra cosa. Y todo lo que ella significa. Si hay una tradición del teatro argentino en las últimas décadas, del teatro actuado, de las obras y su paso por los escenarios, ésta tiene como madre a Norma Aleandro. Verla a ella vale la obra: “la gran madre” deambula en bata y camisón por las habitaciones, gatea, ríe a carcajadas con el speach de la que está de vuelta, empastillada y vociferante, sin pudores, les canta a todos, sin parar, las cuarenta. Más que nunca, Agosto exhala vida en esos monólogos, en el ping pong eléctrico de las mujeres de la historia. Mercedes Morán, la primogénita que vive una crisis matrimonial y le enrostra a su marido la mediocridad de irse con una chica más joven. Su hija de quince años que fuma porros a escondidas y a la que Morán le grita “pendejita free” para cerrar la discusión. Y después las otras hijas de Aleandro, Pietra y Guerty, que viven con la mayor dignidad posible sus vidas dificultosas.

Y la obra funciona innegablemente, sobre la base, la sospecha, de que no hay, no existe alguien que no tenga muertos en el placard. Quién no tiene un pariente suicidado, o con alguna oscura adicción, o con pretensiones artísticas más o menos fracasadas. Quién no se avergüenza ante los éxitos de los demás. Quién no sufre bajo la atenta mirada acusadora de un padre o una madre, o ante la ausencia absoluta de la misma. La familia produce una identificación inmediata, y esta idea de la familia disfuncional se vuelve sólo una trampa argumental, una forma de consuelo, de decir, no existe tal normalidad.

Después del primer intervalo Mercedes Morán toma la batuta de la familia, no sin algunos forcejeos. Y es con este duelo entre Norma y Merce-des, cuando las cosas se ponen más álgidas. Porque no es sólo una pelea por el poder, es un duelo de dolor, de debilidad. Tal vez por la mirada profundamente centrada en las mujeres que se impone en la obra, los personajes cobran profundidad y empatía cuando pierden la compostura: cuando se desdibujan en el ánimo reinante, cuando ya nadie se saque el camisón, pero las cosas que se digan, serán las que más adentro estaban guardadas.

Ellas entonces, brillantes, energéticas, son las que reunifican con su presencia y actuación, todo. Mercedes Morán, recordada más que nada por sus éxitos televisivos y sus películas con Lucrecia Martel, se reivindica como avis teatral en su acertada adaptación, que le saca todos esos detalles “de español neutro” que siempre distraen y afean las obras que se traen de Broadway. Morán es una máquina de naturalizar, el texto general, los textos que dice, es natural creerle, y conmoverse con sus crímenes conyugales.

Y Norma Aleandro, más arriba que nunca, desgarradora y provocadora a la vez, revalida su lugar de madre, su intensidad entregada al teatro. No puede mirarse ninguna otra cosa que su camisón clarito, su pelo despeinado. A Ella.

Agosto
Miércoles y jueves a las 20.30 hs.
Viernes a las 22.
Sábados, 21.30 y 23.30.
Domingos a las 21.
En el Teatro Lola Membrives, Av. Corrientes 1280.

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