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Domingo, 12 de junio de 2011

CINE > LOS AGENTES DEL DESTINO, DE PHILIP DICK, AL CINE, CON DIOS EN EL MEDIO

Un ángel para tu soledad

Angeles de traje y corbata persiguen a Matt Damon a lo largo de Nueva York para evitar que sea feliz y coma perdices junto a su amada. El cuento original de Philip Dick tenía ambigüedad, ciencia ficción y pesimismo. El debut como director del guionista de Bourne: el ultimátum tiene romance, aire bonachón y, sobre todo, a un personaje que no estaba en el cuento: Dios.

 Por Javier Alcacer

“El amor es una cuestión de timing”: esa era una de las conclusiones a las que llegaba el personaje del gran Tony Leung en 2046, de Wong Kar-Wai, mientras se desangraba. En Los agentes del destino pasa algo similar, sólo que hay un detalle fundamental: la sincronización de los tiempos no es azarosa, sino cuidadosamente planeada. Depende del trabajo de unos misteriosos hombres de riguroso traje hecho a medida, corbata y sombrero manejar el futuro de la humanidad mediante pequeños ajustes en la realidad que hacen con un simple ademán. La vida de David Norris (Matt Damon), por ejemplo, tenía que cambiar una mañana en la que el café debía salpicarle la camisa, obligándolo a volver a su casa a buscar una limpia para llegar presentable a la reunión de trabajo que tenía agendada. De aquella manera, habría perdido el colectivo en el cual viajaba Elise (Emily Blunt), una mujer a la que conoció en un momento fundamental de su vida y que nunca pudo olvidar. Pero esa mañana el agente encargado de mover el dedo para que el café manche la camisa se queda dormido, así que David y Elise se reencuentran y retoman el flechazo. En paralelo al romance, Richardson (John Slattery, más conocido como Roger Sterling, de la serie Mad Men), liderará un escuadrón de agentes que hará todo lo posible para impedir que la relación florezca y así evitar que la realidad se desvíe del plan que su jefe ha trazado. Esto habilita, por supuesto, a Matt Damon a que haga lo que lo terminó de consagrar como estrella y lo convirtió en la cabeza de una saga multimillonaria como es la de Jason Bourne: correr.

LOS LADRIDOS Y EL AMOR

Hay dos películas entrelazadas en Los agentes del destino: la primera es una chico conoce chica con Nueva York como telón de fondo en la que el azar cumple un rol fundamental en las idas y venidas de la pareja protagónica, así como pasaba en Señales de amor. La segunda es mucho más interesante: en ésta, los agentes atestiguan los encuentros entre David y Elise y tratarán de separarlos. En la operación de Richardson & Cía. es en lo único en que pueden encontrarse rastros del cuento en el que se inspiró la película: “Adjustment Team” (“Equipo de ajuste”, publicado en 1954), de Philip K. Dick, y del que no quedó ni siquiera el título original; en inglés se llama The Adjustment Bureau (El Bureau de Ajustes). En el texto, un perro que reporta a la agencia ladra un minuto más tarde de lo que tenía que hacerlo y como consecuencia Fletcher, un empleado de una agencia de bienes raíces, llega tarde a la oficina y descubre a los agentes –vestidos de blanco, los trajes son un aporte de la adaptación– en pleno trabajo y huye despavorido. Ruth, su mujer, no le cree y lo acompaña hasta la oficina. Pero allí nota que algo es distinto. Cuando está llamando a la policía, la cabina de teléfono levita y lo lleva hasta el líder de la agencia, que le explica que los cambios provocarían una serie de hechos que serían fundamentales para mejorar las relaciones entre Occidente y Oriente. Después de advertirle que no debe comentarle esto a nadie y que convenza a su mujer de que fue un rapto de locura, Fletcher vuelve a su casa. El tono del cuento es risueño, aunque una organización secreta controla las vidas de cada uno de los individuos como un drama (con el correr de los años y las nuevas drogas, Dick se volvería patológicamente paranoico), no hay nada romántico en el relato y, por el contrario, hay más bien una visión bastante pesimista de la vida en pareja. En el final, Ruth le pregunta a Fletcher dónde estuvo todo el día, él le dice que en la oficina y ella descubre que le está mintiendo y cree que estuvo con otra. Cuando Fletcher está a punto de confesar la verdad, un vendedor toca el timbre, a lo mejor enviado por la agencia para ayudarlo. El cruce de géneros entre la ciencia ficción y el género romántico está en boga gracias a las extraordinarias ventas de la novela de 2003 de Audrey Niffenegger, La mujer del viajero en el tiempo, adaptada al cine en 2009, un cóctel que mezcla Matadero-5 y los libros de Nicholas Sparks. Otra de las influencias que pueden notarse en Los agentes del destino, confirmando las peores pronósticos de sus detractores, es la del El origen, referencia visual a la hora de la composición de los planos y cuyas largas secuencias de diálogos explicativas parecen haber hecho escuela.

EL GOLPE DIVINO: ANGELES Y MARTILLOS

George Nolfi, director debutante y responsable de la adaptación y guionista de La nueva gran estafa y Bourne: el ultimátum, le agrega a la mezcla otros dos elementos. El personaje que interpreta Matt Damon no es un simple neoyorquino más: fue el diputado más joven de la historia y apenas comenzada la película, pierde las elecciones debido a una campaña en su contra de uno de los diarios rivales. No es casualidad: Nolfi tiene un doctorado en ciencias políticas. La intromisión de los agentes en la vida sentimental del protagonista se debe a que el plan divino cuya concreción deben asegurar indica que él debe retomar ese camino, aunque eso lo condene a la soledad. Así como en la película no lo son las salpicaduras del café, la elección de la palabra divino para hablar del plan que tienen que proteger los agentes tampoco es azarosa. La ambigüedad bien gracias, esto ni siquiera es una revelación del relato sino que se lo aclara a los pocos minutos: ellos son ángeles, más específicamente son ángeles de la guarda. Entonces, los villanos no terminan de ser tan villanescos, ni siquiera el que se supone que es el más cruel de todos ellos, El Martillo, en la piel de Terence Stamp. Alguna vez, a Stamp le tocó hacer de un villano celestial. Por entonces, todavía funcionaba el limbo, el lugar ideal para una película como Los agentes del destino.

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