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Domingo, 11 de septiembre de 2011

PERSONAJES > RAMONA FLOWERS, LA HEROíNA DE LA HISTORIETA SCOTT PILGRIM

Flores para ella

 Por Martín Pérez

Primero la historieta, después la película. O el libro. O la serie de TV. Sea cual fuere el soporte original, el cine siempre llega al final. Para terminar de inmortalizar la obra primera. O para condenarla al olvido. Así, al menos, es como suele suceder habitualmente dentro de lo que se ha dado en llamar la cultura de masas. Es cierto, también sucede al revés: hay historietas, series e incluso libros nacidos de una película. Pero son subproductos, meras involuciones. Porque, aunque funcione como punto de partida, al final de la cadena de consumo suele estar el llamado séptimo arte. Ahí se termina el juego, última pantalla. Después de la pantalla grande, reset y vuelta a cero para centrar toda la atención en la próxima novedad. Un recorrido que en el mundo anglosajón supo hacer en ese orden Scott Pilgrim, la saga iniciática del canadiense Bryan Lee O’Malley, falso manga y comic indie, comedia romántica y una de batallas y acción en formato de bolsillo, que comenzó en 2004 siendo apenas una historieta más para terminar, seis años –y tomos– más tarde, convertida en un fenómeno de culto, con mas de un millón de ejemplares vendidos. El clímax de su exhibición llegó el año pasado, cuando se editó el sexto y último tomo de la serie coincidiendo con el estreno de la adaptación cinematográfica, estelarizada por el chico indie del momento, Michael Cera (protagonista de Juno y Supercool). Pero por este lado del mundo, las cosas no sucedieron de la misma manera.

Por un lado, recién cuando llegó la noticia del estreno anglosajón de la película es que apareció el primer tomo de la historieta en castellano. Y cuando el moderado éxito de la película en su mercado original la convirtió en una rareza directo a video por estas pampas, la continuada edición de los siguientes tomos de la saga fue cayendo lentamente en la intrascendencia. Lo que es una lástima. Y algo injusto, además. Porque, a pesar del encanto y la efectividad de la película, la obra de O’Malley nació claramente para ser disfrutada en su formato original. Es en las atesorables páginas de sus pequeños tomos –acaba de salir el número 4: Scott Pilgrim lo consigue (Debolsillo)– donde mejor se disfrutan sus múltiples influencias, los giros de su trama, sus heterogéneos recursos narrativos y, principalmente, el encanto de todos sus personajes, sean héroes o villanos, principales o secundarios. Scott es más Scott cuando está dibujado y, qué duda cabe, Ramona Flowers despliega todo su encanto en blanco y negro –y el ocasional color de las páginas del comienzo de este flamante tomo–, que apenas si se puede percibir en la interpretación de Mary Elizabeth Winstead. De la que, justo es decirlo, hay poco que quejarse si se conoce a su personaje directamente en la pantalla grande. Pero que es claramente insatisfactorio si se ha conocido antes a la Ramona dibujada por O’Malley. Porque Winstead es demasiado... humana. Y Ramona es en las páginas de Scott Pilgrim un encantador personaje femenino, enigmático y con personalidad. Como la Laureline del comic francés Valerian, que –lo saben los iniciados– supo inspirar a los responsables de los diseños de Star Wars. Una chica de armas tomar. O de un martillo enorme, en realidad, que guarda en un diminuto bolso redondo, adornado con una estrella. Si Pilgrim es el eje de la historia, Ramona Flowers la hace avanzar. Ella, claro, y sus siete novios malvados con los que Pilgrim deberá luchar para conquistarla, una trama que Bryan Lee O’Malley confesó haber ideado cuando la novia con la que salía en la época que comenzó a pensar en la historia –su actual mujer– le contó que había salido con tres chicos llamados Matt en diferentes momentos de su vida. Fanático del manga, O’Malley confiesa haber ideado el formato pequeño de los tomos de su serie para que se confundiesen con los del género, y haberla resumido para la editorial que la publicó originalmente como una mezcla entre Blue Monday –una serie juvenil y disparatadamente costumbrista, estilo manga, pero dibujada por una californiana– y Dragon Ball. Pero lo que en realidad termina mezclando O’Malley –que el año que viene editará una novela gráfica titulada Seconds– en los seis tomos de Scott Pilgrim es el espíritu del rock indie con los códigos de los videojuegos, como escenografía de una juvenil historia de iniciación, una encantadora comedia romántica que se desarrolla ante la melancólica mirada de Ramona Flowers, la chica que cambia radicalmente sus cortes de pelo tomo a tomo y obliga a que Scott madure. Que deje de ser un niño, digamos. Paradoja de paradojas, ya que al dejar de serlo, de poco servirán sus aventuras. Y es entonces cuando son pasto del séptimo arte, claro.

Scott Pilgrim está siendo editado por la editorial Sudamericana bajo el sello Debolsillo. El último tomo es Scott Pilgrim lo consigue, el cuarto de la serie.

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