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Domingo, 27 de noviembre de 2011

MUSICA > SUZANNE VEGA REVISITA SU OBRA EN UNA SERIE DE DISCOS NOTABLES

Luka vive

Es una de las mejores cantautoras norteamericanas. Medio planeta la conoció por su hit “Luka”, que bajo una melodía pegadiza escondía una triste y poderosa historia de abuso infantil. “Tom’s Diner” demostró que no era un golpe de suerte. Y media docena de discos después ya tenía una obra sensible, cálida y melódica capaz de mirar a través de la vida. Luego de una fallida relación con el sello Blue Note, Suzanne Vega decidió volver a empezar grabando sus mejores canciones apenas acompañada por su voz y unos pocos instrumentos acústicos. Ya salieron dos, está por salir el tercero y serán cuatro: pero todo es poco para volver a escuchar a esta mujer que está mejor que nunca.

 Por Sergio Marchi

Uno de los shows más desquiciados de todos los tiempos, Space Ghost: coast to coast, que supo ser emitido por Cartoon Network los sábados a la noche, trataba acerca de un superhéroe en decadencia devenido en anfitrión de un “late night show” y sus problemas con un ego fuera de control sumado a falencias en el control de su ira. Su archienemigo, una mantis repulsiva llamada Zorak, era su switcher master. Aparece en pantalla Janeane Garófalo, y el Fantasma del Espacio le pregunta veloz: “¿Sabés quién soy?”. “Sí, el Fantasma del Espacio”, responde la comediante. El superhéroe le contesta que no: “Mi nombre es Luka y vivo en el segundo piso”. Después la desintegra con un rayo.

“Luka” ha sido uno de los éxitos musicales más importantes de los años ’80, una de esas canciones que devienen en hitos culturales y que cualquier terrestre reconoce en las primeras cuatro notas. “Luka” fue un número uno a nivel mundial, pero lo que parecía ser simplemente otra canción pop, bien pulida y cantada por una chica agradable, era una aterradora descripción sobre el abuso infantil. Aterradora por la normalidad y sencillez con que Vega retrata la escena: “Sólo te pegan hasta que llorás/ y después de eso no preguntás por qué/ Simplemente, no discutís más”. “Algunos tópicos –reflexiona Vega, con la perspectiva de los años transcurridos a su favor– suelen poner incómoda a la gente, lo tengo claro. Pero sucede que los autores que más me gustan son los que realmente se ponen oscuros, como Lou Reed, Leonard Cohen, Laura Nyro, Bob Dylan. Esa gente puede ponerse tan oscura como sea posible. Yo trato de escribir sobre lo que quiero escuchar, y si querés cubrir todo el espectro de las emociones humanas, no podés dejar de lado lo que resulta incómodo. No tiene sentido.”

Mucha gente cree que Suzanne Vega es solamente “Luka”, lo que constituye un notable error: Suzanne Vega también es “Tom’s Diner”, otra de sus canciones que se incrustó en el inconsciente colectivo por varias vías. Primero, porque era la que abría su segundo disco, Solitude standing (que contenía “Luka”), a cappella, y que dio lugar a una versión electrónica confeccionada por el grupo DNA que se transformó en un éxito de discotecas en 1990 (y hasta generó un disco de versiones que incluía una interpretación muy burlona a cargo de R.E.M., hecho que Vega no tomó con agrado). Además, “Tom’s Diner” es un restaurante mundialmente conocido no sólo por la canción, sino porque es la imagen del café donde Seinfeld y sus amigos se reúnen a intentar solucionar sus vidas durante varias temporadas. Y no sólo eso: “Tom’s Diner” en su versión original fue tomada como matriz para el diseño del archivo mp3, que revolucionó la escucha musical tal cual hoy la conocemos. Lo que le valió a Vega el mote de “la madre del mp3”. Very chic.

Estas dos canciones alcanzarían para que Suzanne Vega quedara inscripta en la historia en un status superior a alguien que la pegó dos veces, técnicamente una two-hit wonder, por su impacto cultural (hasta Homero Simpson cantó “Luka”). Pero además, un poco hacia atrás con su disco debut de 1985, y hacia adelante con cinco álbumes excelentes, Suzanne Vega ha creado una obra tan atractiva como ella misma, hoy una mujer de 51 años, lúcida, inteligente, con humor y una belleza que al tiempo que madura se pone más interesante. Su obra, mecanismo oculto y secreto, mejora con el tiempo, y es esa sensación la que la llevó a encarar una impecable revisión de su carrera en cuatro volúmenes titulados Close up. Se trata de versiones despojadas, y mayormente acústicas, de muchísimas de sus canciones agrupadas por temáticas.

El masterplan, que abarca los cuatro discos mencionados, editados en el transcurso de dos años, 2010 y 2011 (el tercero sale en diciembre en Argentina) es para Suzanne Vega un “barajar y dar de nuevo”. Sobre todo después de la fallida experiencia con el sello Blue Note, para el cual Suzanne entregó su álbum Beauty & Crime, con el que nada aconteció. Allí comenzó una autocrítica, costumbre a la que los artistas son poco proclives. “¿Qué debería hacer ahora? –confesó en un reportaje que se dijo a sí misma– ¿Buscar una nueva compañía? ¿Hacer un disco que no sé quién va a escuchar?”. Y entre pregunta y pregunta, se le ocurrió cómo responder a todas en una sola maniobra.

“Si me preguntan cuál es mi estilo, siempre digo ‘techno-folk’, porque en realidad hago canciones folk procesadas con la tecnología de la época”, explica Suzanne Vega. Es una precisa autodefinición, pero ¿qué pasaría con esas canciones sin el procesamiento tecnológico? ¿Se sostendrían sólo con cuerdas y guitarras? Los tres primeros volúmenes de Close-up contestan afirmativamente esas preguntas; sin intención de ser ortodoxamente “unplu-gged”, ni tampoco de someter a sus temas a un tratamiento de empobrecimiento sonoro a lo indie o de practicar una cirugía radical, Suzanne Vega apela a lo mejor que tiene: la enorme calidez de su voz al servicio de un repertorio al que Close-up, como su nombre indica, procura acercar en detalle al oyente. En esa tarea ayuda la mano experta de Joe Blaney, el técnico neoyorquino que grabó Clics modernos de Charly García y Alta suciedad de Andrés Calamaro, entre otras perlas que incluyen Talk is cheap, de Keith Richards. Blaney es un especialista en grabaciones con “mucho grano”, con micrófonos analógicos y la sensación de que a través del parlante uno puede percibir el aliento del cantante. Fresco aliento, en este caso.

“Una de las preguntas que me hacía –se sincera Suzanne Vega– era si debería grabar un nuevo disco, y para quién. ¿Cuál es hoy mi audiencia? No la conozco. De manera que decidí salir a buscarla, y Close-up es parte del plan: enfocarme en mis viejas canciones a través de una colección temática. Al hacer eso podría construir una nueva audiencia. De ese modo podría saber dónde están, cómo son, y en algunos casos reconectar con viejos fans, además de descubrir a los nuevos. Por lo tanto es un plan que tiene que durar un tiempo. Y también está la cuestión del financiamiento, pero la idea es reinvertir cualquier dinero que pueda generar en hacer un nuevo disco. Mientras, estoy disfrutando la reconstrucción de mi viejo catálogo.”

El primer volumen de Close-up convoca a las “canciones de amor” del repertorio vegano encabezadas por su primer tímido éxito, “Marlene On The Wall” (1985), una exquisitez folk de su primer álbum, y a la que sigue “Caramel”, que fue la canción de promoción del film Closer (2004), de Mike Nichols. “Estas son las canciones que yo considero de amor, pero también son canciones de atracción, coqueteo y confrontación”, define la autora al primero de sus Close-up. Al tratarse de canciones de amor, figuran varias de los dos discos que realizó con su ex marido, el productor Mitchell Froom, como la mencionada “Caramel”, “(If you were) In my movie”, y la que de algún modo deja atisbar la clausura de la relación: “I’ll never be your Maggie May”, aludiendo al ficticio personaje de la canción del clásico de Rod Stewart, “Maggie May”, y parándose en el lugar opuesto de aquél. De ese matrimonio, que duró unos pocos años, nació Ruby Froom, que hace coros en el segundo de los Close-up. Actualmente, Suzanne Vega está casada con el abogado y poeta Paul Mills. Su biografía revela que Mills le propuso casamiento en 1983, y que ella se tomó su tiempo para pensarlo: le dijo que sí el día de Navidad de 2005. Veintidós años más tarde.

El volumen dos es sobre “Lugares, personas y cosas” y el desfile comienza con una perfecta reedición de “Luka”, la emotiva “In Liverpool” (una de las joyas sumergidas en su repertorio) y “Rock in this pocket”, que muestra cómo un tema que tiene su fuerza en el diseño sonoro originalmente diseñado por Mitchell Froom y publicado en 99ºF, sobrevive a la pérdida de textura electrónica y brilla con sólo una guitarra acústica. El truco de Suzanne Vega... es que no hay truco. Estos Close-up han sido hasta hoy (se acaba de editar en Estados Unidos el tercero sobre “estados del ser”, y se espera el último de la saga con “canciones de familia”) un modo de reactualizar una carrera que necesitaba un sacudón. Y también una demostración de talento. ¿Hasta qué punto un rostro resiste un “Close-up” sin registrar defectos insalvables? Eso pasa con sus canciones: Suzanne Vega les quita todas las capas de maquillaje y siguen siendo bonitas. Tal vez sea porque son auténticas. O quizá no.

“En una ocasión –cuenta Vega– tuve la oportunidad de desayunar con Leonard Cohen, uno de mis ídolos, y le pregunté si siempre decía la verdad en sus canciones. Y me contestó: ‘A veces sí, a veces miento; hago lo que sea necesario para que la canción funcione’. Por supuesto, tenía razón. Y yo trato de hacer lo mismo.”

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