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Domingo, 18 de diciembre de 2011

DVD > ATAQUE EXTRATERRESTRE: LOS GOONIES, LOS ET Y LOS INDIGNADOS

Barrios de pie

Una pandilla de chicos negros, pobres y a priori culpables de cualquier cosa, de pronto una noche enfrenta una peligrosa amenaza extraterrestre en las calles de su barrio en el sur de Londres. Ochentosa, con el oscuro clásico de culto de John Carpenter The Thing como referente principal, y con el talento para dar vuelta todos los prejuicios que la película misma erige para demoler, Attack the Block, del inglés Joe Cornish, muestra cómo entretener mientras se construye el nacimiento de un héroe inesperado. Lamentablemente, tras un año recorriendo los cines y festivales del mundo, esta pequeña joya acá llega directamente en DVD con el título Ataque extraterrestre.

 Por Javier Alcacer

No siempre se puede invadir Nueva York, California, Las Vegas, Tokio o París. En el planeta hay una mayor cantidad de destinos menos pintorescos. Como por ejemplo, la zona de viviendas sociales de Kennington, al sur de Londres. En la noche del 5 de noviembre, la noche en la que se recuerda el intento de Guy Fawkes de detonar el Palacio de Westminster en 1605, nadie miraba más allá de los tradicionales fuegos artificiales con los que se celebra la fecha. Sam, una enfermera, es víctima de un robo a manos de unos adolescentes enmascarados mientras camina por el barrio para volver a su casa. El forcejeo con el líder de los ladrones se interrumpe cuando algo cae desde el cielo y revienta contra un auto a pocos metros de donde se encuentran. Sam aprovecha para huir y la pandilla revisa lo que queda del auto para ver si hay algo de valor. Moses, el líder, es atacado por una criatura, a la que consigue herir. Cuando la criatura escapa, Moses y sus amigos la persiguen hasta cazarla y matarla, sin advertir que hay más meteoritos acercándose el cielo. Así empieza Ataque extraterrestre, título local que recibió para su estreno en DVD, sin pasar por los cines, Attack the Block, ópera prima del comediante Joe Cornish, producida por otro bretón postergado de las salas locales, Edgar Wright, director de Hot Fuzz y Shaun of the Dead, que por acá fueron editadas en DVD con los títulos Arma fatal y Muertos de risa, respectivamente. Junto Steve Moffat (responsable de las últimas temporadas de la serie inglesa de culto Doctor Who), Wright y Cornish fueron convocados por el mismísimo Steven Spielberg para trabajar en el guión de la inminente Las aventuras de Tintín. Da la casualidad de que Ataque extraterrestre tiene varios puntos en común con una producción reciente de Spielberg, Súper 8, ese ejercicio nostálgico y estéril dirigido por J. J. Abrams. En esa película, el creador de Lost homenajeaba los tópicos favoritos de la filmografía de su héroe (familias disfuncionales, la cinefilia, la infancia...), con una trama con una clara influencia de ET y Los Goonies: ambientada en 1979, en un pueblo remoto de Ohio, una pandilla de amigos descubría que un extraterrestre peligroso andaba suelto. Súper 8 es simpática y no mucho más, en cambio, Ataque extraterrestre retoma la pulsión mutante del cine de la década del ochenta sin quedarse en la superficie y se anima a ir por más.

AQUELLOS TIEMPOS MUTANTES

En 1982, John Carpenter filmó la invasión del espacio definitiva en su película The Thing (El enigma de otro mundo). Pero por entonces a nadie le importó mucho y fracasó en la taquilla. Era una historia paranoica y pesimista que transcurría en una desolada base de la Antártida, y que con una banda de sonido insólita de Ennio Morricone, iba a contramano del nuevo paradigma del viajero espacial que había impuesto apenas dos semanas antes Spielberg con ET. El paso del tiempo puso las cosas en su lugar, hoy se la reconoce como una de las mejores películas de Carpenter y, gracias a las buenas ventas de las ediciones en DVD y Blu-Ray, este año se estrenó una precuela (que llegaría al país en los primeros meses de 2012). Al aparecer ese cielo estrellado con el que abre Ataque extraterrestre, la música, a cargo de Basement Jaxx, remite al sonido de los sintetizadores de Morricone que suenan en The Thing. Es un detalle sutil, que podría pasar inadvertido, tal como la mayoría de las referencias de la película (aquel que no haya ido nunca a Londres podría pensar que existen las calles Ballard y Huxley). Influencias de la obra de Sam Raimi, David Cronenberg y Joe Dante, sólo por nombrar algunos, pueden detectarse en el relato sin necesidad de que la cámara encuentre un afiche cuidadosamente pegado en el decorado por el equipo de arte. En el diseño de los invasores puede notarse el apego de Cornish por el modo de filmar de aquellos años. Los extraterrestres son una especie de gorilas de color negro intenso, sin ojos pero con enormes fauces que brillan en la oscuridad. En vez de recurrir a los efectos digitales (CGI, un vicio de todas las producciones del género), el director optó por emplear la vieja del técnica del rotoscopio a partir del movimiento de los actores, inspirado en el trabajo de Ralph Bakshi en su adaptación animada de El señor de los anillos, dándoles una corporalidad extraña a las criaturas, como si fueran sombras monstruosas. Pero es en su ferocidad, en sus momentos de humor negro y en sus giros inesperados que Ataque extraterrestre demuestra que no podría existir sin películas como Gremlins y Evil Dead. Y claro, también en esos momentos de desconcierto y horror en que nos recuerda que en Hollywood ya no se permite filmar escenas en las que un extraterrestre devora de un bocado la cabeza de un niño. Parece que no mide bien en los focus group, la consecuencia de un cine inocuo.

LA PANDILLA SALVAJE

La serie de la BBC Misfits, que puede verse actualmente por Film & Arts, pero que en Inglaterra ya va por su tercera temporada –todavía inédita en la TV local, pero disponible en los lugares de siempre–, ya había mezclado el universo de los marginados con el género fantástico. Cinco adolescentes buenos para nada reciben poderes cuando son impactados por un rayo mientras cumplen con horas de servicio comunitario. Lejos de ser una bendición, las nuevas habilidades agudizan sus carencias afectivas y su sentimiento de alienación. Tendrán que aprender a controlarlos rápido cuando otros ciudadanos afectados comienzan a atacar. Con la secuencia del robo, Ataque extraterrestre presenta a sus héroes, la mayoría de ellos de ascendencia africana, de una manera incómoda, poniendo al espectador del lado de Sam, la víctima (la bella Jodie Whittaker, la chica que enamoraba Peter O’Toole en Venus). Sin perder nunca el dinamismo ni detenerse para la exposición, a Cornish le lleva menos de media hora desterrar los prejuicios y que uno termine hinchando por la pandilla de salvajes, y para ello no tiene que recurrir a golpes bajos. Hay algo retorcidamente feliz en un grupo de amigos de menos de 15 años, de comportamiento tribal, que patrulla las calles de su barrio armados con un arsenal de pirotecnia con una mezcla de inocencia y violencia innata, una versión border y nutrida por el consumo excesivo de videojuegos de Los Goonies. Pero en aquella película de Richard Donner, el motor del relato era la amenaza de la venta del barrio a un country; en cambio, sería difícil conseguir un grupo inversor interesado en las propiedades aledañas a la zona en la que transcurre Ataque extraterrestre. “Seguro que el gobierno creó a esas cosas para matar a los negros. Primero fueron las drogas, después las armas y ahora están mandando monstruos para matarnos. No les importa. No nos estamos matando lo suficientemente rápido. Así que decidieron acelerar el proceso”, reflexiona Moses, interpretado por John Boyega, un actor debutante de ascendencia nigeriana.

Cuando llegan los invasores, el quinteto se enfrenta al peligro con alegría, pero sin ninguna esperanza de cambiar nada, lo que los llama es la opción de vivir una aventura inmediata, lo ven como una oportunidad dorada para ejercer el poder del que se jactan de tener en el edificio en el que viven y una excusa para dar rienda suelta a su apetito por la destrucción. Aunque el sentido del deber surge de esas ideas, lo cierto es que la policía no tiene interés en creerles que el barrio es foco de una invasión del espacio y prefiere culparlos de los ataques de las criaturas. No son los únicos en hacer caso omiso a sus advertencias: Hi-Hatz, un criminal de la zona que quiere reclutar a Moses como vendedor de droga, los persigue por haber arruinado su auto. Sin los invasores, las noches en el edificio parecen igual de sórdidas.

LA LENGUA Y EL TERRITORIO

La posibilidades comerciales de Ataque extraterrestre en otros países de habla inglesa fueron dañadas por el slang que usa el quinteto protagónico, tan cerrado que incluso a Sam le cuesta entenderlo. Llegó a rumorearse que iba a circular un corte doblado a una versión más amigable del inglés. Pero en los vínculos entre los miembros de la pandilla, ese uso del idioma es fundamental para dar una idea del sentimiento de unidad. El otro gran protagonista de la película es el propio edificio y sus alrededores. Cornish filma primero en lugares abiertos, la zona es definida por persecuciones en bicicleta, pero la última media hora transcurre en el interior del edificio, infestado por los monstruos. El director sigue la lección de Carpenter, pasa de usar planos generales en espacios abiertos a crear una atmósfera opresiva durante el encierro en la torre mediante pasillos laberínticos llenos de humo. Esa opresión se rompe en una secuencia espectacular, en la que se revela otra faceta de Ataque extraterrestre. Además de ser una película de ciencia ficción con elementos del terror, en su desenlace se descubre que en realidad lo que acabamos de ver no es más que el origen de un héroe. Un héroe que es arrestado por la policía por prejuicios raciales pero que, antes de que se lo lleven al calabozo, cuando los gritos de sus vecinos en su favor lo ayudan a reconocer que ha aceptado su destino, sonríe por primera vez.


Ataque extraterrestre fue editada este mes en DVD.

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Hay algo retorcidamente feliz en un grupo de amigos de menos de 15 años, de comportamiento tribal, que patrulla las calles de su barrio armados con un arsenal de pirotecnia con una mezcla de inocencia y violencia innata, una versión border y nutrida por el consumo excesivo de videojuegos de Los Goonies.
 
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