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Domingo, 18 de diciembre de 2011

LUGARES > MUNDO DIOS: LA CASA DEL ARTE EN MAR DEL PLATA

Dios esta Feliz

En un edificio extraño, creado hace un siglo por los constructores del puerto, vecino de uno de los cabarets históricos más célebres de la ciudad, un grupo de artistas destinó el dinero de una beca para poner en funcionamiento un espacio dedicado al arte contemporáneo. Dos años después, sus paredes de piedra albergan muestras, talleres, encuentros, residencias y hasta su propia beca –mientras, de paso, rescatan ese edificio del descuido–. Mientras Mar del Plata se prepara para la temporada, Radar fue a conocer Mundo Dios, la casa de los feligreses del arte contemporáneo.

 Por Veronica Gomez

A las 5 y 20 AM todavía no amanece en el puerto de Mar del Plata. Demasiado temprano para que El Monumento al Hombre de Mar, conocido coloquialmente como El Sireno, se desperece para sumirse en los vahos del pescado. Acá en el puerto, el olor va y viene como la gente y a veces simplemente no viene; las calles quedan desiertas de olor y desiertas de gente. Si hay algún edificio que se destaca por estos lares es sin dudas el enigmático mamotreto de piedra en la esquina de la Av. Martínez de Hoz y 12 de Octubre. Pergeñado por la misma compañía francesa que construyó el puerto de Mar del Plata en 1912 (Societé de Trabaux Publics de París) el edificio fue concebido para alojar sus oficinas administrativas el tiempo que durase la obra fundacional. En ese entonces, la zona que hoy conocemos como puerto era la nada misma, no había ni un baño, ni un lugar donde pernoctar y mucho menos un sitio de esparcimiento para los trabajadores. Como un presagio que signaría la estirpe de sus futuros habitantes, en esta especie de penthouse industrial, una gran chimenea de piedra ostenta la talla del escudo de París donde un barco se bate a duelo con un oleaje encabronado y la escena es coronada por el lema “Fluctuat Nec Mergitur” (“Flota a la deriva pero no se hunde”). El pintor y arquitecto austríaco Friedensreich Hundertwassen sostenía: “Hay que empezar a levantar un edificio por las ventanas, que son el puente entre el interior y el exterior. Así como los poros perforan la epidermis, las ventanas atraviesan la piel del edificio. Las ventanas son el equivalente a los ojos”. Difícil saber si el señor Natalio Ricardo Marengo tenía presente el concepto de derecho de ventana acuñado por Hundertwassen cuando se embarcó en la tarea de redactar un retrato del puerto de Mar del Plata. Desde la buhardilla es una recopilación de las visiones de Marengo durante los 17 años que vivió en el edificio de piedra. Marengo miró mucho por la ventana; no resulta raro que haya caído en las redes de El Sireno. Bajo su encantamiento le dedicó un capítulo entero de su libro. Ahí narra en detalle las peripecias y ridículos obstáculos que sorteó el monumento hasta ser emplazado en 1987, casi 30 años después de su venida al mundo por obra del talento del escultor De Tomasso. Menos armonioso y poético que el arquitecto austríaco, aunque sumamente exacto, se muestra Marengo cuando cita un dicho popular en el último capítulo: “Los edificios, como los políticos y las prostitutas, si duran lo suficiente se vuelven respetables”. Es que la esquina en cuestión todavía reserva las huellas de Akadama, el cabaret otrora poblado de marineros sudando salitre a todo motor mientras Rita La Salvaje subía la temperatura hasta el trópico con sus números de strip tease. Mucho tiempo después el cabaret reaparecería regenteado por Margarita Di Tullio, alias Pepita la Pistolera, bajo el nombre de My Dary. Hoy en día sus puertas están cerradas y el lugar en completo abandono. Dicen que en pleno apogeo el antro se estructuraba en tres dimensiones: Cielo, Infierno y Purgatorio. También hay rumores sobre la legendaria ducha de leche chocolatada, pero no ahondaremos al respecto en esta nota. De noche, si uno se acerca lo suficiente al vidrio oscuro, se distingue adentro el cartel de luces de neón rojo fuego que reza y todavía titila My Dary. Tal vez sea el espíritu de Pepita que se allega cada día para mantener la llama encendida.

ACASO DIOS ES CASA

No resulta novedosa para estos gruesos muros de piedra la tarea de cobijar artistas. Aquí tuvieron su residencia escultores, pintores, ceramistas y hasta un fabricante de muñequitos de azúcar de repostería. El terreno ya estaba entonces lo suficientemente sedimentado cuando en 2009 Juan José Souto y Daniel Basso, artistas marplatenses, decidieron alquilar uno de los desvanes como vivienda y allí fundar un estudio de diseño de objetos llamado Mundo Dios. La idea original creció vertiginosa pero relajadamente y Mundo Dios se transformó como quien no quiere la cosa en una beca, un residencial, una sala de exposiciones, un proyecto de puesta en valor edilicia, sede de fiestas, seminarios, talleres y por sobre todas las cosas un lugar para agitar el avispero del arte contemporáneo marplatense. Muy pronto entró en la órbita divina Yamandú Rodríguez, artista nacido en Lanús pero marplatense por vocación, guitarrista de Loquero –banda punk de férreos acólitos– a quien Basso y Souto gustan denominar El Jefe. Mundo Dios nació como todos cuando venimos al mundo: poseídos por el bruto y ciego empuje de vivir –aunque no sepamos ni remotamente de qué se trata la cosa–, un Big Bang de posibilidades, una criatura compacta pero completa para serlo todo. Tracemos ahora brevemente el itinerario de la criatura: en 2010, el Fondo Nacional de las Artes le otorga a Mundo Dios un Subsidio para Proyectos Grupales y los chicos le dan curso a la Beca Mundo Dios, un programa para artistas que dura nueve meses. Firmes en la convicción de que Mundo Dios debe alentar y contribuir a la formación de nuevos artistas locales, seleccionan trece artistas, de los cuales once son marplatenses. Ernesto Ballesteros inicia el ciclo de clínicas seguido por Alberto Goldenstein y Daniel Joglar, Rosario Bléfari dicta un taller de escritura y Rafael Cippolini ofrece el seminario Cabaret Mañana, cuya ponencia adopta la forma de café concert, teñido por la elegancia y el buen whisky. Exento de planificaciones rigurosas, el paso siguiente de la trinidad es la organización de una serie de muestras individuales de los becarios de Mundo Dios y la fundación de la sala My Dary con la curaduría de Mariano Ullua. Por la sala han pasado: Nicolás Robbio, Ernesto Ballesteros, Valeria Gopar, Inés Drangosch, Inés Raiteri, Ana Soler, Juliana Iriart, Yamandú Rodríguez, Nadia Lawson y Sebastián Bruno, Sol Besoytaorube, Enrique Ranzoni, Mariana Pellejero, Ignacio Mendía, entre otros. Ganando espacio al estilo Monopoly, los fundadores de Mundo Dios habilitan un residencial para aquellos artistas que deseen pasar un tiempo a solas con su obra, producir si viene la inspiración, de día o de noche, respirando el aire de mar y el aire que exhalan las obras de artistas vecinos. La suite del Residencial es la crème de la crème. Empapelados vintage estilo marinerito, cama cual aposento real y joyas desmesuradas al servicio de un huésped elegante. Un aspecto importante de Mundo Dios es la puesta en valor de los sectores abandonados del edificio. En esa perspectiva se sitúa uno de los ramales del proyecto: Meta Clásicos, una línea de mobiliario y objetos que tiene la actitud de recuperar el mobiliario marplatense con alto calibre de fantasía y sofisticación sin dejar de lado cierta tosquedad primigenia. “No vamos tras la historia del diseño moderno, aunque algo de todo eso es fundamental, vamos tras el imaginario Mundo Dios, lleno de malentendidos, ingenuidad, desproporción y ternura de bajo costo. En esto incluimos desde sillones o bibliotecas hasta las joyas que son parte de la obra de Daniel Basso”, explica Souto. Mundo Dios no está solo. En el mismo edificio tiene sede el laboratorio estudio Coco, de los Marder (colectivo de artistas, diseñadores, músicos y productores), y los encuentros intensivos del club del dibujo comandado entusiastamente por Mario Gemin. Ahí nomás, cruzando la avenida, funciona Baltar Contemporáneo, una galería de 3 x 3 metros que desde hace ocho años es escala honorable de todo artista marplatense con ganas de experimentar. “Acaso Dios es casa”, decía el poema de Viel Temperley. Lo que no sabía es que Dios, para concentrarse en La Creación, veranea en Mar del Plata.

Yamandú Rodríguez, Daniel Basso y Juan José Souto, fundadores de Mundo Dios.

SOLO PARA ENTENDIDOS

Dice Yamandú Rodríguez que Mundo Dios es un lugar para iniciados. “No hay pedagogía para el espectador, nadie te viene a explicar nada, creo que de ahí el efecto encantador, vos sentís que descubrís las cosas que pasan, te sentís un poco explorador de un edificio increíble que ya tiene más de cien años y habrá visto mucho de este puerto cabaretero”, amplía Souto. Marcela Baltar, hada madrina de Mundo Dios, cuando se le pregunta por el origen del proyecto, dice algo que parece poca cosa a simple vista, pero que da la clave fundacional: “No había un lugar donde reunirse”. Algo tan elemental y necesario como eso: un centro de universo, un referente. Mundo Dios no es programático, va creciendo orgánicamente, como toda casa. En primer lugar, los fundadores de Mundo Dios son artistas, en segundo, gestores. La gestión se desplaza entonces por los mismos meandros que la obra, sin redacción rigurosa de objetivos ni manifiesto altisonante, más bien tanteando, con la mirada periférica alerta, mutando y parando la oreja. Es por eso que genera tanta expectativa, no sabemos hacia dónde evolucionará la criatura. Ojalá que tenga hermanas y hermanitos. Por lo pronto, quien escribe recomienda efusivamente la visita a Mundo Dios y, ya que están por ahí, no dejen de caminar las siete cuadras hasta la Gruta de Lourdes, donde se aloja la Ciudad de Belén, gigantesca maqueta mecánica interactiva de los años ‘50 que reproduce escenas bíblicas en miniatura. En este Sacroa (Sacoa Sacro) ponés un fichín en la ranura y los pastores se deslizan mágicamente sobre rieles internándose en la montaña. Ponés otro fichín y los ángeles y arcángeles ascienden hasta las nubes escoltando a Jesucristo. Otro, y las figuras de cerámica bailan dentro del Templo de Salomón. Un cartel advierte no arrojar objetos a los patos de plástico de la laguna. No es una kermesse, señores. Después de quemar unos cuantos billetes en Sacroa te vas agradecido y pipón, con la certeza de que Dios sigue reinando en La Feliz.

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