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Domingo, 29 de enero de 2012

MúSICA > ALFONSO BARBIERI Y LOS DISCOS QUE SE LE CANTAN

Erótica del Río de la Plata

Artista plástico y cantautor, su obra ganó protagonismo cuando en 2007 una de sus muestras, montada en Córdoba, fue destrozada por un grupo de ultracatólicos. Desde entonces dejó la provincia mediterránea por Buenos Aires y también Los Cocineros, el grupo con el que grabó seis discos durante la pasada década. Y empezó una carrera solista heterogénea y desprejuiciada, que abraza el rock y la canción popular. Su tercer disco, insólitamente titulado Valses eróticos del río de la concha de tu madre, cuenta con invitados de lujo como Adrián Dargelos, Lucas Martí, Palo Pandolfo y hasta Graciela Borges, entre otros, generosos partícipes de la película que filman sus canciones.

 Por Juan Andrade

“Los títulos largos me encantan”, larga Alfonso Barbieri. Y lo dice en serio, aunque sonría como un pillo. “Los tengo siempre antes que la obra. Me gusta poner el título y después hacer las canciones o los cuadros. Me divierte muchísimo.” El de la longitud fraseológica, explica, es un gusto heredado de las tiras de humor gráfico que lo fascinaron desde su infancia. También está emparentado con el “diccionario”, ese juego que consistía en adivinar el significado de ciertas palabras. Y, por último, con su devoción por iconos del surrealismo como Magritte, Breton y Dalí. Veamos: su disco debut se tituló Banda de sonido de una película que nunca se filmó. Diez palabras. El segundo fue “más corto”: Las canciones que se me cantan. Pero fue con el tercero que recuperó la medida original, para llevar su significado definitivamente más lejos. ¿Hasta dónde? Lean: Valses eróticos del río de la concha de tu madre.

“Me han preguntado por la supuesta ‘mala palabra’. Pero queda en un segundo plano, porque la oración tiene algo de poesía. Es totalmente pictórico: una pareja bailando en un bote, en un río y, de fondo, una Gran Concha. Hay que pensarlo como un cuadro, aunque yo no podría pintarlo”, admite alguien que, además de su actual carrera solista y su pasado con el grupo cordobés Los Cocineros, también tiene una trayectoria como artista plástico. El año pasado encabezó una muestra junto a la fotógrafa Lola García Garrido, Animalario, en La Cigale. Ahora está embalado con una nueva serie, a la que llamó Vanitas: un collage realizado con calaveras extraídas de tarjetas postales, calcomanías infantiles y caras recortadas de afiches de quiniela del “año de ñaupa”. Pero fue en contra de su voluntad que su obra ganó protagonismo, cuando a mediados de 2007 una serie de dibujos de su autoría fue destrozada por una patota de militantes ultracatólicos en el Centro Cultural España Córdoba. El caso llegó a los medios nacionales e internacionales y fue nota de tapa de este suplemento. El episodio marcó el fin de sus días en Córdoba y, en simultáneo, su salida de Los Cocineros, para instalarse definitivamente en Buenos Aires y lanzarse de lleno a la aventura solista. Después de Las canciones que se me cantan, entonces, un buen día se le vino a la cabeza el título de su tercer trabajo. Y fue corriendo a contárselo a su mujer, la también cantautora Jimena López Chaplin. Ella reaccionó como si acabara de escuchar un chiste. Y, más tarde, lo ayudó a redondear la idea: es la autora de la foto que ilustra la tapa. “Está buenísimo que la gente se ría: no puedo pedir más. Me imaginaba al locutor de una radio diciendo: ‘Acabamos de escuchar Valses eróticos del río de la concha de tu madre’. ¡Me mata!”, se divierte. “Tampoco es que me río de todo”, aclara. “Hay canciones oscurísimas. Y cosas densas. En el fondo, soy un gran melancólico. Me gustan las canciones de amor, las baladas, el Trío Los Panchos, el Concierto para piano N 2 de Rachmaninov.”

En el disco, de hecho, incluyó una versión de “Amor por ti”, un bolerazo del chileno Marco Aurelio, figura de la nueva ola trasandina de los ‘60. Del mismo modo que en su disco anterior había aparecido “Everytime you go”, aquel hit “lento” de los ‘80, traducido como “Siempre que te vas”, con la voz de Kevin Johansen. ¿Alguien dijo kitsch? “Como dice Almodóvar: ‘Uno no es consciente de que es kitsch’. Si lo fuese, sería una pose. Kitsch, definición académica: el arte del mal gusto. Horrible. ¿Quién decide que algo es de mal gusto? Hay cosas de plástico chinas que me encantan, así como una pintura mural o un Van Gogh”, define.

El tema lo sorprendió con la guardia baja en el marco de una mini-gira de Los Cocineros por las sierras cordobesas, cuando el chofer del micro puso un compacto de Los Angeles Negros que incluía “Amor por ti”. Y lo que sucedió fue una especie de cross a la mandíbula en forma de melodía y con aires de bolero. “No lo podía creer. ¡Era como un Bowie chileno!”, recuerda. Para registrar su propia versión convocó a Adrián Dargelos, de Babasónicos. “Lo tenía que cantar Adrián: era clavado. Un capo, un tipo súper generoso, siempre fui muy admirador de su grupo, de sus canciones y de cómo se ríen del pop desde adentro del pop.”

Además del cantante de Babasónicos, la lista de invitados también incluye a Lucio Mantel, Axel Krygier, Jimena López Chaplin, Lucas Martí, Palo Pandolfo (su “amigo-tío”, con el que compuso y grabó el chamamé “Renacer”) y hasta Graciela Borges (recita un texto de Woody Allen en “Cantautor medieval”). “Me encanta tener invitados en los discos: es como un casting de actores. Es muy halagador que acepten divertirse en este mundo que les planteo, desde el vamos, como un lugar de juego.”

La política de “puertas abiertas” de sus álbumes sirve como indicio de la diversidad de estéticas y géneros que se dan cita en su repertorio de ayer y de hoy. Y, al mismo tiempo, se complementa con su visión sobre la escena de cantautores de la que forma parte. La misma que el periodista Martín Graziano repasa, analiza y describe en Cancionistas del Río de la Plata, en el que el nombre de Barbieri aparece junto al de Pablo Dacal, Tomi Lebrero, Manuel Onis, Pablo Grinjot, Gabo Ferro y Alvy Singer, entre otros. “Abrir la cabeza, abrir el juego: de eso se trata”, dice, a propósito del libro en cuestión. “Yo creo que eso hizo atractivo el proyecto de Los Cocineros, también. Tomar cosas de distintos lados. Y no tener miedos. El rock siempre fue muy prejuicioso. Grandes próceres de nuestro rock han hablado pestes de las músicas populares. Y lo que Martín refleja es eso: gente desprejuiciada para relacionarse con la música popular. Porque ya veníamos con el chip del rock: nuestros viejos tenían vinilos de los Beatles.”

¿Esa afinidad se da por una cuestión generacional?

—Sí, pero también por relajar con respecto a las jerarquías. Con Dacal, Manu Onis y Juan Jacinto formamos Viajantes: todos colaboramos con todos. Hace un tiempo, Pablo hizo un show en La Vaca Profana cantando temas de todos los colegas contemporáneos. Y también están las rondas que se arman en Vuela El Pez, en la que un músico invita a otros para hacer temas de cada uno tocados por todos. Nos cruzamos todo el tiempo, a mí me parece algo muy sano. Hay una hermandad, que a veces puede ser real y otras no: eso se va modificando. No en un mundo ideal, cada uno tiene sus gustos. Sin embargo, noto un respeto. Y eso sí me parece que es muy de nuestra generación. Tiene que ver con la falta de prejuicios. No hay rótulos tipo “rock”, “pop”, “balada”... Hay de todo. Hay canciones y música. Y cada uno se permite cosas. Si bien hay posturas y hay snobismo también, hay algo muy sincero con respecto al generar, al hacer lo que cada uno siente.


Alfonso Barbieri se presenta este domingo a las 21.30 en Vuela El Pez (Córdoba 4379) en una Ronda de Canciones encabezada por María Ezquiaga (Rosal) en la que también participan Franco Luzzi (productor de Valses...), Jimena López Chaplin, Lucio Mantel, Pablo Dacal, Darío Jalfin y otros.

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