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Domingo, 13 de mayo de 2012

FOTOGRAFíA > TONY VALDEZ EN LA FOTOGALERíA DEL SAN MARTíN

Caras extrañas

Emblemático fotoperiodista de los primeros años de Página/12 y Página/30, su trabajo lo puso durante las últimas tres décadas en lugares privilegiados y ante figuras en la plenitud de su talento o su poder. Algunas de esas tomas formaron parte de entrevistas, notas, ensayos fotográficos, pero en los negativos y archivos que en su momento no usó se escondían enfoques distintos y fotogramas reveladores que ahora emergen en 50.Retratos.30. No sólo treinta años de rostros en los que conviven Piazzolla, Pappo, el Carlos Menem futbolista, Isabelita, Alsogaray, Herzog, Pinochet, Bussi, Fujimori y Gorbachov, Pavarotti, Mercedes Sosa, Julio Bocca y Maradona, sino también toda una biografía de su modo de mirar.

 Por Angel Berlanga

“Primero, primero, aclaro que esta retrospectiva no significa que bueno, ya está, me jubilé: para nada, sigo haciendo cosas”, dice Tony Valdez, y un poco se ríe. Tiene 58 años, parece tener diez menos y al fotografiar conserva la dosis de inquietud que tenía cuando empezó, tres décadas atrás, para buscarle la vuelta, para procurar conseguir con sus imágenes algo distinto. Los resultados de esas búsquedas pueden verse en la muestra que montó esta semana en la Fotogalería del Teatro General San Martín: una cincuentena de fotos de personalidades, realizadas desde que arrancó en el oficio, allá por 1982, con sus primeros trabajos para Nueva Presencia, el semanario que en plena dictadura dirigía Herman Schiller. “En general a mí se me asocia con el fotoperiodismo de actualidad, o con los reportajes fotográficos, así que me pareció una buena oportunidad para que se vean estos retratos que nunca mostré o que mostré poco, aunque se trate de un género que me gusta mucho –explica Valdez en su casa de Colegiales–. Creo también que es una excusa para colgar todo esto, que fue quedando fuera de todas las cosas que pude ir mostrando.”

Predominan ampliamente, en la muestra, las caras de personajes muy conocidos de distintos rubros: músicos como Piazzolla, Fito Páez, Horacio Fontova, Dino Saluzzi, Pappo; políticos como el Carlos Menem futbolista, Isabelita, Carrió, Alsogaray; directores de cine de la talla de Herzog, Oliver Stone, Tavernier; Pinochet, Bussi y Aldo Rico en el rubro dinosaurios militares casi extintos; Mitterrand, Fujimori y Gorbachov en el reparto de presidentes extranjeros; Pavarotti y Mercedes Sosa; Rep, Sábat; el Tata Cedrón, Julio Bocca, los Paralamas; Diego Maradona. De cada imagen tiene, Valdez, un recuerdo de contexto, una idea que unas veces concretaba y otras cambiaba por el camino, una historia: el armado de esta muestra también fue un viaje por momentos en los que su propia vida rozó a personalidades históricas. “Revisar el archivo fue como revisar mi vida, de alguna manera –dice–. A cada personaje le corresponde un momento y un significado. Con la de Gorbachov, por ejemplo, me fasciné con que hubiera dos mujeres maquillándolo: era en la época de la glásnost y de la perestroika. El retrato está hecho en los camarines del viejo Canal 9: estaba ahí para el programa de Neustadt y Grondona. Ya había dejado de ser presidente y andaba por América del Sur promocionando las reformas. Por ahí ahora a un pibe de veinte años le puede parecer interesante que un personaje público sea tomado en un ámbito más íntimo, pero no sabe quién es Gorbachov. Bueno, con fotos como ésa, a la distancia, te preguntás ‘¿cómo hice para estar en el camarín con ese tipo?’. Es como si, hoy, accediera al sitio en el que maquillan a Obama. ¿Cómo hice para estar a un metro de Pinochet? Eso es lo que permite el fotoperiodismo: aprendés a moverte para llegar donde querés.”

Esa suerte de inventario fue una de las cosas que descubrió al montar 50.Retratos.30. “Descubrí, también, que uno siempre tiene una mirada –dice–. Lo que cambia, con el paso de los años, es la manera de editar o de ver tus fotos. En los casos de Fito Páez y de Raúl Perrone, por ejemplo, me pasó que fui a revisar los rollos pensando en las imágenes que había editado en su momento y me encontré con otras que hoy me convencen más. Eso tiene que ver con cómo veía antes, inconscientemente, y con cómo veo ahora. Y descubrí algo más –suma Valdez–: la luz es muy importante, pero siempre hay alguna a mano para arreglarse. Cuando le mostré el material por primera vez a Juan Travnik –director de la Fotogalería–, al ver la foto de Tokatlian me dijo ‘¡ah, qué luz tiene esto!’. Y le conté que, en realidad, era un foquito de un pasillo en la redacción anterior de Página/12: no había otra cosa, así que se puso bien cerquita... ¡Y salió!”

“Uno va cambiando todo el tiempo, y me parece que en esta muestra esto se ve –dice Valdez–. La evolución, o la involución: eso tendría que decirlo otro. Pero los cambios están. Inclusive las fotos de Nora Lezano y de Litto Nebbia, que encaré especialmente para la muestra, dan cuenta de eso: están hechas con un iphone. La foto más antigua es la de Alfonsín, de 1983: la hice con una camarita de cajón, de esas de plaza. Claro que también llevé, a esa nota, una cámara con rollo, pero quería probar esta otra, que tiene negativo de papel fotográfico. Dentro del periodismo diario, del periodismo hot, que es de un día para el otro, con el retrato tenés un margen, porque muchas veces es para un reportaje que sale un par de días después, y a veces te da ese margen de libertad.”

Los ojos: Valdez dice que fueron centro de interés en muchos de sus retratos. “Hay una foto de Bussi que puse en varias muestras –cuenta–. Todo el mundo me dice ‘uh, qué miedo ese tipo’. Fue la idea: que cada vez que lo veas, te genere miedo. Estaba en una interpelación que le hacían para que no asumiera en el Congreso. Yo veía, de lejos, que cada tanto miraba a un asesor, como esperando indicaciones, o algo, y la mirada era realmente tenebrosa. Así que fue acercarme, pegarme a él, y esperar que hiciera lo mismo. Esa es una de las que tiene flash furioso: adrede, de escrache.” Cuando fotografió a Herzog pudo poner en práctica una idea que llevaba: “Me ayudó un poco el azar, porque de pronto el tipo fue a un balconcito en el Goethe, y la luz estaba justa, y salió esa mirada como al horizonte, de águila, que era lo que buscaba”, cuenta. En general, explica, aun en el trajín del fotoperiodismo llegaba a las notas con bastante conocimiento del retratado y alguna idea previa. “Incluso con tipos como Paddy Moloney (del grupo irlandés The Chieftains), que cuando lo hice acá era desconocido –recuerda–. Era una nota para Página, con Diego Fischerman. De algo estaba seguro: no quería hacer al tipo con una gaita. De repente los mozos empezaron a sacar los manteles y me acordé de un clásico de ellos, ‘El gran manto negro’, y asocié por la contraria: ‘el gran trapito blanco, chiquito’. El que sostiene la servilleta, detrás de la cabeza, es Fischerman. Al tipo le encantó.”

Con excepción de esa foto, y la de Pavarotti, uno puede pensar en una refutación de la simetría. A veces esto está jugado en un detalle (la ceja derecha de Daniel Melingo alzada en una intriga), otras en la disposición de los retratados con respecto al cuadro, los objetos o materiales que aparecen en las fotos, otras más en el juego de luces y sombras. Dos lados del retratado, dos campos del retrato, pero desparejos: como si el lado A del retratado diera pistas del lado B, y viceversa. En ese tránsito sugerido aparece el movimiento. Un movimiento que escapa al circuito: de lo que realmente se ve a lo que se sugiere, que al ser indefinible carga sobre incidencia en lo que realmente se ve, y ya lo modifica.

Valdez es diseñador gráfico y trabajaba en una agencia de publicidad cuando le acercó su carpetita a Schiller para trabajar en Nueva Presencia, uno de los medios que, como el Herald, se atrevió a dar cuenta de las tareas de la dictadura en pleno Proceso: sus primeras fotos ahí fueron rondas de las Madres en Plaza de Mayo. Trabajó en editorial Abril y también en este diario, y para las agencias Black Star y Rapho. “Sigo colaborando para Rapho, y para Getty, y también publico en distintos medios de Argentina”, apunta. En los últimos tiempos, dice, está experimentando mucho con el iphone; en su página de Facebook, incluso, pueden verse un par de videos que hizo con esta maquinita. “A la cámara que trae, incorporada, se le suma una aplicación que está buenísima, mirá –saca Valdez el aparato, va mostrando–. ¿Ves? Podés cambiar lentes, cada lente da un efecto distinto. Y tiene rollos, también de distinto tipo. Es de muy buena calidad; lo descubrí por Balasz Gardi, un tipo que hizo un laburo en Afganistán alucinante: se pasó todo un día de patrulla con un destacamento de marines con esto, nada más. Estoy muy abierto a las nuevas tecnologías, sobre todo por las posibilidades creativas que dan, y también porque me estimula la relación lúdica que tengo con la profesión.”

Juguetear y experimentar, pues, más que “preocuparse por irse adaptando a lo tecnológico que viene”. “Veo una generación de fotógrafos más preocupados en adaptarse a los avances técnicos que por ver qué pueden lograr con esos avances técnicos”, dice.

Esa cuestión esencial se emparienta con esta otra: no comulgar con la hipotética línea que dividiría a los reporteros gráficos de “los creativos”. “Es medio raro eso, y muy local: no es una disputa que observe en otros países del mundo –dice–. A mí me joroban, entre comillas, muchos amigos y colegas, con eso; si estás dentro del fotoperiodismo, es común que te digan ‘ah, pero vos querés parecer artista’. Y a mí, lo que me interesa, es estar abierto a todo.”

¿Qué música le pondría a la muestra? Valdez duda, dice que es melómano, que escucha un poco de todo. “Y encima es una retrospectiva... Cualquier cosa de Miles Davis, diría, por reflejo. O, más bien, el de ‘Ascensor para el cadalso’, el Miles Davis más afrancesado.”


50.Retratos.30 Retrospectiva de Tony Valdez Fotogalería del Teatro San Martín. Corrientes 1530. Lunes a viernes desde las 12, sábados y domingos desde las 14. Hasta el 17 de junio. Entrada libre y gratuita.

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1. Isabelita Perón, 1994/ 2. Bertrand Tavernier, 1997/ 3. Mijail Gorbachov, 1991/ 4. Raúl Alfonsin, 1985/ 5. Diego Armando Maradona, 1994/ 6. Salman Rushdie, 1993
 
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