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Domingo, 29 de junio de 2003

HALLAZGOS

Después de hora

Nieta de la corrosión política de “Tía Vicenta”. Prima de la desfachatez de “Humor”. Y hermana del absurdo delirante de “Todo por dos pesos”. Sin campaña publicitaria y con un laconismo periodístico sin precedentes, apareció Barcelona, la revista mensual que aporta “soluciones europeas a problemas argentinos”.

Por CLAUDIO ZEIGER
Noticias, noticias y más noticias. Noticias falsas o no tanto. Noticias que quizás un día sean verdaderas. O, quizás, en una realidad paralela, en un mundo más absurdo y feliz, fueron verdad:
El Papa está escribiendo sus memorias,
pero no se acuerda de nada.
Sorprenden a Manu Chao y Naomi Klein a los arrumacos en un Club Med de la
Costa Azul.
Un informe de “Puntodoc” denuncia
que el padre de Pipo Pescador tenía
un auto hermoso.
Antonio Laje abandona a su mujer y se va a vivir con su mucama paraguaya.
El gobierno no está impulsando
una revolución socialista.
Secuestran al hijo de Daniel Hadad y se lo devuelven progresista.
De la Rúa dijo que la convertibilidad
no se toca.
Diego Torres dice que “Color Esperanza”
le tiene “los huevos llenos”.
Seineldín y Gorriarán Merlo juegan
al tenis a beneficio de Santa Fe.
Se inundó el baño de la hija
de Reutemann en Mónaco.
El mapa del genoma humano
sería igual al recorrido del 343.
Y podría seguirse con una larga lista de grandes primicias.
Como en un diario serio, las noticias se dan en un tono entre objetivo y lacónico, tan neutro, tan parco, que la realidad empieza a resquebrajarse de absurda, precisamente porque los peores disparates pueden decirse sin despeinarse. Ahí, en poner al desnudo la distancia, la objetividad y otros mitos del periodismo moderno, está la gracia. Y también, en lo bien escritas y “medidas” que dan las noticias. No cambian el registro, no se traicionan por terminar con un remate fácil. Uno puede imaginarse a una redacción febril cubriendo todas las áreas –política, deportes, espectáculos y cultura– de una realidad virtual. ¿Es la parodia de un diario serio? Títulos híper informativos, bajadas correctas, secciones breves. La tipografía y formato ¿no recuerdan a los del muy serio diario El País de Madrid? ¿O serán los de La Maga, aquella revista de cultura que parecía El País de Madrid?
Si se quiere rastrear la pista, lo mejor es leer quiénes integran el staff. Resulta que muchos de los periodistas que conforman el equipo de Barcelona, empezando por sus directores –Ingrid Beck, Mariano Lucano y Pablo Marchetti– y los editores Daniel Riera y Fernando Sánchez (en realidad, el staff también termina derrapando: la Tigresa Acuña es la jefa de personal y Nina Juárez lidera el departamento de seguridad), se conocieron en la redacción de La Maga. Luego los directores coincidieron en la revista de rock La García, que cerró en diciembre de 2001, en pleno furor de la crisis. Después de tanto infortunio, parece que llegó la hora de la revancha: los periodistas hacen humor. Y si bien se preocupan por aclarar que no son humoristas ni quieren serlo, el efecto humorístico de Barcelona es inevitable. Más bien, es demoledor: sumamente adictiva, lleva a la necesidad de leerla en voz alta y compartirla con otras personas.
Barcelona recuerda un poco a la revista Humor y otro poco a “Todo por dos pesos”: humor político por un lado, altas dosis de disparate por el otro. Y también algo de falsedad documental, como aquella producción para TV de Carlos Sorín, La era del ñandú. Ese borde trucado entre ficción y realidad de la revista que lleva dos números en los quioscos (esta semana sale la tercera entrega) ya se cobró al menos una víctima famosa: en “Caiga Quien Caiga” “cayeron”. Dieron al aire una noticia de ésas a las que luego les imprimen un subrayado irónico: un miembro argentino de la Real Academia Española de la Lengua había logrado la incorporación de la palabra “pete”. Resultó que la noticia dada por Barcelona circuló por mail y luego fue “levantada” por “CQC”. Claro: habrán pensado que estaba sacada de El País. Y hasta los lectores de la propia revista quizás hayan sufrido un efecto parecido cuando en el número 2 se encontraron con una publicidad a toda página en la que un joven Carlos Alberto Reutemann afirma: “Cuando estoy compitiendo, mi campo está seguro con Diluvio”. Y estamos en condiciones de afirmarlo: no es noticia trucha ni photoshop sino un aviso de alambres para el agro que salió en la revista El Gráfico en 1977. Pablo Marchetti agrega otros ejemplos más subterráneos que habrían inspirado a Barcelona: una revista de periodismo terrorista, Enemigo Público y un programa radial antiecologista, “Quemen los bosques”. De la Humor rescata en especial un suplemento de los últimos tiempos de la revista titulado El Amarillo y hecho a imitación de un periódico sensacionalista, y el humor de Tía Vicenta. De La Maga, centro de reunión del grupo, admite que en un punto “nos quemó la cabeza. Esto es un poco una reacción contra esa cosa sabato-serratiana de La Maga”.
“Si bien la intención central es dar opinión y meterse mucho con la política, tampoco se trata de dar la imagen de que no hacemos humor”, dice Ingrid Beck. “En todo caso se trata de un humor hecho por periodistas. Yo no tendría problemas en escribir en serio en un medio porque soy periodista y esto está hecho en serio. La idea era tener una trinchera y ésta fue la manera elegida.”
“Hay otra intención que es narrativa”, cree Marchetti. “Nos preocupamos porque la revista esté bien escrita, que se creen personajes y noticias que se vayan siguiendo. Es como si fuera el diario de una novela, desde adentro de una ficción. Pero para afuera también hay efectos de un fanzine, algo escrito desde un lugar outsider. Sabemos que llamó la atención el hecho de que, al leerlo, el lector siente que esto no tiene ninguna clase de filtro.”
La salida de Barcelona habrá tomado a muchos por sorpresa pero lo cierto es que la tirada agotó unos cuatro mil ejemplares y sus hacedores la están peleando para poder aumentarla, ya que es evidente que el campo está fértil. Si bien el periodismo es uno de los blancos móviles de la revista, no han caído (aprovechando sus dilatadas trayectorias en claustrofóbicas redacciones) en los chistes internos del ghetto, salvo algunos bocados deliciosos. Por lo demás, es una revista para todo público llena de pequeñas grandes noticias. ¿Sabían, por ejemplo, que un taxista fue despedido de su sindicato por escuchar a Aliverti? ¿Y que los cocaleros bolivianos están indignados porque Evo Morales toma éxtasis? ¿Y que López Murphy tiene un hijo morocho y piquetero?

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