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Domingo, 27 de julio de 2003

POLéMICAS

Deconstruyendo a Harry

¿Por qué los chicos se lanzan como desaforados sobre las historias de Harry Potter habiendo otros libros que merecerían por lo menos la misma atención? Es más: ¿por qué los adultos los leen con voracidad? Para la escritora inglesa A. S. Byatt hay más de un motivo: tramas facilonas armadas sobre lo más efectivo de tramas ya probadas, generaciones fiacas sin ninguna relación con el misterio, y hasta una psicología adolescente demasiado ombliguista. Pero el motivo principal, dice, es que los lectores prefieren una celebridad a un héroe de verdad.

Por A. S. Byatt

¿Cuál es el secreto del éxito explosivo e internacional de los libros de Harry Potter? ¿Por qué les gustan a los niños y –un interrogante más complejo– por qué tantos adultos los leen? Creo que parte de la respuesta a la primera pregunta es que están escritos desde la mirada de un niño, con buen ojo para la psicología infantil. ¿Pero cómo respondemos la segunda pregunta? Con seguridad se excluyen mutuamente.
Empecemos por la pregunta fácil. Freud describió lo que llamó “el romance familiar”, en el que el niño, insatisfecho con su hogar y padres ordinarios, inventa un cuento de hadas en el que secretamente es de origen noble, e incluso puede ser distinguido como el héroe que está destinado a salvar el mundo. En los libros de J. K. Rowling, Harry es un hijo huérfano de magos que fueron asesinados tratando de salvarle la vida. Vive, por motivos no del todo bien explicados, con su tía y su tío, los desagradables Dursley, que creo representan su familia “real” y son retratados con implacable, jubiloso y excesivo veneno. Los Dursley son su verdadero enemigo. Cuando llega a la escuela de magia, entra a un mundo donde todos, buenos y malos, reconocen su importancia y tratan de protegerlo o bien de destruirlo.
El romance familiar es una fantasía del período de latencia, y pertenece a esos soñolientos años que van de los 7 a la adolescencia. Se supone que en La Orden del Fénix, Harry, de quince años, ya es un adolescente. Pasa gran parte del libro enojadísimo tanto con sus protectores como con sus hostigadores. Descubre que su padre fallecido (el “real”) no era un mágico y perfecto ejemplo a seguir, sino un pendenciero conocido por su mal carácter. También descubre que su mente está ligada a la del malvado Lord Voldemort, y en consecuencia es responsable en alguna medida de los actos de violencia que su némesis comete.
En términos psicoanalíticos, tras proyectar su ira infantil sobre los caricaturescos Dursley, y reteniendo su inocente bondad, ahora Harry es capaz de desparramar esa ira hacia afuera, poniendo en peligro a sus amigos. ¿Pero eso significa que Harry está creciendo? Realmente, no. La perspectiva sigue siendo la de un niño. No hay perspicacias que reflejen a alguien en el límite de la adultez. La primera cita de Harry con una maga es increíblemente blanda, llena de diálogos propios de un niño de ocho años.
Auden y Tolkien escribieron sobre la habilidad de inventar “mundos secundarios”. El mundo de Rowling es un mundo secundario secundario, inteligentemente armado como un collage de motivos derivados de todo tipo de literatura infantil, desde Roald Dahl hasta La guerra de las galaxias, pasando por Diana Wynne y Susan Cooper. Toni Morrison apuntó que los clichés perduran porque representan verdades. Los clichés narrativos derivativos funcionan con los niños porque son confortablemente fáciles de reconocer e inmediatamente accesibles para la capacidad de fantasear de los chicos.
Lo importante acerca de este mundo secundario en particular es que es simbiótico con el mundo real moderno. La magia, en el mito y los cuentos de hadas, son los contactos con lo no-humano, con árboles y criaturas, con fuerzas invisibles. La mayoría de los escritores de cuentos de hadas odian y temen a las máquinas. Los magos de Rowling las evitan y las reemplazan por la magia, pero su mundo es una caricatura del real, y tiene trenes, hospitales, diarios y deportes competitivos. En los últimos libros, mucho del mal “real” es causado por los columnistas de chismes de los periódicos, que convierten a Harry en una dudosa celebridad, la palabra moderna para definir al héroe elegido. La mayoría del resto del Mal (aparte de Voldemort) es causado por las interferencias burocráticas en los asuntos educativos. En el mundo mágico de Rowling no hay lugar para lo sobrenatural. Escribe para gente cuyas vidas imaginativas están confinadas a los dibujos animados televisivos y a los exagerados (más excitantes, no amenazantes) mundos-espejo de las telenovelas, los realities y los chismes de la farándula. Sus valores, y todo en él, son, como dijo Gatsby sobre su propio mundo cuando la luz se apagó en su sueño, “sólo personal”. Nadie está tratando de salvar o destruir algo más allá de Harry Potter, sus amigos y su familia.
Entonces, la atracción que sienten los niños puede ser explicada por el poderoso trabajo de la fantasía de escape, combinada con el hecho de que los libros son agradables, graciosos y asustan lo justo y suficiente. Tranquilizan los terrores infantiles de la misma manera que Georgette Heyer alguna vez nos tranquilizó contra las verdades de las relaciones entre hombres y mujeres, con sus historias de detectives que domesticaban y barrían bajo la alfombra a la muerte. Estos son buenos libros en su categoría. ¿Pero por qué los adultos, hombres y mujeres, se obsesionan por simpáticas fantasías del período de latencia?
La comodidad, creo, es una de las razones. La lectura infantil continúa siendo fuerte en la mayoría de nosotros. En una reciente encuesta de la BBC sobre “las 100 mejores lecturas”, más de una cuarta parte eran libros infantiles. Nos gusta la regresión. Sé que uno de los motivos por los que leo a Tolkien cuando estoy enferma es que en su mundo hay una falta total de sexualidad, lo que es reconfortante. Pero en el caso de los grandes escritores de literatura infantil del pasado reciente, había una seriedad compensatoria. Había y hay un verdadero sentido del misterio, fuerzas poderosas, criaturas peligrosas en forestas oscuras. El mago adolescente de Susan Cooper descubre sus poderes mágicos y, simultáneamente, que se encuentra en una batalla cósmica entre las fuerzas del bien y del mal. Cada arbusto y cada nube brilla con un valor secreto. Alan Garner puebla paisajes reales con seres élficos malignos que cazan humanos. Al leer autores como éstos, nos sentimos otra vez en contacto con tempranas etapas de nuestra cultura, cuando criaturas inhumanas y sobrenaturales de quienes aprendimos nuestro sentido del bien y del mal habitaban un mundo que no sentíamos que podíamos controlar. Si hacemos una regresión, volvemos a un nivel de significado perdido por el que hacemos duelo. Los magos de Ursula K. Le Guin habitan un mundo antropológicamente coherente donde la magia realmente actúa como una fuerza. El bosque mágico de Rowling no tiene nada en común con estos mundos perdidos. Es pequeño y queda en el terreno de la escuela, y sólo es peligroso porque ella dice que lo es.
En este sentido, se trata de magia para nuestro tiempo. Pienso que Rowling le habla a una generación adulta que no conoció el misterio, ni le interesa. Son habitantes de junglas urbanas, no de lo salvaje real. No poseen la capacidad para distinguir la magia artificial de la verdadera, porque cuando niños llenaron diariamente la artificial con la poca imaginación que tenían.
De la misma manera, muchos de los lectores adultos de Rowling simplemente están regresando al niño que fueron cuando leían los libros de chicos (como los de Billy Bunter) o les aplicaban a los personajes niños (como los de Enid Blyton) todos sus deseos y esperanzas infantiles. Una sorprendente cantidad de gente, incluso muchos estudiantes de literatura, sostienen que no han realmente vivido en un libro desde que eran niños.
Por desgracia, estudiar literatura con frecuencia destruye la vida de los libros. Pero en los días antes de la estupidez y los estudios culturales, tampoco se reseñaba a Enid Blyton o Georgette Heyer, así como no se reseña al gran Terru Pratchett, cuyo ingenio es metafísico, creador de un energético y vivaz mundo secundario, dueño de un genio especial para la parodia fuerte, en oposición a la manipulación derivativa de motivos pasados, un autor que lidia con la muerte con sorprendente originalidad. Un autor que escribe frases fantásticas.
La sustitución de la celebridad por el heroísmo ha alimentado este fenómeno. Y también el efecto nivelador de los estudios culturales, que están tan interesados en la moda y la popularidad como en los méritos literarios, que en realidad no creen que existan. Está bien comparar a las Brönte con violadoras de corsé. Se ha vuelto respetable leer y discutir lo que Roland Barthes llamó “libros consumibles”. No hay nada de malo en todo esto, pero poco tiene que ver con el escalofrío de asombro que sentimos cuando miramos a través de los “bastidores mágicos, que se abren sobre la espuma/ de mares peligrosos, en fantásticas tierras abandonadas” de Keats.

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