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Domingo, 10 de agosto de 2003

FOTOGRAFíA

Miss 15

La de quince sonriendo a cámara, con la cara del padre guardabosques mirando por sobre su hombro. La amiga de la de quince, cuya ropa anuncia que ya se le salió el indio. El hermanito cuida, infaltable, empinando la copa del olvido. Todos los arquetipos de la fiesta de quince –esa mítica ceremonia social argentina– se dan cita en 15 años, la muestra del fotógrafo Pablo Mehanna.

Por María Moreno

Entre las fiestas de quince de los años ‘50 y las del 2000 hay un hiato: lo que se festejaba bailando el vals con el padre y los compañeros –a una distancia a prueba de erecciones– se disolvió en una cultura teenager que el Dr. Spook propuso sacar a la calle. Pregunta del crítico cultural a la violeta: ¿volvió la fiesta de quince o ahora –con la cámara de video como un pariente más– las fiestas de quince se registran como nunca? Florencia Blanco las fotografía con mirada salteña. En Much Music hay chicos que cumplen quince años para millones antes de sumergirse en el anonimato. Y Pablo Mehanna expone su serie 15 años en la torre de los Ingleses.
Con su nueva iconografía (un cuento de hadas pasado por los ademanes del casting y un off de encamadas con el novio en la mismísima casa de los padres, más los regurgitos de cerveza con los fieritas del quiosco), el apogeo de la fiesta de quince es síntoma, sí, pero ¿de qué? Tal vez de que la llamada “fiesta menemista” (mersadas neoárabes y tren fantasma quirúrgico), sintetizada en la fórmula pizza con champagne, debe ser reemplazada por otra: una fiesta que, en vez de festejar el capital de impunidad y privatización, celebre la pura potencia, un voto al futuro donde en principio no hay prontuario ni escrache a la vista y cuya síntesis podría ser –a tono con la era Kirchner– fresita y Nación. El Presidente, ya como debutante, se cargó a diecinueve de la cúpula militar, se vació los bolsillos en Santa Fe, le arrancó sonrisas derretidas a Hebe de Bonafini y prepoteó –con ese tono gritón como de hablar en medio de la paja brava patagónica– a los empresarios españoles. La república –esa gorda que en la iconografía liberal dirige al pueblo en camisón y tiene unas tetas enormes que parecen desmentir que haya desnutrición en la Argentina– hoy está representada por la de quince: todavía no hay mácula, como dice el I Ching; su presente es un sucesión de actos justos; sus estrategias a largo plazo despiertan dudas pero hoy despabila nihilistas y hace batir palmas aun a los vecinos fascistoides, porque todavía no la vieron dejar forritos en el zaguán ni entrar en el adulterio antes de usar anillo.
¿No será una sobreinterpretación? Ya sé que se murió Mauricio Abadi y que Oscar Landi era prudente con esas mitologías a lo Barthes pasadas por las críticas de Leo Salas. ¿Y qué? Estamos en el país de los psicólogos. El auge de las fiestas de quince es ya una interpretación en acto. Como lo fue el culto meteórico por Soledad cuando ya se creía que el poncho era un argumento más en las historietas de Inodoro Pereyra. ¿Acaso en el culto a La Pastorutti no está la memoria subterránea del sacrificio de las virgos María Soledad Rosas, suicidada contra la sociedad globalizante, y María Soledad Morales, asesinada en una orgía con caudillos?
15 años, la muestra de fotografías de Pablo Mehanna, le fue a traficar su simbología peruca a la torre de los Ingleses. Imágenes: la de quince sonríe a cámara, una copa de alcohol legal en la mano, y sobre su hombro, como el ectoplasma que se desprende del de la médium en las fotos promocionadas por el doctor en parapsicología René Sudre, la cara enculada del padre guardabosques. La de quince: re-alegórica, en la plataforma de lanzamiento de una banqueta de cocina. La amiga de la de quince: también re-alegórica, anunciando desde la ropa que ya se le salió el indio y con un objeto inidentificable a la altura de los genitales (¿el feto con que los republicanos promocionan el No al aborto? ¿Un espermatozoide?). El hermanito cuida: gran personaje injustamente olvidado que descollaba en las películas de la Argentina Sono Film, y que empina la copa del olvido iluminado por el spot que profetiza la falsa escuadra posterior.
Toda fiesta porta en sí restos de las anteriores. Por eso, aunque no se vean ni pizza ni champagne, esa bacanal en versión República de los Niños expone al prepúber que esperó toda la noche y por fin puede manotear algo de la rubia recién hormonada, el volcado por haber probado el contenido yel gas de todas las copas (obsérvese el pescadito de la quinta de Olivos de la época de Menem, ahora en prisión domiciliaria), la reina que ya saca el labio en provocación zulemayomezca avanzando un futuro de chica de Sofovich. Fotos hechas con la impronta amateur, es decir: bien a la manera del objeto. Tautológicamente a la altura de una Kodak Fiesta, no armadas ni intervenidas. Por suerte –a excepción de la de la gordita detrás de la cual se lee Easy–, sin chistecitos internos con la historieta, la publicidad, ni el kitsch. Tampoco con las vulgatas posmo de la ironía (qué vivo que soy yo, qué aparatos ellas) o la resignificación (antes era una porquería, ahora es una cita: ¿no te diste cuenta, chabón?). Por suerte, también, ambiguas: porque de la de quince se puede decir lo que López Murphy de Kirchner: que no se sabe adónde va.

15 años de Pablo Mehanna. En el Fotoespacio del Retiro, sala 2 de la Torre Monumental Plaza Fuerza Aérea Argentina. De lunes a domingo y de 11 a 17, gratis. Hasta el 5 de septiembre.

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