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Domingo, 15 de septiembre de 2013

ENTREVISTA > ANDREW BUJALSKI Y SU NUEVA PELíCULA, COMPUTER CHESS, EN EL SUNDANCE CHANNEL

Me puedo programar

Después de tres películas en tono intimista y generacional –es uno de los referentes del mumblecore, ese subgénero que retrata a los jóvenes nacidos en los años ’80–, el brillante Andrew Bujalski se desmarca con su film más raro: Computer Chess, la crónica de una convención de programadores de ajedrez por computadora en 1980, filmada con una cámara de video de la época en que transcurre, en blanco y negro y manteniendo el tono minimalista. Se podrá ver por primera vez en Argentina en el Sundance Channel, la señal de cable especializada en cine independiente que debuta en Latinoamérica este martes, a través de DirecTV.

 Por Mariano Kairuz

“Siempre me gustó el ajedrez, pero soy un pésimo jugador”, aclara Andrew Bujalski en conversación telefónica con Radar días antes del estreno de Computer Chess, su cuarta película como director. Ambientada a lo largo de unos pocos días en el ámbito casi único de una convención de “ajedrez de computadora”, Computer Chess obtiene de un relato mínimamente argumental sobre esta particular disciplina una serie de retratos muy específicos sobre una época, un tipo de personaje (un tipo de nerd), un microuniverso entero con inevitable resonancia en nuestra actualidad de tecnología-digital-por-todos-lados.

Todo el asunto transcurre en poco más que un fin de semana en 1980, en un hotel de un pueblito no identificado (podría ser en Texas, estado donde reside el bostoniano Bujalski), en los albores públicos de este tipo de software. Grabada con una cámara de video de la época, la película empieza mirando con cierta distancia a sus protagonistas, los participantes de la convención, entre quienes abundan los bigotones, las patillas y los cuellos anchos de la década previa, y que por momentos parecen unos psicópatas enfrascados en una carrera que parece inconducente pero que, no hace falta pensarlo mucho, es apenas el germen, la versión casi paleolítica de la manera en que la tecnología permea nuestras vidas cotidianas hoy, con toda esa luminosa sofisticación que a veces pasa por inteligencia artificial. Como resultado de estas elecciones estéticas y narrativas (el video en blanco y negro) Computer Chess adopta un tono casi documental durante buena parte de su extensión; pero de pronto, un par de escenas abandonan totalmente ese registro cobrando una potencia inusitada. En una, un relato epifánico en flash-back, uno de los participantes de la convención recuerda aquella vez en que ese armatoste, ese pedazo básico de código y memoria trabajosa que era una PC a fines de los ’70, le hizo frente a su usuario con una serie de preguntas sobre el alma humana y el amor: es entonces que la película toca, con más humor sutil que pretensiones academicistas, el fondo “existencialista” de su retrato de la relación entre el hombre y la máquina.

Computer Chess se filmó en 2012 y se estrenó en febrero pasado en el Festival de Sundance (de donde se llevó el premio Alfred Sloan) y en el de Berlín. Acá no pudo verse en festivales, ni en salas comerciales ni está aún en DVD: su estreno local –un reencuentro con Bujalski, a quien el público porteño pudo conocer a través de los festivales de Buenos Aires y Mar del Plata, y el estreno comercial del primero de sus films, Funny Ha Ha– tendrá lugar pasado mañana, martes 17 de septiembre, a las 22, como parte del lanzamiento de la señal especializada en cine independiente Sundance Cha-nnel en DirecTV, que ocurre simultáneamente en varios países latinoamericanos (Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), y que dio pie a la entrevista del director con Radar.

GRACIA, CEREBRO Y DAVID LYNCH

Apenas un par de meses atrás, la reseña en The Village Voice calificó a Computer Chess como la película independiente americana “más graciosa, sesuda y juguetonamente excéntrica en lo que va del año; una comedia perspicazmente avant garde”, que “lanza preguntas existenciales y conductivas no resueltas acerca de la curiosa obsesión de la humanidad con la inteligencia artificial y la automatización”. Los elogios y consideraciones vertidos por la crítica norteamericana general pueden sonar un poco pretenciosos y rimbombantes para lo que es, en la superficie, un ejercicio de estilo sobre una reunión de geeks, pero lo cierto es que hay bastante más alrededor de estos “aparatos” que juegan y se excitan con aparatos. En los pasillos, las habitaciones y los otros salones del hotel en el que se desarrolla la convención, encontramos un abanico de personajes, digamos, colorido. Hay por un lado, un grupo new age que realiza actividades físicas y espirituales del tipo de “recrear la experiencia del nacimiento”. Por otro, un programador que llegó a la convención sin molestarse siquiera en reservar una habitación (o sin poder pagarla) da vueltas por todo el edificio y las habitaciones de otros participantes en busca de un lugar donde dormir, y encontrándose a su paso, en un detalle más bien bizarro y davidlyncheano del relato, con montones de gatos callejeros. Hay un hombre misterioso, muy propenso a compartir sus ideas paranoides acerca de los usos que la inteligencia artificial tendrá en el futuro, de quien nunca terminamos de saber si es un dealer, un agente encubierto de la CIA o un simple loco. Y hay una pareja madura, que se declara “sexualmente liberada”, que intenta seducir al joven y obsesivo programador Peter (Patrick Riester, componiendo lo más parecido a un protagonista principal que tiene este relato con muchos personajes), para hacer con ellos un trío.

EL TABLERO DEL SUBCONSCIENTE

“Me avergüenza un poco –dice Bujalski– que la gente me pregunte una y otra vez cuál es el origen de Computer Chess, y yo no sepa qué decir. Creo que viene de mi subconsciente, pero ni siquiera puedo precisar qué cosas le dieron forma. Por supuesto que el ajedrez es un juego que está saturado de metáfora, sobre juegos de poder, posiciones sociales. Pero hay además un libro de los ’80 sobre trivia ajedrecística, que encontré en una feria de libros itinerante de Nueva Inglaterra; no puedo explicar por qué soy el tipo de persona que ve un libro viejo de ajedrez a dos dólares y decide comprarlo; pero sí recuerdo que tenía una sección sobre ajedrez de computadora y que una de las preguntas era: ¿Dónde se llevó a cabo el primer torneo americano de computer chess?, o algo así. No recuerdo la respuesta, como no recuerdo la respuesta de casi ninguna de las preguntas que contiene el libro, sino tan solo que el mero descubrimiento de que existía tal cosa, un torneo de ajedrez de computadora, disparó algo en mi cabeza.”

Bujalski hace algo especialmente raro en su película: pone en escena las imágenes de las proyecciones del tablero de ajedrez, las “movidas” en la pantalla de la computadora; un material que en principio cualquiera juzgaría tan estéril en términos cinematográficos –por la falta de movimiento, por sus procedimientos dramáticos nulos o, en el mejor de los casos, difíciles de seguir– que es sorprendente que la película siquiera funcione. Pero funciona. En una frecuencia de onda que no existe en el mainstream hollywoodense, por supuesto. “Me gusta mucho esa sensación –explica el director–, que creo que se vuelve muy prominente en Computer Chess, pero que me entusiasmó desde siempre: usar la desorientación de manera productiva. Una de mis sensaciones favoritas cuando veo una película o en la transmisión de un juego deportivo es la de estar siempre medio paso atrás, intentando entender en qué lugar de la narración o del partido estoy, e intentando adelantarme. Cierto grado de desorientación me resulta muy divertido como espectador.”

Y los que crean que se trata de una locura críptica, bueno: bienvenidos al universo de Bujalski y del movimiento independiente nacido hace alrededor de una década, conocido como mumblecore. Las películas de este movimiento –films de presupuesto casi nulo de directores como Mark y Jay Duplass, Lynn Shelton, Joe Swanberg o Lena Dunham, que antes de crear la serie de culto Girls escribió y dirigió Tiny Furniture, que también podrá verse este mes inaugural del Sundance Channel– no son exactamente crípticas, sino generacionales, y por lo tanto pueden dejar afuera a quienes ya hayan abandonado los veintipico de sus protagonistas hace rato.

“Cualquier intento de describir las películas de Bujalski –escribió el crítico Scott Foundas hace unos años, cuando el director estrenaba su tercera película– corre el riesgo de hacerlas parecer como otras mil películas que, motivadas por un genuino impulso artístico o un grosero instinto de marketing, han tratado de describir las tribulaciones de los jóvenes de veintipico que intentan hacer pie en el extraño y a menudo restrictivo mundo de la adultez. Con la excepción de Antes del amanecer, de Richard Linklater, Kicking and Screaming, de Noah Baumbach, y unas pocas, selectas otras, cambiaría estas mil por Funny Ha Ha y Mutual Appreciation, las dos primeras de Andrew Bujalski.” La primera era “la historia de una joven des-comprometida –interpretada por la radiante actriz no-profesional Kate Dollenmayer– que pasa sus días entre horribles trabajos temporales y relaciones amorosas mal predestinadas. La película era sorprendente desde el principio, tanto por sus planos filmados en un granulosa película de 16mm saturada de color, como por su oído para captar las cadencias de las conversaciones de la vida real de toda una generación: ese mumble (“murmullo”) indeciso y algo deforme en el que se comunica (o se incomunica) tanta gente que no sabe muy bien qué hacer con su existencia. Cuando recibió el premio de los Independent Spirit Wards en la categoría Somewhere To Watch (para “jóvenes promesas”), Bujalski agradeció a los miembros del comité de selección por permitirle dejar su trabajo como maestro suplente y ponerse a trabajar en una nueva película. El resultado de esta libertad fue Mutual Appreciation, la mejor película de Bujalski hasta la fecha –y la que lo trajo al director hasta el festival de Mar del Plata siete años atrás–. Aquélla, realizada en 2003 pero estrenada varios años después, como la siguiente, Beeswax (2009), estaba hecha en fílmico, un soporte que Bujalski se resistía a abandonar a pesar del avance del digital y las oportunidades que este sistema más barato ofrecería a los ultraindependientes como él (su predilección fundamentalista por el fílmico lo llevó, ha dicho, a perderse algunas películas clave de algunos de sus director favoritos, Eric Rohmer, por ejemplo, por no encontrarla disponible entre las programaciones de los cineclubes en los que se formó). Esto es, hasta Computer Chess, que está, como se dijo antes, grabada en video analógico de su época, algo que en el mismo 1980 habría sido inadmisible en el mundo del cine (nadie lo habría considerado una “película”) y hoy queda como un gesto interesante, pero también perfectamente sensato, que trasciende el experimento, porque, dice el director, “toda película debería encontrar la manera de entretejer forma y contenido, no importa de qué trate”. La calidad de imagen que obtuvo su director de fotografía Matthias Grunsky utilizando una vieja Sony AVC 3260 es no solo perfectamente inteligible, sino sugestiva y hasta atmosférica, propiciando ese enrarecimiento que es propio del paso en el tiempo mediado por los avances en tecnología de comunicaciones de las últimas décadas: esa sensación de que el mundo de treinta años atrás no pertenece tan solo a otra época sino directamente a otra galaxia.

HIJO, HIPOTECA, REALIDAD

Habiendo transcurrido cuatro años entre su película anterior, Beeswax, y Computer Chess, Bujalski declaró hace no mucho que, dadas las crecientes dificultades para filmar una película independiente, consideró retirarse del cine. “Creo que es más difícil –le dice a Radar–, pero también recuerdo que hubo una época en la que los que estábamos haciendo estas películas llegamos a tener la fantasía de que algún día nos íbamos a volver ricos haciendo lo que nos gusta.” No es que después de Funny Ha Ha haya conseguido grandes ofertas de los estudios de Hollywood para hacer realidad aquellas fantasías, pero sí escribió algún que otro guión por encargo (para films que finalmente no fueron producidos). Eso, dice, le permitió “tirar” un tiempo. “Eso, y dar clases y charlas. Pero es una lucha, tengo que decir. Ahora tengo 37, un hijo de tres y una hipoteca que pagar, y me he vuelto más realista. No es nada fácil encontrar la manera de ganarse la vida haciendo el cine que a uno le gusta.”

Computer Chess se estrena en Sundance Channel (DirecTV) el martes 17 a las 22, con repeticiones el miércoles 18 a las 13.20, y el domingo 22 a las 8.25 de la mañana.

DOS IMAGENES DE COMPUTER CHESS.

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EL DIRECTOR DE COMPUTER CHESS, ANDREW BUJALSKI.
 
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