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Domingo, 15 de septiembre de 2013

Escenas con lapachos y libros en flor

 Por Angel Berlanga

“¿En qué se inspiró para escribir Paraísos?” “¿Te gusta ser escritor?” “Con respecto al uso del lenguaje vulgar...” Iosi Havilio charla con un grupo de chicos de la Escuela Che Guevara, en el borde de Resistencia, oye las preguntas sobre algunos de los textos que escribió. La bienvenida está cargada de afecto, está escrita explícitamente en unos pizarrones, en las facturas caseras que le ofrecen, en las fotos y fotos que se toman. Havilio les desmitifica la inspiración, bromea con lo de las malas palabras y avanza en cuanto a que lo jodido es repetir como loros lo que otros dicen, cuenta de una infancia cargada de peleas con los padres, del origen de su primer libro, Open Door. “¿Sabés los días que van a seguir hablando de esto?”, le dice al despedirlo Graciela, una de las profesoras.

O se podría empezar a contar del Foro de la Lectura en el Chaco (que se llevó a cabo en la ciudad de Resistencia la semana pasada) por otra escena, por caso la de la apertura oficial, con Mempo Giardinelli vestido de blanco, ante unas 1800 personas, profesoras, maestras y bibliotecarias llegadas desde muchos puntos del país, con el ministro de Educación, Alberto Sileoni, y el gobernador Jorge Capitanich en primera fila, en un Centro de Convenciones nuevito y repleto. El Foro lleva 18 ediciones y es un clásico. Giardinelli se larga: reconoce la inédita política de distribución de millones de libros en escuelas y bibliotecas, señala el “errático funcionamiento” del Consejo Nacional de Lectura e insta al Estado a convocar a los ministros de Educación y Cultura para “pensar un gran Plan Unasur de Lectura, que asegure el flujo de buenos textos que crucen todas las fronteras del continente”.

“Yo no hago nada”, exagera, en el mismo discurso: es un modo de reconocer el trabajo de Natalia Porta López, su mujer, directora de la Fundación Mempo Giardinelli y coordinadora académica. La organización general corre por su cuenta: se dice fácil, pero basta con asomarse al entramado del Foro. Llegaron hasta Resistencia unos 40 disertantes: caso extremo el de Luisa Chang, arribada desde la Universidad de Taiwán tras día y medio de viaje. Hay, durante el Foro, seis mesas de debate: “¿Qué y cómo leen los más chicos?”; “El derecho a la poesía, la belleza y la intensidad”; “Estrategias para una educación lectora”. Llueven las preguntas del público (se inquiere incluso sobre la situación sentimental de varios disertantes). Las concurrencias rondan las 1500 personas. A Porta López la secunda Adela Rattner Fracchia y, luego, un equipo de 184 voluntarios. Hay 20 talleres y mesas de diálogo esparcidos por la ciudad, la mayoría a cupo completo. Hay 20 escritores que visitan 31 escuelas y hablan de las experiencias de leer, escribir, imaginar, contar: la literatura.

Y hay un caudal de momentos notables. María Teresa Andruetto abre con una conferencia que pulveriza, década por década, un lugar común: “Antes se leía más que ahora”. A media luz, en la tertulia de poesía, el andaluz Luis García Montero y la ítalo-brasileña Marina Colasanti conmueven con qué y cómo recitan. Mariano Quirós cuenta de un cronista que asiste a los juicios de Margarita Belén y Mariana Enriquez arranca con un cuento inédito protagonizado por una chica a la que el novio le quemó la cara, una chica que pide en el subte. Antonio Santa Ana intuye que las próximas bibliotecas serán, inevitablemente, digitales, y que los gobiernos las distribuirán por las escuelas en ese formato. Tito Cossa y Eric Nepomuceno analizan la actualidad de la prensa de cara a la difusión de la literatura. Leopoldo Brizuela cierra con una conferencia que surge de una pregunta recurrente que le hacen: “¿Por qué leés a las mujeres?”. Discriminación como punto de partida, anclada en las competencias varoniles de la infancia.

En los espacios más informales e impensados, una caminata, una comida, una espera, brotan las historias. Brizuela y García Montero charlan de Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, sus amores y sus años en la Argentina. Orlando Van Bredam semblantea la vida del Gigante González: vecinos en El Colorado, Formosa. Ondajkti relata la historia de un jugador de fútbol angoleño que asistía a sus compañeros con maestría pero evitaba hacer goles, hasta que en una definición por penales se vio en la encrucijada de tener que patear el decisivo.

“Dar de leer”, dice Giardinelli en su discurso de apertura, y “la lectura y la educación siempre van de la mano”. Lapachos florecidos en Resistencia: el Foro es un punto de confluencia que luego expande, desparrama el viento las semillas que lleva cada asistente. Idas y vueltas: entre la soledad del que escribe y del que lee, y los encuentros masivos, y los que buscan entusiasmar, unos con rebeldías, otros con prédicas. Entre el arte y la pedagogía, el oficio, los libros y las historias. Escenas narradas en presente con el latido de preservar unas sensaciones. Experiencia inolvidable, anota Brizuela. Una maravilla, dice Antonio Santa Ana. Todo eso. Quiero estar ahí el año que viene, dicen unos cuantos.

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