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Domingo, 29 de diciembre de 2013

CORAZON SALVAJE

Música La banda del momento está formada por cuatro chicas que aman a Salinger, a Céline, The Slits, Joy Division, P. J. Harvey y The Birthday Party y que, en su intensa juventud, dicen que nunca escribirán canciones de amor, piden que apaguen los celulares en los shows y garabatean manifiestos. Se llaman Savages, tienen un disco poderoso, Silence Yourself, y se quieren comer el mundo. En marzo del año que viene, el cuarteto pospunk viene al Lollapalooza. Atención: hay que buscarlas entre la enorme oferta del festival, son imperdibles.

 Por Micaela Ortelli

El despegue de Savages fue vertiginoso. En enero se cumplen apenas dos años de su presentación en sociedad, cuando telonearon a British Sea Power en Brighton, Inglaterra. Cuentan los blogueros que el show fue sensacional: rock descarnado, performance aplastante, una verdadera bomba. Al día siguiente Google no dio muchos resultados al respecto; las ardientes desconocidas –son cuatro londinenses– ni siquiera tenían cuenta en Soundcloud. Es que ellas también supieron recién entonces –después del vivo– que habían formado tremenda banda. Poco después empezó a circular un video en YouTube: la filmación en blanco y negro de una noche que tocaron para Pop Noire, el pequeño sello que montó la cantante; Jehnny Beth –nacida Camille, en Francia–, y su chico, con quien antes tenía un dúo. Decir que las tomas y la edición –y el monocromo, claro– se planearon para evocar, por ejemplo, una escena de Control, la película de Anton Corbijn sobre la vida de Ian Curtis, no cambia nada, sería como cuestionar Instagram. Fue el sonido lo que deslumbró a tantos como irritó, porque aun los periodistas más eruditos regaron con su escepticismo el fenómeno, que terminó de configurarse en mayo de este año cuando apareció el disco debut, Silence Yourself.

The Birthday Party, The Pop Group, Magazine son algunas de las bandas de fines de los ’70, principios de los ’80 (lo que sería el pospunk) que se mencionan para decir que Savages es genial o una copia innecesaria. Pero hay que tener oído o edad suficiente para remontarse a aquel primer sacado Nick Cave al escuchar Savages, que es más pulcra, entera, más acercable a Joy Division, incluso por su presencia: todos prolijamente vestidos, los músicos serios, perdidos en su ruido, y un frontman cautivante, vivo y abstraído como un gato. (Como ellos eran masculinos sin ser machotes, ellas son femeninas sin ser afeminadas.) En todo caso habría que buscarles un equivalente femenino, como The Slits; el increíble alarido de Beth –su aire a la joven Sinéad O’Connor que excede el cabello corto– ocupa tanto espacio y atención que destempla escuchar cantar a un hombre después. Siouxsie Sioux, de la banda –también pospunk– Siouxsie and the Banshees, es una referencia fácil y acertada, o PJ Harvey, compatriota más contemporánea. Todo depende de los recuerdos que se tenga de una y otra, porque también saca de clima escuchar la versión suavizada de ambas. Savages, que al acusar influencia cita tanto a Black Sabbath como a Queens of the Stone Age, por lo pronto quiere romper todo. Con la formación más clásica de todas –voz, guitarra, bajo y batería– logran un sonido implacable y técnicamente perfecto. Y sí, no lo inventaron –lo saben, lo dicen, es obvio–, y puede que a los que escucharon pospunk y todo lo demás –grunge sobre todo– en su momento no les mueva un pelo, lo que no quita que una buena banda de rock –la que a cualquier chica le gustaría tener– nunca esté de más.

La idea de formar Savages fue de Gemma Thompson, la guitarrista, que instrumentalmente sería la reina de la manada si no fuera porque la línea rítmica a cargo de Ayse Hassan y Fay Milton por momentos se roba todo el interés y el movimiento. Las cuatro son muy buenas, muy personales; cada una por separado podría rescatar a una banda del mediopelismo. Juntas, bueno, en menos de dos años ya están tocando en todo el mundo (ahí perdidas entre todo lo que no es Arcade Fire aparecen en el lineup del Lollapalooza). Sin samplers ni programaciones, ¡una banda ultra nueva que no nació detrás de una computadora!, naturaleza pura.

Un salvajismo que no carece de orden, sin embargo, si hasta –en otro gesto punk– redactaron sus propios manifiestos; en uno dicen: “Savages es una voz de autoafirmación, para lograr una experiencia distinta de nuestras amigas, esposos, trabajos, sexualidad y el lugar que ocupa la música en nuestras vidas. Las canciones de Savages intentan recordarnos que los seres humanos no hemos evolucionado tanto, que la música todavía puede ser directa, efectiva y emocionante”. La clave, además de apagar los celulares –así piden en los shows–, es no sobrecargar, trabajar hasta dejar sólo lo indispensable, como hacía el escritor Céline. Es la técnica de Beth, autora de todas las letras, que no quiere contar historias de amor, y por alguna razón, confiesa, en una banda de chicas se siente libre para escribir sobre cosas “más violentas”. “Esta noche me dieron una paliza y fue lo mejor que me pasó”, canta en “Hit Me”, irónicamente inspirada en un documental que victimiza a una estrella porno que en verdad llora por la intensidad de la escena que acaba de interpretar. También arremeten contra los maridos, en una referencia a Cassavetes (“Husbands”), las mujeres demasiado civilizadas (“City’s Full”), la falsedad (“No Face”). Silence Yourself mantiene la tensión hasta el último tema, “Marshall Dear”, donde sorpresivamente, y abriendo la puerta al próximo capítulo quizá, aparecen un piano y un saxo. La letra mantiene la línea, sin embargo: “Marshall, querido, ojalá estés dando el último aliento y mueras pronto”.

Es algo muy punk, muy joven, eternamente actual, renegar contra lo establecido, separarse de eso, proponerse como otra cosa. Savages lo hace desde el nombre, otra decisión de la guitarrista, de sus lecturas de Bukowski, Salinger, Golding, y sus dilemas existenciales: “Hay un momento en que entendés lo que pasa y todo tiene sentido. Después te das cuenta de que todos están actuando. Un día iba en el tren pensando que si el mundo se acabara todos recuperaríamos nuestros instintos animales. Y nos imaginé atacándonos unos a otros”, dice. Silence Yourself pide silencio para hacer mucho ruido; demanda atención para hacer su acto de entrada (el primer tema es “Shut Up” y le sigue “I Am Here”). Puede resultar repetido pero suena increíble, y el que se lo pierda pecará de prejuicioso. Y de vinagre.

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