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Domingo, 4 de marzo de 2012

El infierno es una reunión de padres

 Por Roman Polanski

El espíritu de la obra siempre me pareció más norteamericano que francés, y sentí que Brooklyn era el lugar adecuado para que viviera este tipo de familia liberal.

Fue un desafío hacerla en tiempo real. Desde chico disfruté las películas que transcurrían en un único escenario mucho más que las de acción. Me gusta la sensación de proximidad con los protagonistas, que es similar a la sensación que se encuentra en pinturas holandesas como La boda de Arnolfini, de Van Eyck, donde el artista le da al espectador la sensación de estar en la habitación. Ya había hecho películas ambientadas en un espacio cerrado; de hecho, mi primer largometraje, El cuchillo bajo el agua, transcurre en un bote entre sólo tres personas. Pero nunca había hecho una tan rigurosamente autocontenida como Un dios salvaje, así que fue una experiencia nueva.

Yasmina le puso mucha diversión a la obra, que satiriza los valores burgueses convencionales de la corrección política, y muestra la hipocresía de la amabilidad enmascarada detrás de falsas sonrisas. Estos cuatro personajes, que al principio son tan correctos, se van revelando como monstruos cada uno a su manera, listos para saltarles a la yugular a los otros. La obra es una denuncia de esta corrección, y muestra cómo cada uno es capaz de odiar, de volverse egoísta bajo su máscara de respetabilidad. Yo tengo dos hijos, de 18 y 13, y me he encontrado en la misma posición de los protagonistas de la película. Yo sé lo que es recibir un llamado de la escuela o de otros padres y luego tener que tratar de alivianar una situación.

Cuando convocamos a los actores, Jodie Foster fue la primera. Más tarde me encontré con Kate Winslet para discutir el film. Y resultó que compartíamos el mismo agente con Christoph Waltz, quien expresó que quería conocerme. Eso también fue durante mi año “sabático”, durante mi arresto. Todavía estaba escribiendo y me pareció una buena idea. Era más interesante conocerlo a él que encontrarme con el jefe de policía de Berna.

Escribí Un dios salvaje en parte mientras estaba en prisión domiciliaria. Había terminado El escritor oculto, mi película anterior, en la cárcel. Nos habían dispuesto una habitación donde los presos cortaban cebollas para ganar algo de dinero. Allí tenía una computadora, pero sin acceso a Internet. Me enviaban DVDs, yo le pasaba mis anotaciones al abogado, él se las daba a la policía, y la policía se las devolvía al abogado, para que luego se las enviáramos a mi editor. Es un proceso extremadamente lento. Pero para escribir... me han señalado que son condiciones muy particulares para escribir un guión. ¡Son, de hecho, muy buenas condiciones! Hace años, en los estudios de Hollywood, había un lugar llamado Writer’s Block, donde los guionistas tenían que fichar por las mañanas. Hoy yo les sugeriría a algunos guionistas que se hagan arrestar para poder trabajar.

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